"No te preocupes por saber, que el cambio te lo dirá". Un principio de cambio cultural
"No te preocupes por saber, que el cambio te lo dirá". Un principio de cambio cultural
En mayo de 2018, hace ya más de un año, en el artículo “Las encuestas y el proceso de cambio” sostuve que “el problema de la falta de capacidad para poder diagnosticar con certeza a partir de las encuestas, es que estamos en una transición dentro de un proceso de cambio cultural sistémico e integral… y el motivo es que las encuestas no han sido diseñadas para evaluarlo, sino para sondear estructuras sociales estables”.
Por eso saltaron por los aires, en las recientes PASO, todos los diagnósticos, incluidos los del gurú máximo de este culto, el inefable Duran Barba.
Una transición de cambio cultural es el reino de la incertidumbre donde predomina y gobierna lo inesperado y fortuito. Se va perdiendo la certeza y seguridad que da el pasado.
Así todo estará en “suspensión” hasta que se cierre este proceso que va a durar muchos años más.
Lo nuevo y desconocido se hace presente y van cayendo una a una, todas nuestras certezas que han sido aprendidas y creadas a lo largo de nuestro pasado: caen opiniones, teorías, metodologías de análisis, viejas recetas y paradigmas.
Las formas de valorar van cambiando y aunque seguimos tratando de entender lo nuevo con esos pensamientos creados en el pasado y buscamos hacer encajar la realidad en ellos, también empezamos a darnos cuenta que algo nos falta y es el nuevo conocimiento que todavía no tenemos y que está allá en el futuro esperándonos.
Por eso, algunos encuestadores más lúcidos, empiezan a dudar de sus metodologías, y se están animando tímidamente a manifestar que, tal vez, deban incorporar nuevos conceptos y categorías para el análisis: ¡bravo!, porque por allí, empiezan a entender la realidad en que viven.
Otro fenómeno social creciente, en una transición de cambio cultural, es la mayor presencia y contundencia de los “emergentes sociales” que en la sociedad estable no existen. El resultado de las recientes PASO y las multitudinarias movilizaciones del pasado 24A son una prueba.
Son corrientes de opinión que cambian, inestables y en proceso de conformación como fue el resultado de las recientes PASO, junto a la presencia de sectores sociales que van consolidando opiniones muy firmes sobre el pasado y su necesidad de superarlo como el 24A.
Se va clarificando que hay un 35% de la población, que más allá de la crisis económica, está decidida a enfrentar el pasado, junto a un 35% que quiere volver de cualquier manera.
El resto está en “suspensión” yendo de un lado para el otro.
Esta transición además, acentúa la polarización creciente de las estructuras políticas que se van enfrentado cada vez con más fuerza: así una que viene del pasado como el peronismo, que tiene ya más de sesenta años, se tuvo que unir porque separada perdía frente a Macri, siendo que éste representa una nueva fuerza política que solo tiene cuatro años en el gobierno nacional, con el agravante que ya un sector de ese peronismo lo empieza a dejar igual, como es el caso de Miguel Pichetto.
Asimismo se van sincerando las variables que la vieja cultura tenía ocultas y hay una mayor claridad sobre cómo pensamos y actuamos.
Es notable, ver cómo van cayendo, una a una, las caretas y ropajes con que se han vestido muchos personajes de nuestra sociedad mientras era estable y predecible.
En consecuencia, va a ser muy difícil que los “operadores” como Alberto Fernández, que siempre por su función han estado ocultos, subordinados y contenidos dentro de la cultura política y ahora la transición, los ha encumbrado en la cima del poder, puedan sobrevivir.
Son los “profesionales “de la política, donde “los medios justifican el fin” (al revés de Macchiavello).
Lo que los caracteriza es su “versatilidad en materia de valores”, por eso pueden decir una cosa y desdecirse tranquilamente después, ya que su única finalidad es hacer sobrevivir al poder de turno para el que “operan”, porque siempre “han armado la rosca para… ”, en tanto tienen un poder delegado, nunca propio.
Tal vez, como los caracteriza un pragmatismo cerril en tanto falta de valores sólidos salvo el culto al poder, es posible que algunos terminen volcándose al cambio cuando éste los esté por sobrepasar.
No obstante, lo más seguro es que también van a ser tragados por esta transición, como van siendo cuestionadas cada vez más o van cayendo una a una, las viejas estructuras políticas (medio millón de votos en blanco en las PASO, pérdida del radicalismo de poder nacional, etc.) como así también las sindicales, judiciales, empresariales, etc., por estar imposibilitadas para dar respuestas a los nuevos problemas y desafíos que el cambio va poniendo en agenda.
Dentro de este sinceramiento que el cambio va poniendo al descubierto se puede ahora observar con claridad que muchos votantes que criticaban al kirchnerismo, terminaron votándolo y así ellos pudieron ver finalmente lo que realmente son y cómo valoran.
Por otro lado, los de la “ bronca” cuyos votos fueron en parte a Espert, Gómez Centurión o Lavagna, es posible que les entre el temor, al haber sacado de la cueva “al monstruo de las diez cabezas” y lleguen a dudar si el resultado final en octubre sea todo lo bueno que esa bronca les genera .
El voto “vergonzante” que apareció por primera vez masivamente y fue dificultoso de detectar en las encuestas, marca un hito ya que, gente que nunca antes consideraba preocupante la corrupción, ahora sí empieza a ver su apoyo como una inmoralidad y así la llevó a ocultar su conducta: he aquí lo nuevo que el cambio está creando.
Ambas situaciones pueden sin duda modificar el resultado de las próximas elecciones de octubre, en tanto la incertidumbre y lo inesperado son los únicos seguros y ciertos por estar en transición de cambio cultural.
Solo falta esperar para verlo.