Recientemente, alguien me ha preguntado por qué esta columna se denomina “Dar la palabra”. Para responderle, me ha parecido ilustrativo explicar de dónde proviene el vocablo ‘palabra’ y todas las locuciones que pueden formarse utilizando el término.
Recientemente, alguien me ha preguntado por qué esta columna se denomina “Dar la palabra”. Para responderle, me ha parecido ilustrativo explicar de dónde proviene el vocablo ‘palabra’ y todas las locuciones que pueden formarse utilizando el término.
Quienes han asistido a mis clases me han escuchado decir, más de una vez, que las palabras son “viajeras del tiempo”; en este caso, la viajera es, precisamente, la ‘palabra’: se registraba en griego y en latín, como “parábola”, y tenía el valor de “comparación”. Por ello, cuando se quería hacer clara una enseñanza, se recurría a una parábola. A lo largo de su historia, en el término ‘parábola’ se produce una metátesis o inversión del orden silábico y llegamos a nuestra actual ‘palabra’, definida como “unidad lingüística dotada de significado”. Nos sorprende la cantidad de locuciones que se forman con el término, de las cuales veremos algunas:
Buenas palabras: Esta locución, que se usa en plural, nombra aquellas expresiones o promesas corteses, dichas con intención de agradar y convencer, como en Todo se redujo a buenas palabras.
Dos (cuatro) palabras: En plural, esta locución da a entender que lo que se dirá ha de ser una breve manifestación: Te lo resumo en dos palabras.
Medias palabras: Se trata de una insinuación que oculta algo que, por cierta razón, no se dice del todo, sino de manera incompleta y confusa: Tuve que averiguar, detrás de esas medias palabras, su verdadera intención.
Palabra clave: Tenemos dos interpretaciones para esta locución; puede ser una contraseña, necesaria para ingresar a algún sitio encriptado, o bien, una palabra significativa o informativa sobre el contenido de un documento: No recordé la palabra clave para acceder a mi cuenta y El trabajo para el congreso debe ir precedido de cinco palabras clave. Recordamos que, según lo fijado por la norma académica, puede pluralizarse o no el segundo elemento: ‘palabras clave’ y ‘palabras claves’.
Palabra de honor: Esta frase alude a la promesa de hacer algo, como en Te doy mi palabra de honor.
Palabra picante: Se alude a aquel término que hiere o mortifica a la persona a quien se dice: Se fue muy ofendida por sus palabras picantes.
Palabras: Con el término en plural, se hace alusión a un discurso oral o escrito, como en Dijo unas breves palabras de reconocimiento. Otras veces, puede usarse para indicar que el discurso es poco sincero o que carece de contenido: No le haga caso, son nada más que palabras.
Palabras al aire: Esta expresión, usada en plural, hace alusión a aquellos términos que no merecen aprecio, ya porque son insustanciales, ya porque carecen de fundamento: Sus declaraciones fueron palabras al aire.
Palabras de buena crianza: Se hace referencia a expresiones de cortesía o de cumplimiento, como en Era un caballero y lo reflejaba en sus palabras de buena crianza.
Última palabra: Se usa esta expresión para referirse a una decisión que se toma como definitiva. Lo advertimos en Ya no habrá cambios pues ha dado su última palabra.
Beber las palabras de alguien: Se indica que se escucha o atiende a una persona con gran cuidado. Así, en Su admiración se veía en cómo bebía sus palabras.
Dar (alguien) su palabra: Esta locución indica que se promete hacer una cosa, como en Ella me dio su palabra acerca de la ejecución de ese negocio.
Dar la palabra: Equivale a “conceder el uso de la palabra en un debate”. Lo podemos ver en Le dieron la palabra en la asamblea al representante juvenil.
De palabra: Ser ‘de palabra’ es cumplir lo que se promete: Es un hombre cabal, de palabra.
De pocas palabras: Corresponda a la caracterización de una persona parca en el hablar: ¡Cuánto cuesta que Miguel sea explícito, siempre es de pocas palabras!
Dejar a alguien con la palabra en la boca: Si una persona le vuelve la espalda a otra, sin escuchar lo que va a decir, se dirá que lo deja ‘con la palabra en la boca’: No le prestó atención y la dejó con la palabra en la boca.
Faltar a la (su) palabra: Se le aplica a la persona que deja de hacer lo que ha prometido u ofrecido. Lo notamos en ¿Quién le cree a ese candidato si siempre falta a su palabra?
Faltar palabras: Aunque esta locución es similar a la anterior, su significado no es igual, pues se aplica cuando resulta difícil expresar algo, ya por bondad, ya por maldad extrema: Me faltan las palabras para describir su crueldad.
Medir las palabras: Esta locución indica que se debe hablar con cuidado para no decir cosas inconvenientes: Señora, mida sus palabras, por favor.
No decir palabra / No dirigir la palabra a alguien: En estas dos locuciones, hay un común denominador que es el silencio. En la primera, se trata de callar, sin proferir término alguno: Su tristeza era infinita y no decía palabra. En la segunda, en cambio, el silencio tiene un destinatario con el que no hay intercambio verbal, por enojo, por prudencia o por algún otro motivo: Un modo de mostrar mi enojo es que no volví a dirigirle le palabra.
No tener palabra: Al usar esta locución, se alude a que alguien falta a una promesa u obligación contraída: No puedo confiar en él pues ha demostrado no tener palabra.
Remojar la palabra: Se trata de una locución verbal de carácter coloquial, ya que significa “echar un trago”: Descansemos de hablar y remojemos la palabra.
Ser algo palabras mayores: Con esta locución se quiere aludir a algo que tiene una importancia considerable, mayor de lo esperado: Esas empresas nuevas son palabras mayores.
Ser la última palabra del credo: A la inversa de la locución anterior, con esta expresión de tipo coloquial se quiere aludir a que algo carece en absoluto de importancia: De todo lo tratado, ese aspecto es la última palabra del credo.