El brontosauro ha vuelto. Fósiles de dinosaurio originalmente descritos como Brontosaurus excelsus en 1879 y posteriormente renombrados efectivamente deberían clasificarse como brontosauros, según concluye un estudio de decenas de especímenes de dinosaurios.
Esto quizás no les caiga bien a los aficionados a la paleontología, a quienes les encanta señalar que brontosauro no ha sido un nombre taxonómico válido desde principios del siglo XX (solo pregúntele al Servicio Postal de Estados Unidos, ampliamente criticado luego de que lanzara un timbre postal de brontosauro en 1989).
El auge, caída y ahora auge del brontosauro tiene su origen en las “guerras de huesos” de la paleontología del siglo XIX. Mientras algunos exploradores excavaban en el oeste de EEUU en búsqueda de riquezas minerales a mediados o finales del 1800, otros buscaban lagartos gigantes. La carrera entre los paleontólogos Edward Cope y Othniel Marsh definió la era.
“Cope y Marsh eran grandes rivales”, dice Emanuel Tschopp, un paleontólogo de la Universidad Nova, en Lisboa, Portugal, que encabezó el estudio más reciente, publicado en la revista PeerJ.
“Realmente apresuraban la publicación) de nuevas especies en la prensa lo más rápido posible, y muchos de estos especímenes de referencia sobre los que basaban especies nuevas están extremadamente fragmentados y no son directamente comparables”, precisa.
Trabajando en 1877 en la formación Morrison, Colorado, el equipo descubrió los huesos gigantescos de una especie que apodó Apatosaurus ajax; el nombre del género se traduce como lagarto engañoso, y el nombre de la especie hace referencia al héroe griego Ájax. Dos años después, Marsh encontró otro dinosaurio gigante en la misma formación rocosa y lo nombró Brontosaurus excelsus, el noble lagarto trueno.
A principios del 1900, luego de descubrir un fósil parecido al brontosauro y al apatosauro, otros investigadores decidieron que los dinosaurios eran especies distintas del mismo género. Estudios subsecuentes sólo generaron más dudas sobre el status del brontosauro.
Los paleontólogos eventualmente coincidieron en que el brontosauro debía llamarse propiamente apatosauro, bajo las reglas taxonómicas redactadas por Carlos Linneo, un taxónomo sueco del siglo XVIII, que siguen usándose hasta la fecha. Las reglas señalan que el primer nombre dado a un animal tiene prioridad. Por tanto, los huesos atribuidos al Brontosaurus excelsus pertenecían al Apatosaurus excelsus.
Trazando un árbol genealógico
Tschopp no se había propuesto resucitar al brontosauro cuando empezó a analizar distintos especímenes de diplodócidos, el grupo al que pertenecen el apatosauro, el diplodoco y otros gigantes. Pero le interesaba revisar cómo se habían clasificado los fósiles y si diferencias anatómicas entre los especímenes representaban variación dentro de las especies o entre especies o géneros.
Tschopp y sus colegas analizaron casi 500 rasgos anatómicos en decenas de especímenes de las aproximadamente 20 especies de diplócidos para crear un árbol genealógico. Pasaron cinco años acumulando información, visitando 20 museos de toda Europa y Estados Unidos.
En forma muy general, su árbol genealógico confirmó ideas establecidas sobre las relaciones evolutivas entre los diplodócidos. Pero los científicos también concluyeron que el apatosauro y el brontosauro eran suficientemente distintos para tener su propio género. Muchas de las diferencias anatómicas entre los dos dinosaurios son oscuras, indica Tschopp, pero el cuello más fornido del apatosauro es una diferencia obvia. “Pese a que ambos son animales muy robustos y masivos, el apatosauro lo es aún más”, afirma.
Tschopp y su equipo consideraron muy cuidadosamente su decisión de reinstalar al brontosauro, y esperan cierta resistencia. “Sabíamos que iba a ser un descubrimiento importante porque brontosauro es un nombre muy popular”, dice. “Estoy seguro de que habrá una discusión científica en torno a esto. Espero que la haya. Así funciona la ciencia”, precisa.
Esta resurrección quizás acapare todos los titulares, pero el análisis también recambia otros dinosaurios. Una especie llamada Diplodoco hayi recibió su propio género: galeamopo. Mientras tanto, el equipo determinó que un dinosaurio de Portugal de nombre dinheirosauro pertenece al género supersauro, cuyos restos sólo se han encontrado en Norteamérica.
El juego de nombres
El documento de investigación presenta "la mejor visión actual" de los diplodócidos, dice Michael Benton, un paleontólogo de vertebrados de la Universidad de Bristol, Reino Unido. Las características que distinguen al brontosauro del apatosauro están en línea con los rasgos que definen otros géneros de saurópodos, el grupo de dinosaurios más grande al que pertenecen los diplodócidos.
“La discriminación del brontosauro respecto del apatosauro será llamativa”, apunta. “Es el ejemplo clásico que siempre usamos para explicar a los estudiantes el significado de ‘sinónimo’, o como ejemplo de la velocidad y ruines hechos de Marsh y Cope mientras competían para nombrar taxones nuevos, a veces la misma bestia”, considera.
Philip Mannion, un paleontólogo del Colegio Imperial de Londres, dice que el estudio es importante no sólo porque resucita al brontosauro. Al determinar qué huesos de diplodócidos caen bajo qué especie y género, debería facilitar que los paleontólogos clasifiquen correctamente nuevos hallazgos y ayudarlos a entender la evolución de algunos de los dinosaurios más grandes que vivieron.
“El público va a sacar mucho de esto porque el brontosaurus tiene un lugar muy prominente en la imaginación pública”, dice Mannion, quien tiene un interés personal en el tema.
Hace varios años, fue contactado por una compañía de pósteres que le preguntó si brontosauro era un nombre válido para dinosaurio. “Un papá le había comprado un póster a su hijo, y el niño le dijo de inmediato que el brontosaurus no era un dinosaurio real”, recuerda Mannion, quien informó a la compañía que el niño tenía razón.
¿Mannion informará ahora a la empresa que el brontosauro ha vuelto? “Quizás esperaré a que me llamen”, replica.