La noticia de que el rey había caído en manos de Napoleón Bonaparte agitaba Buenos Aires desde hacía días. El 25, algunos vecinos se reunieron en las puertas del Cabildo y comenzaron a golpearlas exigiendo saber "de qué se trata", dos días antes habían depuesto al Virrey.
Respondiendo al clamor externo, el grupo revolucionario -compuesto entre otros por Mariano Moreno y Cornelio Saavedra- tomó el poder y formó nuestro primer gobierno.
La hazaña tuvo eco en América y en generaciones de argentinos. Desde el interior de aquel Cabildo brotábamos tímidamente como nación, proceso que se consolida en 1816.
El otoño bonaerense castigaba la ciudad cuando los nueve hombres aparecieron sobre el balcón del mítico edificio. Saavedra dio un paso certero hacia adelante y comunicó a la pequeña multitud la existencia del nuevo gobierno, llamada Primera Junta. De inmediato asomó el resto de entre las sombras y la aclamación estalló. Fue un día lluvioso, gris en apariencia, pero luminoso como pocos.
Lamentablemente esta mítica "selección patria" distaba mucho de ser un equipo. Desde un primer momento distinguimos dos facciones encontradas (saavedristas y morenistas), unidas para hacer frente a la situación, pero sin dejar de observarse con recelo. Pronto la situación se agravó, al punto en el que Moreno decidió marcharse al decidirse la incorporación al gobierno de diputados del Interior.
En sus memorias, Saavedra no disimula un odio volcánico hacia Moreno llamándolo "monstruoso joven" del que, por suerte, Dios lo había librado tempranamente.
Curiosamente, la suegra de Mariano, Manuela Cuenca, parecía saavedrista. Años después de la muerte de su yerno, hizo una presentación judicial.
Sus bienes habían sido hipotecados por el difunto prócer y estaba a punto de perderlo todo. Escribió: "Yo tuve la desgracia de haber casado a mi hija con don Mariano Moreno, abogado de ésta. Luego que logró el enlace se apoderó de toda mi casa, abusó de mis docilidades y, con achaque de trasladar toda la familia, se hizo dueño de plata labrada, alhajas y muebles, vendiendo unas y conservando otras, con tal ascendiente y despotiqueces que yo, abatida y sin espíritu, callaba y sufría porque no padeciese dicha mi hija".
A pesar de su precaria salud, Moreno fue un ser avasallante sobre propios y ajenos. Tanto él como sus seguidores aplicaron una violencia extrema contra muchos españoles, ordenando, por ejemplo, fusilamientos innecesarios. Justificando los medios a través del fin.
Ver en su facción la encarnación de Mayo es injusto, la misma no hubiese sido posible sin las tropas que comandaba Saavedra.
Asegurar su asesinato es reñir con la ciencia histórica. Se toman como prueba testimonios de familiares y amigos, interesados en culpar a los saavedristas. Pero, ¿con qué fin lo hubiese hecho Don Cornelio si ya se había librado de su presencia? Su muerte sigue siendo un enigma.
Las distancias irreconciliables entre ambos grupos se alimentaron a base de venganzas y exilios. Mayo nos marcó a fuego, nacimos bajo el sino de la disputa y la división. Fundamos un país sobre estas bases pues, luego, mientras San Martín enfrentaba a los españoles, en el interior del país las provincias se enfrascaban en luchas internas.