La nueva gestión del BCRA heredó una situación crítica en el mercado cambiario. El equipo del Central tiene días contados para tranquilizar a un volátil mercado cambiario, que forzó una devaluación del 40% desde que comenzó la corrida cambiaria (hace 2 meses).
El aumento de tasas en la licitación de Lebacs (del 40% al 47%) es parte de la estrategia que busca quitar liquidez del mercado, evitar que la montaña de pesos que representan las Lebacs presionen al dólar, y mantener el tipo de cambio en un rango de $ 27 / $ 28.
La súper tasa logró renovar el 60% de las Lebacs, el equivalente a un 20% de las Lebacs se había colocado en bonos del Tesoro el lunes pasado (a dos años), y el equivalente a un 20% restante se contendría con subas de encajes. Resultado: demanda potencial de dólares relativamente contenida (por ahora).
A su vez, se decidió apuntalar la oferta de dólares, mediante una amplia batería de medidas: subastas de dólares del Tesoro y del BCRA, acuerdo con exportadores agrícolas para que liquiden operaciones, reducción de la tenencia permitida de dólares de los bancos (con lo cual deberán vender), entre otras.
En este contexto, las súper tasas que impone el BCRA en el mercado llegaron para quedarse, al menos por un tiempo.
Las tasas actuales atentan contra el crédito hipotecario y la inversión privada, amenazando el crecimiento de la economía.
El mismo acuerdo con el FMI destaca la hoja de ruta que Argentina transitaría en los próximos años en materia financiera: “estamos comprometidos a mantener nuestra actual política monetaria restrictiva hasta que veamos una señal tangible de que tanto la inflación realizada como las expectativas de inflación a fines de 2019 comiencen a bajar” destaca el Memorándum de entendimiento.
Si bien es cierto que las tasas altas son necesarias en el cortísimo plazo para balancear el mercado cambiario, desactivar las Lebacs, y poder trazar en el mediano plazo una política monetaria menos asfixiante; también es cierto que las tasas actuales atentan contra el crédito hipotecario y la inversión privada; amenazando seriamente la capacidad de crecimiento de la economía y la generación de empleo (objetivos también deseados por el Gobierno).
En este contexto resulta oportuno y urgente implementar políticas que permitan que una fracción más elevada de los fondos del sistema financiero se mantenga al margen de los pisos de tasas que impone el BCRA si dichos fondos poseen como destino inversiones. En tal sentido, una política concreta que limitaba los efectos adversos de esta coyuntura comenzó a desmantelarse por decisión del BCRA en diciembre pasado ("Se acentúa la crisis para acceder a financiamiento productivo en Mendoza". Los Andes, domingo 17 de junio de 2017). Momento más que oportuno para repensar estrategias.