Nueva York. Podría decirse que todo empezó con un corazón roto. Betty Conklin era la morena de la que Hugh Hefner se enamoró perdidamente a los 16 años. Era preciosa, trabajaba en un bar y aprendió a bailar "jitterbug” con el joven Hugh. Pero finalmente se decidió por otro y Hugh, procedente de un entorno puritano, se reinventó como “Hef”.
Más de siete décadas -y supuestamente más de mil flirteos- después, se puede decir que este hombre nacido en Chicago cambió para siempre la percepción del sexo que se tenía en la entonces pudorosa sociedad estadounidense. Hugh Hefner, que ayer cumplió 90 años, fundó además un imperio valorado actualmente en unos 500 millones de dólares.
Después de aquel primer desamor “cambié todo mi vestuario”, recordaba en 2003 Hefner, que de joven estudió psicología. “Empecé a vestir ropa más cool”. En los cómics que dibujaba para el periódico de su instituto, Hefner diseñó un mundo propio en el que él era el centro de todo, “el chico más popular de la escuela”.
Cuando en 1953 escribió los textos para la primera edición de “Playboy” no imaginaba que esa mezcla de fotografías de desnudos, artículos, entrevistas y consejos para relacionarse con el otro sexo tendría tanta aceptación. Su objetivo era dar una respuesta a la parte puritana de Estados Unidos.
Playboy gozó de un triunfo inmediato, principalmente porque Hefner había comprado una fotografía de la actriz Marilyn Monroe desnuda; tomada antes de su éxito en Hollywood, la utilizó como el desplegable de su primera edición. Monroe ya era una estrella en el momento en que la revista fue publicada. La edición incluyó un editorial escrito por Hefner donde exponía la filosofía de Playboy. Se hizo famoso cuando en los ’60 dirigía su imperio desde la amplia cama de la Mansión Playboy ubicada en Chicago
Mientras la revista triunfaba en Estados Unidos y fuera de allí, “Hef” se convirtió en algo más que un conquistador en bata. Su sonrisa lasciva se transformaba en un semblante serio cuando exponía en los programas de televisión sus puntos de vista sobre la liberalidad sexual o los derechos de homosexuales y lesbianas. Su visión era: “Bibliotecarias, abogados e incluso tu propia secretaria se servirá de Playboy como una herramienta para reencontrarse a sí mismos”.
Suele olvidarse que en los años ’60, Hefner se posicionó a favor de la igualdad entre negros y blancos, permitiendo que grandes del jazz como Ella Fitzgerald, Sammy Davis Jr., Dizzy Gillespie o Dick Gregory actuasen en sus programas de televisión y en los clubs Playboy. Algunas parejas negras se mezclaban en estos locales con las “conejitas” blancas en una época en la que era raro ver algo así. Y en 1965 convirtió a Jennifer Jackson en su primera “playmate” afroamericana.
Aun así, el fundador de “Playboy” sigue siendo una piedra en el zapato para las feministas. Algunas activistas se indignaron cuando “Hef” habló de “chicas” durante un debate, aunque en realidad se refería a mujeres adultas. Y la feminista estadounidense Susan Brownmiller llegó a preguntarle si él se atrevería a aparecer en público con una colita de conejo en el trasero.
La revista Playboy mostraba un estilo de vida cool y de libertad sexual, pero también un mundo en el que las mujeres eran rebajadas a objetos de placer para los hombres.
Fuentes: CC y El Universal