Una de las grandes curiosidades científicas recientes comenzó frente a una computadora. Joël Lapointe estaba utilizando Google Maps para preparar un viaje de camping por una zona remota de Quebec, Canadá, cuando observó una enorme forma circular alrededor de un lago. Lo que parecía una rareza del terreno terminó llevando a la identificación de un cráter de unos 390 millones de años.
Lapointe no era geólogo profesional, aunque sí astrónomo aficionado. En 2024 recorría virtualmente la región de Côte-Nord buscando lugares y rutas para sus vacaciones cuando la geometría del paisaje llamó su atención. Había una depresión casi circular de aproximadamente 25 kilómetros de diámetro alrededor del lago Marsal.
Qué vio en Google Maps que le hizo sospechar de un impacto
La primera reacción de Lapointe fue pensar que una estructura de semejante tamaño necesariamente debía ser conocida. Sin embargo, no encontró el lugar entre los cráteres que consultó y decidió comunicar su observación a especialistas.
La imagen satelital por sí sola no alcanzaba para demostrar que allí había impactado un objeto proveniente del espacio. Muchas estructuras geológicas pueden adoptar formas circulares sin haber sido producidas por meteoritos, por lo que era necesario estudiar las rocas directamente.
Eso ocurrió en 2025, cuando un equipo encabezado por el geólogo planetario Gordon Osinski realizó una expedición hasta la zona. El acceso no era sencillo: el sitio está en una región remota del noreste de Quebec, cubierta por bosques y numerosos lagos.
Una vez allí, aparecieron evidencias mucho más contundentes que la forma observada desde el satélite.
Los investigadores encontraron conos de fracturación —conocidos como shatter cones — y rocas fundidas por impacto. Estas estructuras se producen bajo las enormes presiones generadas durante impactos a gran velocidad y constituyen indicadores fundamentales para reconocer un verdadero cráter meteorítico.
El cráter llevaba unos 390 millones de años escondido a simple vista
La estructura recibió el nombre de Uhackatik, establecido en consulta con el Consejo Innu de Ekuanitshit. Tiene aproximadamente 25 kilómetros de diámetro y los análisis sitúan su formación hace unos 390 millones de años.
Eso la ubica en el período Devónico, muchísimo antes de la aparición de los dinosaurios.
El paisaje actual tampoco se parece necesariamente al enorme agujero que habría quedado inmediatamente después del impacto. Cientos de millones de años de erosión y transformaciones geológicas modificaron la superficie, aunque la forma circular todavía puede distinguirse en imágenes tomadas desde el espacio.
Una imagen de Landsat 8 capturada en octubre de 2025 permite apreciar esa escala: el lago Marsal aparece aproximadamente en el centro y alrededor se distingue la gran estructura circular que despertó originalmente la curiosidad de Lapointe.
NASA señala que existen alrededor de 200 estructuras de impacto confirmadas en la Tierra, mientras los geólogos consideran que todavía quedan cientos por descubrir. La erosión, la vegetación, los océanos y la actividad geológica pueden borrar o esconder las huellas que dejaron antiguas colisiones.
Por eso, una de las mayores curiosidades de Uhackatik no es solamente su antigüedad. Durante unos 390 millones de años, la estructura permaneció integrada al paisaje de Quebec hasta que una persona que buscaba dónde acampar recorrió la zona desde Google Maps, vio un círculo extraño y decidió preguntar qué podía haberlo producido.