Estamos viviendo un momento histórico en el que el impacto de la tecnología es infinito y obliga a las empresas más que nunca a generar una cultura de constante innovación. En su libro “La Cuarta Revolución Industrial”, Klaus Schwab afirma que este movimiento será igual de poderoso que sus tres antecesores, generando un antes y un después para la humanidad. Y, por supuesto, será necesario adecuar los modelos de negocio a este nuevo escenario.
Para 2020, el 30 por ciento de los ingresos de la industria provendrán de los nuevos modelos comerciales que hayan surgido en esta era digital. Esto obliga a empleados y empleadores a cambiar la mentalidad, actualizar las habilidades, hacer frente a la resistencia al cambio e incluso a la complejidad. La transformación tiene que comenzar en los niveles superiores y los directivos deben aprender a liderar de una manera diferente.
Hay algo seguro: los formatos tradicionales -tal como los conocimos hasta el día de hoy- no serán los que nos guíen hacia el futuro. Llegó el momento de trabajar en el desarrollo de líderes digitales, que se caractericen por su habilidad de liberar talento, fomentar la capacidad de aprendizaje y el espíritu emprendedor, a la vez que impulsen la creatividad, el trabajo en equipo y la comunicación multi direccional. Asimismo, será imperante que mantengan una postura abierta frente al cambio que les permita reinventarse cada vez que sea necesario, aun cuando esto implique asumir ciertos riesgos.
Sumado a este escenario de cambio permanente, el Estudio Global de Operaciones Digitales 2018 de PwC identificó que sólo el 10% de las empresas a nivel mundial se pueden catalogar hoy como líderes digitales; no obstante son muchas las que están transitando el proceso y cabe destacar que el 80% de las habilidades base de liderazgo deben mantenerse. Sólo basta con actualizar las restantes para que éstos puedan desarrollar no sólo su máximo potencial, sino también el de su gente.
Los tiempos que corren se presentan cargados de desafíos, pero también de oportunidades. De la mano del talento y la dirección adecuada, esta revolución permitirá a las personas, empresas y países crecer, reinventarse y superarse, sentando de esta forma las bases del futuro.