9 de noviembre de 2025 - 00:00

Un caso que pone en alerta a la vitivinicultura

La presentación en concurso de acreedores de Bodega Norton debe ser un acicate para reflexionar profundamente sobre los problemas que está sufriendo en estos momentos la vitivinicultura provincial e indagar los caminos para superarlos, porque se trata de una industria vital en la economía mendocina.

El empresariado local acusó fuerte impacto por la presentación en concurso de acreedores de Bodega Norton. No obstante, resulta lógico y a la vez prudente no aventurar, por parte del sector vitivinícola, qué dimensión tendrá la situación de la legendaria empresa, más allá, como bien señalaron fuentes de la industria a Los Andes, del importante volumen de lo adeudado por parte de la empresa en conflicto.

De todos modos, es atendible la inquietud de muchos viñateros y bodegueros que trabajan en contacto con bodegas de la envergadura de Norton en la comercialización de uvas y elaboración de vinos. Una cadena que, sin duda, tiene siempre algún tipo de repercusión en casos como el que ocupa.

En efecto, corresponde contemplar el daño que genera este tipo de presentaciones a toda la cadena, ya que dejar de pagar implica que muchos proveedores de la industria, o viñateros que le vendieron uva a Norton, probablemente tengan que atravesar uno o dos años sin poder cobrar lo que comercializaron debido a la lentitud que suele caracterizar a los procesos judiciales.

Más allá de dichas consideraciones, indudablemente muy respetables, se presenta una realidad que no se puede dejar de contemplar. Persiste una significativa y constante caída de las exportaciones de vinos, como también de las ventas en el mercado interno. Datos oficiales así lo corroboran. Se suman en este componente tendencias globales que llevan a una merma en los estilos de consumo, como también aspectos que hacen a la economía argentina en la faz exportadora que no dejan de acomodarse y dificultan a las empresas.

La baja en las ventas a nivel local produce una lógica acumulación de stock que conduce en muchos casos a la oferta a precios más económicos en los distintos puntos de venta de vinos reduciendo la rentabilidad puntualmente en las bodegas, ya que el comerciante que vende al público tiene mucho más margen para guardar y manejar los tiempos de comercialización.

A la par del empresariado nacional en general, la vitivinicultura siguió este año expectante a los lineamientos de política económica puestos en marcha por el actual gobierno nacional desde su asunción, en diciembre de 2023. Por lo tanto, luego de las recientes elecciones crece la expectativa por las acciones que tiendan a dejar de lado de una buena vez políticas restrictivas y excesivamente regulatorias aplicadas durante décadas. Y harán olvidar, si la actual estabilidad se mantiene, procesos inflacionarios que también erosionaron a empresas y consumidores. La industria del vino no pudo evitar verse atrapada en esa maraña.

Como hemos señalado en anteriores oportunidades, con los necesarios cambios en políticas tributarias y laborales, nuestra provincia necesita que ese nuevo rumbo se consolide para una diversificación productiva necesaria y complementaria de la industria madre. Porque el vino siempre deberá ocupar el lugar de excelencia que supo adquirir tras muchas décadas de esfuerzo ejemplar, virtud que puso y mantiene a Mendoza entre las plazas de mayor jerarquía de la vitivinicultura internacional.

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