La cuestión Malvinas ha sido considerada por Naciones Unidas como un asunto de descolonización especial y particular, donde está encubierta una disputa de soberanía y, en consecuencia, a diferencia de los casos coloniales tradicionales, no resulta aplicable el principio de libre determinación de los pueblos. En atención a la trascendencia del asunto, seguramente Naciones Unidas volverá a ratificar su posición sobre la ocupación ilegal que mantiene sobre las mismas Gran Bretaña.
Una oportunidad para poner en la agenda internacional la cuestión Malvinas y nuestras aspiraciones como país -uno de los pocos temas sino el único en el que todos los argentinos estamos de acuerdo- se producirá a partir del 9 de septiembre próximo, cuando se abra el 80º periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU).
El Gobierno nacional debería insistir en la reanudación de conversaciones entre los dos países en disputa, con la meta puesta en la recuperación de los derechos que nos asisten sobre esos territorios y espacios marítimos australes.
El presidente de la Nación debe dejar atrás el grueso desliz del discurso del 2 de abril pasado cuando planteó el “derecho de autodeterminación de los pueblos”, argumento que no ha reconocido nuestro país ni Naciones Unidas y sí el país usurpador.
La cuestión de si los malvinenses quieren convertirse en argentinos es superflua y de imposible materialización, además de que lo único que interesa es recuperar la soberanía sobre el archipiélago que nos fue arrebatado.
La instancia esencial en la áspera controversia que mantenemos con el Reino Unido es formalizar el diálogo bilateral que nos conduzca a discutir las razones que nos asisten sobre la tierra que los ingleses nos arrebataron por la fuerza.
Además, y hablando de armas, no se ha escuchado ninguna queja o denuncia del gobierno argentino ante la creciente presencia militar británica en Malvinas, como lo consignó la revista “Zona Militar” del 1 de abril pasado. Según este medio, se han intensificado los ejercicios militares en la región con maniobras de búsqueda y rescate y en la que participaron diversas unidades militares y de seguridad en paralelo con actividad aérea y naval.
Los británicos no quieren hablar con la autoridad argentina, pero no tienen reparos en disponer en las islas de uno de los pocos despliegues militares de ultramar, con capacidades aéreas, terrestres y marítimas de enorme envergadura.
El pueblo tiene que exigir a sus representantes que recuperen el periódico mecanismo de reclamar ante el país invasor. No hablamos de prepotencias ni violaciones a la ley, sino de machacar en el reclamo reivindicatorio de la posesión de una parte del territorio nacional. Uno de los argumentos es apelar de manera continua a las valiosas resoluciones dictadas por la Asamblea General de la ONU, como la 2065 y la 3160, en las que el organismo internacional “pide a los gobiernos de Argentina y del Reino Unido que aceleren las negociaciones relativas a la disputa sobre soberanía.”