23 de noviembre de 2025 - 00:00

Sobre la lógica de una detención domiciliaria

Según datos conocidos, en 80 días pasaron por la casa de la calle San José del barrio porteño de Constitución nada menos que 77 personas. Un verdadero exceso. De ahora en adelante, la ex Presidenta en prisión domiciliaria, podrá recibir en condición de visita hasta tres personas durante dos horas un par de veces por semana.

La residencia particular donde cumple su condena por corrupción la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner se convirtió, con los meses, en un lugar frecuentado por allegados políticos sin mayor respeto a las normas que debe cumplir una persona privada de su libertad.

Ese desborde condujo al juez encargado de controlar la prisión domiciliaria de la mujer política, a disponer la aplicación de un nuevo régimen de visitas.

Fundamentalmente, la decisión fue adoptada luego de la reciente reunión que mantuvo la ex presidenta de la Nación con un grupo de nueve economistas, encuentro del que ella misma diera cuenta difundiendo fotos a través de las redes sociales. Esa reunión excedió largamente lo que se le ha permitido hasta ahora a la ex funcionaria y también lo que se tolera a otras personas que se benefician, como ella, con un régimen domiciliario.

Obviamente, el principal objetivo de la nueva disposición judicial es aplicar un control más estricto de la prisión domiciliaria, especialmente porque las nueve personas que estuvieron recientemente con la ex presidenta pidieron el correspondiente permiso para asistir, pero en ningún momento señalaron que lo harían juntos. Burlaron así la buena fe judicial.

Este problema de las excesivas visitas se produjo en coincidencia con la orden de incautación de veinte propiedades de la detenida, y de otros personajes clave del kirchnerismo, por la condena en el caso de la obra pública, más conocido como la causa de Vialidad, por la que fue condenada. Una suma que llega a 685.000 millones de pesos.

Cristina de Kirchner, como sus seguidores cercanos y la mayor parte de la dirigencia del partido que preside, insiste con interpretar los juicios en su contra como parte de una estrategia de proscripción política por parte de opositores, medios de comunicación y jueces y fiscales. Nada más alejado de la realidad. Lo que se juzgó y sigue juzgando en otras graves causas es una trama de corrupción pocas veces vista en la Argentina, que ha golpeado la imagen de la política en general.

La señora de Kirchner consideró, incluso, que lo que más le molestó al oficialismo y a la justicia fue que con sus nueve visitantes recientes insistiera en contrastar con el programa económico del presidente Milei. “… hablamos de un modelo económico nacional de crecimiento productivo y federal…”, dijo la ex presidenta detenida. Nada más desatinado. En primer lugar, porque en su condición de privada de la libertad debería limitar al máximo posible sus veleidades y convencerse de que con su exposición perjudica a sus seguidores y alienta más divisiones dentro del PJ.

Una penosa realidad para quien hizo uso y abuso del poder durante años y ahora debe atravesar los más graves juicios por la corrupción de la que fue parte.

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