Mayor presión sobre el régimen venezolano

Va llegando el momento de las definiciones políticas concretas sobre la dictadura venezolana, sobre la metodología del odio y la represión implementada y totalmente impuesta. Argentina sufre esta metodología con la prolongada detención ilegal del gendarme Nahuel Gallo. Una decisión del régimen sin argumentos sólidos y sobre la que nuestro país debería mostrar más firmeza.

El gobierno nacional adoptó en forma reciente una decisión estratégica internacional de mucho peso al declarar al Cártel de los Soles como una organización terrorista internacional, sumándose a la postura de Estados Unidos, Paraguay y Ecuador.

Esta determinación le permitirá a la gestión de Javier Milei avanzar con la investigación y eventual detención de miembros de esa agrupación, que, según el Gobierno, ya habrían realizado en nuestro país sospechosas operaciones financieras y están debidamente identificados por el Ministerio de Seguridad.

Como se sabe, Estados Unidos considera que el dictador venezolano Nicolás Maduro y su principal colaborador, Diosdado Cabello, son quienes lideran el Cártel de los Soles. Cuentan con apoyo de las denominadas fuerzas bolivarianas, que incluyen a las Fuerzas Armadas y a la Guardia Nacional.

Por esa razón el gobierno del presidente Donald Trump profundiza las acciones para controlar los movimientos del régimen de Caracas. En ese contexto, se supone, ha dispuesto la Casa Blanca un inusual despliegue de fuerzas marítimas en cercanías de Venezuela con el propósito de controlar el desenvolvimiento de los grupos narcos más temidos en aguas del Caribe.

Por otra parte, analistas internacionales observan con atención los movimientos de las fuerzas navales dispuestas por EEUU ante versiones que no descartan una eventual decisión de buscar forzar la caída del régimen de Maduro, muy criticado a nivel internacional luego de la grotesca reelección de su líder en una elección que, según la mayoría de los observadores, ganó la oposición y el régimen de Caracas nunca reconoció.

Sobre la postura argentina debe señalarse que la decisión de reconocer al Cártel de los Soles como organización terrorista internacional va en línea con la determinación del actual gobierno de embestir contra el narcotráfico de manera decidida. Se apunta a uno de los flagelos más grandes que sufre la población argentina desde hace décadas y que ha sumado muertes y heridos con cifras muy tristes.

Por otro lado, también se adopta una posición clara y contundente con la dictadura venezolana, que año a años demuestra no tener intenciones de tender a una sana apertura democrática. Todo lo contrario.

La política exterior argentina, siempre cambiante, ha tenido durante las gestiones del kirchnerismo una fuerte simpatía y tolerancia con el gobierno de Maduro y su régimen de persecución a opositores y observadores internacionales críticos de sus procedimientos.

Va llegando el momento de las definiciones políticas concretas sobre la dictadura venezolana. La realidad demuestra que no se trata de una discusión sobre cuestiones políticas o ideológicas en un razonable contexto democrático, sino sobre la metodología del odio y la represión implementada y totalmente impuesta.

Argentina sufre esta metodología con la prolongada detención ilegal del gendarme Nahuel Gallo. Una decisión del régimen sin argumentos sólidos y sobre la que nuestro país debería mostrar más firmeza.

Y si a esos mecanismos de violencia y represión se le suma la comprobación de un funcionamiento sustentado en el negocio que genera el narcoterrorismo internacional, va de suyo que se debe buscar erradicar de raíz semejante flagelo para esta parte del mundo.

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