La situación social y política de Bolivia comienza a inquietar en la región por su prolongación y consecuencias. Con el transcurso de las semanas el panorama se volvió mucho más inquietante porque a la crisis económica existente se suman otros problemas, como el desabastecimiento por los cortes.
Desde hace casi un mes los principales núcleos urbanos, comenzando por la capital, La Paz, se encuentran prácticamente sitiados por piquetes que alientan la rebelión política contraria al gobierno, pero que también incluyen a sectores de la sociedad que reclaman contra el plan económico vigente.
Gran parte de las miradas se posaron desde el inicio de los sucesos violentos en el expresidente Evo Morales, siempre activo a pesar de la rotunda caída del socialismo en las últimas elecciones presidenciales.
Morales, cabe recordarlo, enfrenta una situación judicial crítica en Bolivia, marcada por un juicio en ausencia por presunta trata de personas y estupro, además de órdenes de captura. La justicia boliviana lo declaró en rebeldía tras negarse a comparecer ante los tribunales.
En una reciente entrevista periodística, el presidente Rodrigo Paz no dudó en atribuir al ex líder del MAS como el inspirador de gran parte de las acciones de violencia que afectan al país vecino.
Dice Paz que la región donde predomina el líder cocalero, conocida como Trópico de Cochabamba, El Chapare, es una de las más importantes del narcotráfico en América del Sur y que por lo tanto lo que se está librando en estos momentos en el país vecino es un combate muy importante a toda escala entre las fuerzas que responden al Estado y la sublevación inspirada por el referente cocalero.
También denunció el presidente Paz ser víctima de una “campaña extraordinaria de organizaciones locales y del exterior” para derrocarlo, supuestamente movilizada con apoyo proveniente de Venezuela y Nicaragua. Y, por otro lado, dijo sentirse respaldado políticamente por los presidentes de Argentina, Chile y Brasil, atento a la crisis institucional en cierne.
De confirmarse, esa acusación formulada por el presidente de Bolivia puede enrarecer aún más el clima dentro de su país; también, conducir a un ambiente de tensión política extendida a la región que de ningún modo favorece ni a Bolivia ni a sus vecinos. Ya el presidente estadounidense, Donald Trump, había denunciado un intento desestabilizador a poco de comenzar los sucesos contra el gobierno de La Paz.
Es de esperar que la capacidad de control de la crisis no sobrepase los recursos del gobierno de Paz y de sus fuerzas armadas, que ahora fueron autorizadas por el Congreso boliviano a actuar en conflictos internos, asunto que tenían vedado.
Al margen de lo ideológico, se necesita en la región democracias capaces de resolver crisis y diferencias sólo por la vía pacífica.