La Iglesia argentina, presente en la consideración de las urgencias de las y los argentinos, se ocupa ahora de los adultos mayores, que por distintas razones son olvidados en muchos hogares.
La Iglesia argentina promueve no olvidar a nuestros abuelos e integrarlos en la medida de lo posible a la vida moderna y comunitaria, a la vida del hogar y la familia.
La Iglesia argentina, presente en la consideración de las urgencias de las y los argentinos, se ocupa ahora de los adultos mayores, que por distintas razones son olvidados en muchos hogares.
Hijos con poco tiempo, jubilaciones magras y exclusión digital: así describe la pastoral argentina la soledad de los mayores, y en tal sentido se convoca a dejar atrás la amnesia colectiva de los adultos mayores.
Ese es el tema principal de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores, a la que adhiere el Episcopado Argentino, proponiendo un mensaje que llame la atención y movilice las conciencias como es “Solos, aunque tengan familia”.
Toda esta forma de pensar “no pertenece a un sociólogo ni a un informe estadístico: proviene de quienes trabajan día a día la pastoral de los adultos mayores en la Argentina”, como resume la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA).
La VI edición de la Jornada, instituida en 2021 por el papa Francisco y que este año encabeza León XIV, se celebra con el lema "Yo no te olvidaré" (Isaías 49,15).
En la Argentina, esa soledad tiene nombre y tiene causas concretas. Según señala la responsable del área de Adultos Mayores del Secretariado para la Pastoral Familiar de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia doctora María Elisa Petrelli, hay dos factores que se combinan: "Los hijos trabajan largas horas y tienen sus propias familias, o sea, poco tiempo, y las personas mayores sienten que molestan o que son una carga para los familiares, por eso prefieren no pedir ayuda".
A eso se suman otras dos dimensiones que agravan el cuadro. La exclusión digital, ya que casi toda la comunicación con centros de salud, bancos, etc., debe ser virtual y deja a muchos mayores sin acceso real a servicios básicos. Y, por otro lado, las jubilaciones magras que obligan a los adultos a permanentes reclamos que se han convertido en una expresión de impotencia cada miércoles del año.
Otra voz de la Iglesia, monseñor Andrés Stanovnik, miembro de la Comisión Episcopal de Vida, Laicos y Familia de la CEA, reconoce que pastoralmente "se avanzó en la conciencia de acompañarlos, pero hora debemos pasar de una pastoral 'para' los mayores a una pastoral 'con' los mayores".
Sin embargo, pese al panorama un tanto descorazonador de los mayores, hay situaciones que promueven la esperanza de un cambio. Hay entidades civiles, organizaciones como clubes, uniones vecinales y ONGs solidarias, que dispensan una cantidad importante de tiempo y acción en apoyo de los representantes de la tercera edad.
Pero, como se ha definido en incontables oportunidades, el mayor auxilio provendrá de los núcleos familiares de estas personas, lugar que es el ámbito natural y espontáneo de contención para quienes han cumplido con un periodo natural de trabajo en pos del sostén del hogar y la crianza de los hijos.