La contaminación ambiental, un problema de todos

La contaminación ambiental, un problema de todos. / Foto: AP.
La contaminación ambiental, un problema de todos. / Foto: AP.

Según los especialistas, nueve de cada 10 personas en el mundo respiramos aire contaminado, y unos siete millones de personas fallecen anualmente por esa causa.

La contaminación causó unos nueve millones de muertos en todo el mundo durante 2019, sobre todo en países de ingresos medios y bajos, según un estudio científico de reciente difusión. Eso significa que la prevención de los agentes contaminantes es ineficiente, por no decir inexistente.

La contaminación asociada de manera directa con la extrema pobreza ha disminuido en los últimos años. Se ha mejorado el suministro de agua y el saneamiento, y se usan combustibles menos tóxicos para cocinar y calefaccionar las viviendas. Por el contrario, la contaminación vinculada con la actividad industrial, sobre todo la que envía al aire sustancias peligrosas, sigue aumentando. Aquí se concentran dos tercios de los fallecidos: en la contaminación del aire.

Es que, como es lógico, la calidad del aire es un dato clave para la salud y el ambiente. Respiración mediante, está en contacto permanente con todas las células de nuestro organismo. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emite informes periódicos sobre todas las enfermedades en las que figura como un factor de riesgo la contaminación atmosférica: cardiopatías, distintos tipos de cánceres, accidentes cerebrovasculares y las afecciones relacionadas con el aparato respiratorio.

Por lo tanto, el Estado no sólo tendría que supervisar toda actividad con capacidad de emitir agentes contaminantes, sino que, además, cada ciudad mediana o grande debiera contar con un sistema para medir la contaminación atmosférica e informar a diario a su población, de modo que los habitantes tomen precauciones.

Con todo, el problema no termina allí. Alrededor del 90% de las muertes que causa la contaminación ocurren en países de ingresos medios y bajos, en un círculo vicioso difícil de atacar: para acelerar el crecimiento económico, no hay suficientes controles estatales de los procesos de producción; para bajar los costos de producción, no se controlan los agentes contaminantes; los altos índices de contaminación provocan una gran cantidad de muertes, que se traducen, finalmente, en una importante pérdida económica. El resultado es el contrario al deseado.

En el centro de ese dispositivo, se destacan los productos químicos y los combustibles fósiles, que establecen una asociación proporcional entre contaminación atmosférica y calentamiento global: si aumenta la primera, aumenta el segundo.

A fines de 2019, la OMS calculó que nueve de cada 10 personas en el mundo respiramos aire contaminado, y que unos siete millones de personas fallecían anualmente por su constante exposición a las partículas más finas y agresivas que ese aire posee en suspensión.

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