26 de abril de 2026 - 00:00

Certeras reflexiones sobre Francisco y su legado

Monseñor Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza y principal referente del Episcopado argentino, advirtió en su homilía al cumplirse un año del fallecimiento del Papa Francisco que "nos queda aprender de una buena vez y no seguir castigándonos con la indiferencia, el desinterés, la agresividad permanente en el lenguaje y los gestos violentos”.

A través de la representación política presente en la misa para recordar al papa Francisco, a un año de su muerte, la Iglesia interpeló a una sociedad que quiso al pontífice argentino, claro que sí, pero que seguramente no interpretó ni dimensionó en su plenitud su mensaje y el sentido de su misión.

Por ello el celebrante del oficio desarrollado en la Basílica de Luján, monseñor Marcelo Colombo, principal referente del Episcopado argentino, advirtió en su homilía que de una buena vez debe llegar la hora en que los argentinos adviertan que con destrato, mezquindades, desconfianza y rechazo a cualquier propuesta bien inspirada, el camino a recorrer va a continuar siendo sinuoso y el destino seguramente muy distante del que realmente se necesita para una nación que sea próspera y equitativa socialmente hablando.

“Francisco nos propuso asumir los desafíos pastorales que conllevan, en particular, la situación de los excluidos y descartados, así como el protagonismo de los movimientos sociales como articuladores de la solidaridad profética de los pobres”, remarcó monseñor Colombo aludiendo a una férrea definición de la misión pastoral del papa Francisco. Un precepto vigente tanto aquí, en la Argentina, como en el mundo que recorrió durante sus 12 años de pontificado. En el caso de nuestro país, una carencia social de la que fueron responsables no una, sino varias gestiones de gobierno más allá de sus respectivas ideologías y metodologías. De ahí la aclaración de monseñor Colombo en su fuerte homilía: “Nos hemos referido reiteradamente al viaje que no realizó para visitarnos. Más allá de las múltiples posibles razones invocadas, creo que nunca se fue del todo de su patria porque permaneció como un interlocutor permanente en nuestra vida social”.

Como añadidura, surge otra fuerte advertencia del número uno de la Iglesia argentina: “Nos queda aprender de una buena vez y no seguir castigándonos con la indiferencia, el desinterés, la agresividad permanente en el lenguaje y los gestos violentos”. Una modalidad que vemos a diario que subsiste en las altas esferas y desciende, como es obvio, a los demás estamentos sociales.

Sobre la enseñanza que dejó el papa argentino destacó Colombo: “Siguió (Francisco) poniéndole nombre a los temas difíciles e inventando palabras para expresar contenidos que nos fueran comprensibles y nos sacudieran de las modorras conceptuales, muchas veces vacías y desinteresadas de todos y de todo…”. Una respetuosa forma de ilustrar a una dirigencia que no quiso entender, o era portadora de una sensibilidad que no estaba a la altura de tamaña mirada conceptual.

Por todo ello, las reflexiones de la Iglesia deberían motivar a la dirigencia a entender de una buena vez que el bien común, que se nutre en la tolerancia y el diálogo, debe estar siempre por encima de los intereses sectoriales.

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