Se celebra hoy, como cada año, el Día del Maestro, fecha instituida en nuestro país para destacar el trabajo de quienes dedican su vida a la enseñanza.
La fecha celebratoria de hoy no es casual. En el Día del Maestro se recuerda a Domingo Faustino Sarmiento, quien con absoluta justicia es considerado figura central en la historia de la educación en la Argentina. Vaya junto a nuestra admiración por él, el reconocimiento a la labor de los miles de maestros que colman de educación las almas de nuestros niños a lo largo y ancho de toda la república Argentina.
Se celebra hoy, como cada año, el Día del Maestro, fecha instituida en nuestro país para destacar el trabajo de quienes dedican su vida a la enseñanza.
Es el justo reconocimiento al desempeño de los docentes, hombres y mujeres, que con esfuerzo y mucha vocación tienen en sus manos la educación de los niños y jóvenes en sus etapas formativas, pero también de muchísimos adultos que deciden afrontar su etapa de instrucción, aunque los vaivenes de la vida hayan demorado sus intenciones.
Esta fecha celebratoria no es casual. En el Día del Maestro se recuerda a Domingo Faustino Sarmiento, quien con absoluta justicia es considerado figura central en la historia de la educación en la Argentina. El hombre que, como presidente, además de su impronta de estadista, brilló por sus convicciones como educador, constituyéndose como ningún otro en promotor de la educación pública, laica y gratuita.
Sentó las bases para el acceso a la educación de los argentinos impulsando como punto de partida la construcción de más de 800 escuelas en el país, logrando, por lo tanto, que aumentara favorablemente el número de alumnos y que el acceso al conocimiento fuese un trámite accesible en su época tanto para varones como para mujeres. Su legado se consolidó en 1884 con la sanción y promulgación de la ley que estableció la educación primaria obligatoria y gratuita en el país.
Como bien se ha reconocido de su labor a través de los años, Sarmiento entendió que el avance de una nación dependía en gran medida del nivel de educación de su población, con inclusión social y acceso a la cultura. Supo observar en otros países modelos educativos para adaptarlos a los requerimientos de instrucción de la población argentina de aquella época.
Pero seguramente su mayor mérito haya sido dejar como legado el respeto a su figura y el ejemplo vocacional heredado a través de décadas por miles de hombres y mujeres que abrazaron su vocación para enseñar. Puso las pautas para encarrilar la labor docente.
Tomando citas de grandes pensadores, podemos asegurar que la labor docente es aquella que permite que quienes la practican compartan su entendimiento, su forma de ser y ver la vida, sus valores y su aprendizaje con sus alumnos de todos los días.
El maestro es aquel que logra que el alumno, desde muy chico, vaya descubriendo y potenciando sus habilidades y lleve consigo la importancia de la enseñanza dentro y fuera del aula. Por ello tanto se pregona que el educador es parte esencial de la educación del alumno que debería comenzar siempre en el hogar.
Por todo ello, justo reconocimiento a cada docente por el esfuerzo de trabajar no siempre con la remuneración que merece y necesita para su vida. Reconocimiento por afrontar a diario las penurias que genera un país en el que la educación ha llegado a constituir sólo un frío y escaso número presupuestario. Reconocimiento por tener que enfrentar muchas veces las consecuencias de un país maleducado luego de décadas de desidia y facilismo, muy lejos de los preceptos de Sarmiento.