En esta celebración de los 210 años de la declaración de nuestra independencia es pertinente volver a recordar la unión de notables líderes militares y políticos que trascendieron en el tiempo en base a su patriotismo y honestidad intelectual.
La independencia de nuestro país debe reforzarse día a día desde los cuadros dirigenciales, de modo que la fecha histórica no quede sólo como una parte escrita dela historia
En esta celebración de los 210 años de la declaración de nuestra independencia es pertinente volver a recordar la unión de notables líderes militares y políticos que trascendieron en el tiempo en base a su patriotismo y honestidad intelectual.
Aquellos próceres de Tucumán demostraron con hechos y actitudes la decisión de otorgarle a la Argentina que surgía las bases para un despegue que permitiera decidir un derrotero sin depender de tutelajes externos. El primordial objetivo era que el plan patriótico iniciado el 25 de mayo de 1810 no pudiera ser sometido a ninguna reacción imperialista.
El camino posterior no fue fácil para los sucesores de quienes sostuvieron el Congreso de Tucumán. La Argentina naciente debió atravesar años de enfrentamientos internos que dejaron en el camino muchas vidas. Fueron luchas por la imposición de ideas que cada sector protagonista creyó mejor para el nuevo país. Errores al fin. Pero lo trascendente fue que nada hizo tambalear los ideales independentistas de Tucumán. Así se llegó al acuerdo de San Nicolás, de 1852, que marcó el rumbo hacia la definitiva organización nacional.
Hoy la República Argentina se muestra consolidada institucionalmente luego de 42 años ininterrumpidos de vida democrática. Un logro tras muchas décadas de inestabilidad institucional durante gran parte del siglo pasado.
Sin embargo, en estos momentos aquella Argentina consolidada institucionalmente requiere de la capacidad de sus dirigentes, de sus gobernantes. La decadencia en lo económico y social como fruto de muchos años de políticas equivocadas y un desordenado manejo de las cuentas públicas derivaron en el actual país en decadencia; lo demuestran los índices de pobreza y marginalidad enquistados en nuestro diario vivir. Una de las grandes deudas de los años de democracia.
Como consecuencia de un notorio desencanto creciente, muchos argentinos, preferentemente jóvenes, han partido buscando otro rumbo que les garantice estabilidad económica, prosperidad y un reconocimiento a su idoneidad. La pérdida de profesionales aquí formados siempre es lamentable.
Por todo ello, desafiante misión recae en la clase dirigente, que tiene siempre la obligación de cumplir con el mandato de sus votantes y conducir, desde el lugar que corresponda a cada uno, el destino de un país que en estos tiempos necesita consolidar su imagen en base a estabilidad económica y seguridad jurídica. Un Estado que inspire confiabilidad. El descrédito es como un certero ataque al patriotismo asumido, con riesgo indudablemente, por los independentistas de 1816.
La independencia se debe consolidar día a día, buscando constituir un país que contenga y que no expulse a sus habitantes, que contagie fervor por un futuro próspero que es posible. De lo contrario, el esfuerzo emancipador que recordamos cada año para esta fecha pasará a ser solamente una parte escrita de nuestra historia.