25 de agosto de 2026 - 00:00

Armas nucleares y un ominoso aniversario

El recuerdo de las dos primeras masacres por bombardeo atómico, de Hiroshima y Nagasaki, en 1945, que deberían ser suficiente advertencia para frenar la carrera armamentista nuclear, vigente en el planeta.

Días pasados se cumplieron 81 años de las primeras explosiones nucleares con fines bélicos de la historia, que causaron la eliminación de miles de personas en segundos.

El 6 de agosto de 1945, los Estados Unidos lanzaron la bomba "Little Boy" en Hiroshima, y tres días después, el 9 de agosto, arrojaron otro artefacto similar, denominado "Fat Man" sobre Nagasaki. Al menos 210.000 civiles murieron en el instante en que produjeron aquellos dos ataques (las estimaciones para cada ciudad tienen un margen de error de ±10.000), según el estudio realizado por Alex Wellerstein, investigador senior del Bulletin of the Atomic Scientists (Boletín de los científicos atómicos).

Demasiado horror para no tenerlo presente esos dos casos de destrucción masiva de seres humanos, ahora que en muchos países se pretende el desarrollo de arsenales nucleares y el aumento de los presupuestos de guerra.

Pareciera que, a los humanos, o a ciertos humanos, no les impresionan ni les afectan las catástrofes naturales que se producen en distintas latitudes de la tierra, y que producen una cuantificable y dolorosa pérdida de habitantes de esas regiones y devastación de la infraestructura edilicia en la que vivían los damnificados.

Por eso reivindicamos en estas líneas las palabras del alcalde de Nagasaki, Shiro Suzuki, de 59 años, quien, hablando con franqueza absoluta en el aniversario de la tragedia de su ciudad, dijo: "Los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki nos obligaron a afrontar la realidad de que la humanidad había traspasado incluso el límite de utilizar armas nucleares contra otros seres humanos. [...] La teoría de la disuasión nuclear es extremadamente arriesgada. Las armas nucleares no son un 'mal necesario' sino un 'mal absoluto', y la humanidad y las armas nucleares no pueden coexistir jamás".

También debe rescatarse el mensaje del secretario general de Naciones Unidas (ONU), António Guterres, quien hizo un marcado alegato antibelicista y a favor de la diplomacia. "La humanidad no debería vivir bajo amenaza permanente", aseguró el dirigente, quien pidió además "liderazgo" y "voluntad política" para reducir riesgos y avanzar hacia el desarme nuclear.

Justo es reconocer en este comentario al fallecido Papa Francisco, quien había sentenciado que “el uso de la energía atómica con fines de guerra es hoy más que nunca un crimen, no sólo contra el hombre y su dignidad, sino también contra toda posibilidad de futuro en nuestra casa común”.

En el mismo sentido se ha expresado el sucesor de Bergoglio, León XIV, quien pronto nos visitará. Su mensaje es rechazar la disuasión nuclear, porque la paz mundial no se logra con el poder atómico sino exclusivamente a través del desarme y el diálogo. Un mensaje para los países que gastan presupuestos incalculables en desarrollos bélicos que acabarían con el hambre en el mundo y para los cuales términos como ojiva nuclear suenan mejor que mesa de negociación.

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