En Mendoza ya no hay que preocuparse solamente por los efectos del zonda cada vez que sopla. Cualquier viento medianamente fuerte nos pone a los mendocinos al borde de un accidente. Esto es, principalmente, por la desidia dominante en todo lo relacionado con el manejo del arbolado, taDnto en las áreas urbanas como en las rurales.
Recientemente el ingreso de un frente frío generó ráfagas de viento del sur relativamente fuertes que volvieron a provocar daños, mayormente por la caída de ramas en la vía pública. Se repitió así, en gran medida, el problema del arbolado seco o mal cuidado afectando bienes de los mendocinos.
En San José, Guaymallén, providencialmente no hubo una tragedia luego de que se desplomara un árbol dejando daños importantes en varios vehículos estacionados. Y también hubo una sucesión de hechos similares en gran parte de la provincia, en total 47, principalmente a raíz de la fragilidad de árboles que al ceder muchas veces rompen cableado eléctrico y de otros servicios, sumando así una serie de inconvenientes a la población.
Es muy lamentable esta sucesión de sucesos que se producen por el mal cuidado del arbolado público, teniendo en cuenta que Mendoza no es una provincia de vientos constantes sino intermitentes y episódicos, según las características de nuestro hábitat junto a la cordillera.
Por todo ello debemos llegar a la conclusión de que falta manejo por parte de las autoridades de turno. Y, consecuentemente, cabe preguntar cuántas muertes hacen falta para que las autoridades tomen con más responsabilidad el tema del arbolado público y cuántos daños materiales más.
Se habla mucho y se conjetura, pero ¿hay algún plan para encarar el problema, o las urgencias a resolver las tienen sólo los funcionarios de turno? Cada forestal necesita cuidados, partiendo del agua de riego.
Se habla de actualización de la legislación vigente, pero nunca se termina de comprender si la voz cantante la tienen los municipios o la provincia. Todo esto mientras la gente se accidenta, en algunos casos perdiendo la vida o sus bienes, sólo por la inoperancia del Estado.
Porque a la hora de las campañas electorales la gran mayoría de dirigentes habitualmente ausentes de los lugares que deben atender aparece en barrios y medios para procurar que la gente los vote y elija y así poder atravesar otros cómodos años en la función pública.
Es prioritario recordar que el árbol en Mendoza constituye una cuestión cultural. Es un símbolo de identidad como resultado del hábitat ganado en esta zona desértica. El cobijo que permitió amparar nuestros oasis productivos. Pero los hechos nos parecen demostrar que, lamentablemente, la desidia de los que deben ser responsables generalmente siempre puede más.