Nuestra provincia, por su idiosincrasia, tiene cultura tradicionalmente forestadora.
La decrepitud se ha apoderado de nuestras arboledas, y es necesario un cambio en el comportamiento de todos los mendocinos para admirar la belleza de los árboles y los beneficios que nos reportan: aportar humedad y oxígeno al ambiente; Reducir dióxido de carbono y el ruido en las ciudades; dar sombra a las veredas y a las viviendas, evitando el calentamiento del suelo y las viviendas.
Nuestra provincia, por su idiosincrasia, tiene cultura tradicionalmente forestadora.
Actualmente disfrutamos del sistema forestal que nos rodea, desconociendo el esfuerzo realizado por los pioneros a principios del siglo XIX.
Observamos daños en forestaciones nuevas hasta llegar a la situación actual de emergencia del arbolado mendocino.
La decrepitud se ha apoderado de nuestras arboledas, y es necesario un cambio en el comportamiento de todos los mendocinos para admirar la belleza de los árboles y los beneficios que nos reportan: aportar humedad y oxígeno al ambiente; Reducir dióxido de carbono y el ruido en las ciudades; dar sombra a las veredas y a las viviendas, evitando el calentamiento del suelo y las viviendas.
¿Qué interferencias pueden llegar a tener los árboles para crecer en una ciudad? El excesivo cableado aéreo; poco espacio en su nicho de plantación; exceso de cementación en veredas y acequias que asfixie sus raíces, impidiendo la llegada de agua; falta de riego; acequias de riego que se han transformado en basurales y focos de infección; la falta de cuidado de las autoridades responsables del cuidado de nuestra arboleda.
Con el accidente que hubo días atrás en San Carlos, nos dimos cuenta que no hay quién se ocupe de nuestra arboleda, pero si uno como vecino al ver un árbol que molesta o está seco, lo sacamos, nos cobran una multa por haber hecho ese “delito”.
¿Pero ahora con las dos muertes ocurridas por el árbol que cayó sobre un auto, a quien le tenemos que poner la multa?
* Marta Miller de Arriaga. DNI: 3.046.224