Otro conflictivo capítulo en su tensa relación con parte del empresariado argentino protagonizó el presidente Javier Milei durante su reciente paso por Nueva York, donde en el marco del Argentine Week, un foro realizado para promover inversiones en nuestro país, y ante importantes empresarios estadounidenses y de otros países, volvió a embestir contra industriales puntuales. “Rocca y Madanes, en connivencia con políticos ladrones, atacaron a los argentinos; pero eso se terminó, se terminó la Argentina corrupta” fueron algunas de las fuertes frases vertidas por el titular del Ejecutivo argentino.
De este modo, Javier Milei repitió, en cuestión de días, la serie de agravios que ya había efectuado con motivo de la inauguración del período ordinario de sesiones del Congreso, cuando, también en su discurso, efectuó la primera crítica pública a los mencionados empresarios del poderoso sector industrial de nuestro país.
Lo lamentable es que el diagnóstico de la economía argentina dado por el presidente argentino ante más de 250 inversores, banqueros y empresarios internacionales, incluso en modo comparativo con lo recibido en diciembre de 2023, fue en línea con las medidas de reforma estructural que su gobierno viene poniendo en práctica desde que asumió y que pretende aumentar y consolidar antes de la finalización de su mandato constitucional, en 2027. Eso es lo que le reconoce el mundo empresario, no sus peleas intestinas.
En base a los lineamientos impuestos por la actual gestión, se espera que en el corriente 2026 la economía comience a generar más acceso al consumo, de modo de aliviar a los sectores medios y bajos de la población, hoy muy ajustados en su día a día. Ya el mundo empresario internacional advierte progresos a partir de un ordenamiento de las cuentas públicas que Argentina no tuvo durante décadas, la desregulación de la economía y con ella la apertura comercial competitiva.
Es en este último aspecto en donde el presidente se ve desbordado por su fervor y comete el error de embestir contra el empresariado industrial que, pese a las dificultades, genera empleo y un alto porcentaje del PIB. Tildar de “chorros”, como dijo el jefe del Estado, a quienes sostienen y defienden la industria nacional es un injusto atropello al esfuerzo de años de muchos emprendedores que vieron crecer sus empresas a pesar de las dificultades.
La apertura comercial a productos internacionales que compitan con los locales debe garantizar a la industria de nuestro país las condiciones elementales de competitividad, de modo de resguardar producción y fuentes de trabajo. Esa es la mayor inquietud.
Por todo ello ventilar diferencias en el exterior es claramente desagradable, imprudente, más aún en ámbitos que pueden resultar decisivos con respecto a la posibilidad de invertir confiadamente en Argentina, lo cual es necesario.