En Mendoza el petróleo tiene un par de particularidades. Una es que en su mayoría es convencional, es decir que aunque hay exploración y expectativas sobre la parte local de Vaca Muerta en Malargüe, este desarrollo es incipiente y a largo plazo. La otra es que muchos pozos petroleros, en especial los de la zona Norte, están cerca de la zona metropolitana desde donde se puede arribar en menos de una hora. Es el caso de Chañares Herrados, un área que está en Anchoris y que colinda con otras dos más como son Piedras Coloradas y Pozo Cercado. Estas dos características son dos motivos que en la actualidad llevan a repensar la industria dadas las diferencias entre convencional y no o entre casi todas las provincias y Neuquén.
Es que el auge del no convencional en la provincia vecina ha llevado al grueso de las grandes firmas petroleras, con YPF a la cabeza, a priorizar recursos y equipos en Vaca Muerta. Allí el petróleo sale “más fácil” por lo que es mucho menos costosa la inversión para la extracción. La relativa cercanía de los pozos del Norte de Mendoza hace, por otro lado, que sea una plaza atractiva para los profesionales del petróleo; sector que con la partida de YPF de las áreas maduras se ha achicado. A la predominancia de la Vaca Muerta neuquina se suma el mayor esfuerzo y dinero que implica trabajar en áreas convencionales que, además, están maduras. Es decir, que vienen dando frutos desde hace más de 50 o 60 años con el agotamiento natural del recurso.
Desde 2021, Chañares Herrados es explotada por Aconcagua Energía, una compañía de capitales 100% nacionales que en diez años se colocó en el sexto puesto en el ranking del petróleo convencional del país. Esta empresa logró hacer repuntar la producción de Chañares Herrados y en 18 meses la llevó de 60 m3 día a 200 m3 día. En la actualidad tienen 28 pozos perforados que poseen una profundidad aproximada de 3.000 metros con una inversión total hasta 2024 de 30 millones de dólares. El desafío aquí no solo es que la producción crezca sino poder perforar el primer pozo propio. O sea, hacer un pozo nuevo que sea de Aconcagua Energía.
Juan Pablo Bridger, gerente de Negocios y de Control de Gestión de Aconcagua Energía, comentó que hay que empezar a pensar a la industria como si fueran dos diferentes. Es que mientras el no convencional explota y crece a pasos agigantados, el convencional maduro se encuentra con dificultades varias con una ecuación que se hace más cuesta arriba. Sin embargo, Bridger cree que el convencional todavía tiene mucho para dar con el foco e incentivos adecuados.
Además del mencionado mayor costo de producción, la disponibilidad de recursos y maquinaria para llevar adelante las operaciones también suele ser escasa en provincias como Mendoza en donde todo el petróleo viene de yacimientos convencionales y una mirada de muy largo plazo del área local no convencional. A sabiendas, el Gobierno de Mendoza ha reducido la carga de regalías a las empresas nuevas y concesiones recientes; plan Andes incluido. La dificultad para conseguir equipos fue uno de los motivos por los que Aconcagua Energía sumó a sus dos divisiones de Petróleo (PAESA) y de Energía (AEGSA), una tercera que está relacionada con los servicios (AENNSA). Aquí no solo cuentan con su propia flota de camiones para trasladar el crudo sino con grúas, cisternas y dos equipos perforadores con el fin de tener disponibilidad cuando se necesite en lugar de ir a la fila de los requerimientos de maquinaria que, en cierto modo, se “apilan” en Vaca Muerta.
El día a día en un pozo petrolero
Los 28 pozos que hoy están en funcionamiento en los 41 km2 de Chañares Herrados Aconcagua y Crown Point Energía –que comparten la concesión- extraen petróleo de tres maneras diferentes. Una es con la clásica cigüeña que formalmente se denomina AIB (Aparto Individual Bombeador) y otra se realiza con los llamados Rota Flex. Ambos métodos son mecánicos y funcionan como lo hace una bomba que “viaja” los más de 3.000 metros para llevar el petróleo hasta una línea de conducción que va hacia la planta de tratamiento del crudo.
La diferencia entre el uso de uno u otro equipo tiene que ver, entre otras cuestiones, con la linealidad mayor o menor del pozo. Es que a tantos metros de profundidad, si las perforaciones son muy irregulares, las varillas que transportan los fluidos tienden a rozar más y, por tanto, poseen más chances de romperse. “Los Rota Flex permiten un desplazamiento más lento y controlado”, explicó Brian Szmulewiez, líder de Activos de Mendoza de Aconcagua Energía. El tercer método que se utiliza en Chañares para extraer petróleo es más complejo y son bombas electrosumergibles que se ubican bajo el agua y pueden tener hasta 30 metros de largo.
Todo el proceso requiere un trabajo continuo en el campo. De este modo, quienes trabajan en los pozos petroleros los recorren todos los días para corroborar su funcionamiento. Todo se hace bajo estrictas normas de seguridad que son monitoreadas de manera constante y que luego se elevan a los supervisores quienes deciden los pasos a seguir. “Si un pozo no produce, se trabaja para ver la causa y a veces se pueden pasar horas hasta poder dar con la falla y repararla”, relató Szmulewiez. La tarea implica precisión no solo por el dinero que hay en juego sino por la importancia de evitar accidentes, derrames o lo que sea que dañe el ambiente.
Cuando Aconcagua se hizo cargo de Chañares, cada pozo llevaba su producción a un tanque asociado, algo que ahora se utiliza solo para monitorear la producción. Entre otras normas técnicas, para extraer el petróleo se realiza una suerte de recuperación primaria en la que se inyecta agua (en un 70%) que debe estar a altas temperaturas para que el petróleo no se solidifique. El calor es clave porque debe mantenerse no solo en la línea de traslado hasta la planta sino también en los tanques y en los camiones que luego transportan el crudo hasta la Unidad LACT (Lease Automatic Custody Transfer) –sistema de medición y transferencia- ubicada en Tupungato, a unos 50 km para derivar el producto a la refinería.
En la planta de Tratamiento el petróleo se ingresa a través de dos máquinas que pueden ser bifásicas o trifásicas en donde se separa petróleo y agua y, de haber, también gas. Como en Chañares no hay gasoducto, el gas que se obtiene se utiliza para calentar los tanques o como energía para otros procesos. Mientras el petróleo llega a la planta de Tratamiento, un operador fiscaliza desde una computadora que todo esté en orden. Gonzalo Poblo, el operador de consola, es el encargado de observar una pantalla con gráficos y números que muestran desde la presión en boca de pozo hasta el porcentaje de agua, llenado y otros datos del petróleo que se extrae.
Desde allí también se controla la salida de los camiones térmicos que deben transportar el crudo para lo cual, llegado el caso, es preciso frenar el llenado o realizar distintas maniobras. Todo se controla para ser llevado a la refinería que es la que compra el producto. Aquí es clave la acción del área de laboratorio que recibe a diario muestras de distintos pozos y de los mismos tanques para corroborar que todo funcione bien. No se trata solo de chequear la “pureza” del petróleo que saldrá en los camiones sino la salinidad del agua y otros análisis que verifican paso a paso a paso la calidad de los procesos.