25 de julio de 2026 - 00:00

Lucas Gilbert: "El productor sabe que tiene que tecnificarse, pero hoy no puede invertir"

El gerente general de Agrocosecha advirtió que la crisis frenó las inversiones del agro y planteó la necesidad de acelerar la reconversión productiva.

En un contexto de fuerte retracción de las inversiones agropecuarias, la incorporación de tecnología aparece como una necesidad ineludible para un productor, aunque cada vez más difícil de concretar. Ese fue uno de los ejes de la conversación con Lucas Gilbert, gerente general de Agrocosecha, durante el ciclo de entrevistas Valor Agregado de Diario Los Andes. Allí analizó el impacto de la crisis sobre el productor, las oportunidades que ofrecen cultivos como el nogal, el pistacho y el olivo, y las tecnologías que marcarán el futuro del agro mendocino.

—¿Cómo atraviesa hoy el agro mendocino este contexto económico?

—Puntualmente hoy estamos ante una situación bastante compleja que empezó desde el año pasado a acentuarse, a empeorar, y este año está un poco peor que el año pasado.

—¿Qué implica ese escenario para un productor que necesita incorporar tecnología?

—Es un contexto bastante complicado, porque el productor lo quiere, sabe que se tiene que tecnificar. Pero hoy día, al no tener prácticamente valor ningún producto agrícola, se le complica bastante. Está en una situación muy compleja y solamente compra lo que le es totalmente necesario, pero no realiza grandes inversiones. Está muy expectante a cómo va a seguir la situación.

—¿Cómo impacta eso en la renovación del parque de maquinaria agrícola?

—El mercado hoy día está muy retraído. Para que te des una idea, este año, interanual comparado con el año pasado, hay una caída de casi un 40% en las ventas de tractores. Y si comparamos 2025 con respecto a 2023, estamos ante una caída de un 30% más. O sea, el mercado está muy retraído, obviamente por las condiciones que estamos mencionando anteriormente.

El productor hoy día compra si le es estrictamente necesario. Si no, repara o rectifica su tractor. También ha habido bastante llegada de tractores de origen asiático, que son de otra calidad y mucho más económicos. El productor quisiera comprar un tractor de mejor calidad, un tractor conocido, pero la situación no lo acompaña y termina accediendo a este tipo de producto.

—En ese escenario, ¿qué cultivos muestran mejores perspectivas?

—Hoy día, funcionando no del todo bien, pero sí se mantiene medianamente bien en el mercado el nogal. El pistacho, por supuesto, que está muy de moda, pero hoy día es una realidad. Y después hay algunos proyectos de alfalfa haciendo megafardos para exportación que de a poco se están haciendo, está creciendo esa actividad y hoy día es rentable. Creo que hay una buena oportunidad.

—¿Qué nivel de tecnificación permite hoy un emprendimiento de nogal?

—Hoy día es prácticamente todo tecnificable. Desde la cosecha hasta la industrialización, el secado de la nuez y también la poda.

—¿Cómo evolucionó la tecnología para la poda?

—Nosotros empezamos con esto hace muchos años. Las primeras máquinas las trajimos en 2014 y, en ese momento, era como una mirada medio rara, como medio mala palabra.

Son unas podadoras, una especie de topinadora, una especie de sierra que tiene seis o siete discos, de casi tres metros de ancho. Es como si fuera una motosierra gigante que se acopla al tractor. Hace la poda horizontal y vertical. De esa manera la planta se mantiene para que no se vaya en altura o en ancho y también sigue siendo eficiente en cuanto a su producción.

—¿Cuánto mejora la productividad?

—Muchísimo más rápida. Estamos hablando de un 70% u 80% mínimo en cuanto a velocidad de poda. Después, algunos años habrá que hacer un repaso manual en algunas partes o algunas plantas para conservar la estructura hacia el futuro.

—¿Y qué ocurre con la cosecha mecanizada del nogal?

—Hoy día tenemos una línea de cosechadoras que importamos de Italia. Son dos máquinas. Una vibradora, que agarra el tronco y lo vibra. Después, cuando la nuez está en el piso, hay una máquina recolectora autopropulsada que va juntando la nuez, la limpia, saca las hojas y deja solamente la nuez. La descarga en una tolva y luego pasa a la línea de secado.

—¿Qué rendimiento logra ese sistema?

—Depende del tamaño de la máquina, porque hay modelos ideales para producciones de 20 hectáreas hasta producciones de 300 hectáreas. Pero tenemos máquinas que pueden cosechar una hectárea en una hora o incluso menos. La velocidad de cosecha es extraordinaria.

—El olivo también volvió a ganar protagonismo. ¿Qué tecnología existe para ese cultivo?

—Importamos una máquina europea que se llama Pellenc. Hoy día es líder mundial y referente en tecnificación para cosecha de viñedos y olivos.

Además, en estos últimos años surgió todo este tema de plantaciones superintensivas para pistachos y también para nogales. Hace un par de semanas estuvimos en La Rioja y hay un proyecto bastante importante para nogal donde está todo en estilo espaldero, justamente para cosecharlo con máquina.

Esa es la tendencia a nivel mundial. También para la ciruela destinada al desecado. El factor principal, tanto monetario como de tiempo, hoy día es la cosecha. Entonces están migrando muchísimos proyectos que antes se cosechaban con máquinas enormes o directamente a mano hacia sistemas superintensivos que permiten trabajar con máquinas de un rendimiento impresionante.

—¿Qué inversión demanda una cosechadora de ese tipo?

—Una máquina de estas hoy día vale entre 250.000 y 350.000 euros aproximadamente, puesta en Argentina.

—¿Y qué sucede con la vitivinicultura?

—El productor chico, mediano o grande sabe que tiene que incorporar tecnología. Hace muchos años empezó con la cosecha mecanizada. Hoy existen máquinas más chicas, tiradas por tractor, para productores de hasta 200 o 300 hectáreas y también un modelo pensado para productores de 20 o 30 hectáreas. Además, hay prestadores de servicios.

Eso ya está muy implantado en la región. A raíz de eso, el año pasado trajimos una podadora totalmente automática para espalderos. Antes se utilizaban prepodadoras que obligaban después a hacer mucho trabajo manual. Esta máquina permite ser mucho más precisa y prácticamente no hace falta repaso manual o es muy leve. Es un paso muy importante porque disminuye muchísimo el tiempo y el costo de la mano de obra de poda, que es el segundo costo más importante después de la cosecha.

—Otro desafío permanente son las heladas. ¿Qué soluciones tecnológicas están disponibles?

—Nosotros importamos una maquinaria neozelandesa, unas torres de aire que generan un movimiento del aire para atacar las heladas. Es un método muy eficiente, muy utilizado en las zonas vitivinícolas del mundo.

Las trajimos hace dos años, ya hemos vendido varios equipos y son muy eficientes. Creo que acá se ha tomado conciencia de que esto es clave para proteger algunas zonas críticas. Primero, porque quemar ya sabemos que no va más. Y segundo, porque es algo muy probado y muy utilizado en el mundo.

—¿Qué cobertura tiene una torre y hasta qué temperatura resulta efectiva?

—Depende del modelo, pero cubre entre cinco y ocho hectáreas aproximadamente. Funciona muy bien con heladas de hasta cinco grados bajo cero. Si la helada es más intensa, es recomendable acompañarla con calefactores que pueden funcionar con pellet y hacen que el sistema sea mucho más efectivo para temperaturas de ocho o diez grados bajo cero.

—¿Dónde se están utilizando principalmente?

—La mayoría de las máquinas que hemos vendido fueron para el Valle de Uco. También hemos tenido muchísimas cotizaciones para Neuquén, San Juan y La Rioja. Vendimos una máquina para Balcarce, en un proyecto vitivinícola muy chico enfocado en la parte turística.

—¿Cuáles son las tecnologías que marcarán el futuro del agro?

—El uso de drones ya está totalmente instalado. Ha crecido exponencialmente y hoy es indiscutible, tanto para productores grandes como para productores chicos que contratan el servicio.

Después hay un robot autónomo de pulverización, que nosotros llamamos un dron terrestre. Lo presentamos en la feria. Hace pulverización desde abajo hacia arriba en lugares donde el dron aéreo no es tan efectivo, como un espaldero de viña donde la uva está debajo. Funciona de manera totalmente autónoma. Se hace el mapeo del cuadro donde tiene que trabajar y después trabaja automáticamente.

—Si proyectara a Mendoza dentro de cinco años, ¿cómo imagina el agro provincial?

—Creo que hoy día se están planteando diferentes escenarios de reconversión, sobre todo en la zona Este. Yo soy de la zona Este, mi familia tenía viñedos y frutales de toda la vida, entonces conozco muy bien la realidad.

Hay que separar dos situaciones. Una es el productor de 50 hectáreas para arriba, que quizá tiene acceso a otra tecnología y otra inversión. Ahí veo un potencial nuevamente para el olivo. El aceite de oliva a nivel internacional está teniendo muchísima demanda y, por lo que dicen los especialistas, esa demanda va a seguir creciendo.

También veo mucho potencial en la producción de megafardos de alfalfa para exportación. Hay varios proyectos y están viniendo inversores de Emiratos Árabes a comprar cinco o seis mil hectáreas para desarrollar este tipo de producción.

El otro punto son los productores chicos, de 15 o 20 hectáreas. Para ellos se están planteando modelos más accesibles, con inversiones bajas, para producir forraje y luego desarrollar ganadería regenerativa. Me parece bastante lógico porque coincidimos en que el sistema que hoy tenemos en la vitivinicultura obligadamente se tiene que reconvertir, como ya está ocurriendo en la mayoría de las zonas vitivinícolas del mundo.

En Burdeos se vienen arrancando más de 40.000 hectáreas. En Estados Unidos pasa exactamente lo mismo. En España también se están erradicando viñedos con apoyo del Gobierno para avanzar en la reconversión. Queramos o no, tenemos que analizar esta situación e ir por ese camino. Hay que hacer un planteo estratégico para los próximos cinco o diez años para que esa reconversión, con ayuda de todos los sectores, sea productiva a lo largo del tiempo.

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