Un año después de su llegada al Kremlin, la economía, en plena desaceleración, se está convirtiendo en el nuevo dolor de cabeza del presidente ruso, Vladimir Putin.
Un año después de su llegada al Kremlin, la economía, en plena desaceleración, se está convirtiendo en el nuevo dolor de cabeza del presidente ruso, Vladimir Putin.
En este año, el panorama se ha nublado tanto que los observadores más pesimistas temen un regreso del escenario de 2008-2009, años en los que la crisis mundial y la bajada del precio del petróleo llevaron a la economía rusa a una caída en picada.
El crecimiento económico, que ya se redujo al 3,4% en 2012, se estancó a principios de año y alcanzó en el primer trimestre un 1,1% interanual gracias a una recuperación inesperada en marzo.
La producción industrial se contrajo por primera vez desde 2009. El consumo, apoyado por una tasa de desempleo históricamente baja 6%, se desaceleró.
El gobierno redujo recientemente su previsión de crecimiento para 2013 del 3,6% al 2,4%. A ese ritmo, la economía rusa está lejos del 7 u 8% de crecimiento anual que vivió durante los dos primeros mandatos de Vladimir Putin (2000-2008).
Estos resultados son aún más decepcionantes si se tiene en cuenta el hecho de que Vladimir Putin regresó al Kremlin con la promesa de que la economía crecería más del 5% anual a largo plazo.
"La economía está en recesión. Las promesas sociales se ven amenazadas (...) Rusia se vuelve cada día menos competitiva", escribió en su blog el multimillonario Mijaíl Projorov, que obtuvo el tercer lugar en las elecciones presidenciales.