“O comemos o tomo las pastillas”, se lamentaba un paciente español en lágrimas, recuerda su cardiólogo, tras admitir que había cesado su tratamiento cuando los recortes en el sistema público de salud en España lo obligaron a pagarlo de su bolsillo. “Lágrimas silenciosas, sin aspavientos”, afirma Maximiliano Diego, cardiólogo que ejerce en Salamanca (noroeste de España), sobre este padre de familia que, como consecuencia, sufrió un segundo infarto grave.
“Lloraba de miedo ante la proximidad de la muerte (...) pero sobre todo lloraba de vergüenza, al tener que mentir a su médico porque no se atreve a reconocer que no tiene suficiente para pagar el tratamiento”, escribió en un artículo publicado en la web de la Asociación para la Defensa de la Sanidad Pública.
Es sólo un ejemplo del costo humano de las políticas de austeridad que arruinaron al que la Organización Mundial de la Salud (OMS) había calificado en 2000 como el séptimo mejor sistema de sanidad del mundo. Un tema de preocupación de cara a las elecciones legislativas del 20 diciembre.
“Hemos visto un aumento en las listas de espera, un deterioro de la calidad de los servicios, y una fuerza de trabajo diezmada que denuncia su agotamiento”, afirma Helena Legido-Quigley, experta en la salud pública española de la Saw Swee Hock School of Public Health de Singapur.
Los recortes presupuestarios -de 70.000 millones de euros (77.000 millones de dólares) en 2009 a 53.000 millones de euros en 2014- y un decreto que en 2012 excluyó a los inmigrantes irregulares del sistema general y acabó con los medicamentos gratuitos para los jubilados provocaron protestas multitudinarias en todo el país.
Legido-Quigley estima en unas 500.0000 las personas viviendo irregularmente en el país que de repente se vieron privadas de servicios con el fin de la tan loada "sanidad universal" española, que los activistas defienden como un derecho fundamental.
Fue el caso de Rosa Milca Sosa Quijano, una uruguaya de 72 años que vive en España con su hija desde hace 13.
El año pasado fue sometida a una operación cardíaca de emergencia -las urgencias siguen abiertas a las personas sin tarjeta sanitaria- pero no puede recibir el tratamiento de seguimiento que necesita. “No tengo más nadie”, dice entre sollozos.
Rajoy recibió una trompada
Un adolescente golpeó en la cabeza al jefe de gobierno español Mariano Rajoy después de lograr acercarse a él durante un acto de campaña en la ciudad de Pontevedra en la que el líder creció.
El agresor, que no ha sido identificado, se colocó justo a un lado de Rajoy como para sacarse una foto y le propinó un golpe al rostro con el puño izquierdo. Agencia AP