Después de que fuertes inundaciones destruyeran numerosas viviendas en los campamentos saharauis de Tinduf, Tateh Lehbib Breica tenía una preocupación especialmente cercana: reconstruir la casa de su abuela Koria. La solución que encontró era tan extraña para sus vecinos que muchos comenzaron a llamarlo “el loco de las botellas”.
El ingeniero terminó utilizando alrededor de 5.000 envases plásticos de un litro y medio, rellenos principalmente con arena, para levantar una vivienda circular adaptada a uno de los entornos más extremos del norte de África.
Lo que empezó como un proyecto familiar terminó convirtiéndose en una experiencia replicada en varios campamentos.
De recoger botellas solo a recibir el apoyo de ACNUR
El origen estuvo en las inundaciones de octubre de 2015, que dañaron viviendas de miles de familias en la zona de Tinduf. La casa de Koria fue una de las afectadas.
Tateh estudiaba entonces un máster relacionado con eficiencia energética y construcciones adaptadas a zonas desérticas. Cuando regresó a los campamentos comenzó a buscar una alternativa a las viviendas tradicionales más vulnerables frente al agua y las tormentas.
El inicio no fue sencillo. Iba personalmente a los vertederos a recoger botellas, porque buena parte de su familia y sus amigos desconfiaban de la idea.
Los envases eran llenados con arena y utilizados como si fueran grandes ladrillos. El diseño circular tampoco era solamente estético.
Por qué las casas tienen forma redonda
Las construcciones tienen aproximadamente cuatro metros de diámetro. Su forma ayuda a reducir la acumulación de arena contra las paredes durante las tormentas y evita que una única superficie reciba de manera permanente la radiación solar directa.
Las botellas se unen mediante una mezcla de arena y paja, mientras que la estructura utiliza cimientos de cemento y un revestimiento exterior de tierra y cal. Además, el doble techo y las ventanas colocadas a diferentes alturas favorecen la circulación del aire.
ACNUR conoció el proyecto y decidió financiar su ampliación mediante su Fondo de Innovación.
De una casa para su abuela a otras 25
La iniciativa recibió 55.300 euros de financiamiento y permitió construir otras 25 viviendas destinadas a personas y familias vulnerables de los cinco campamentos saharauis próximos a Tinduf. El proyecto también generó trabajo durante las obras.
El propio Tateh posteriormente aclararía algo importante: su propuesta nunca fue llenar el desierto de plástico. Las botellas eran, para él, una demostración de que podía aprovecharse aquello que ya estaba disponible y abandonado en un lugar sin un sistema suficiente de reciclaje.