Menos de dos meses después de ser elegido, el papa Francisco encuentra entre sus manos un conflicto serio, que causa una alta tensión entre la Santa Sede y la Iglesia de Puerto Rico.
Menos de dos meses después de ser elegido, el papa Francisco encuentra entre sus manos un conflicto serio, que causa una alta tensión entre la Santa Sede y la Iglesia de Puerto Rico.
El dolor de cabeza para el argentino Jorge Bergoglio es la probable destitución del cargo de arzobispo de San Juan de Puerto Rico de monseñor Roberto González Nieves, de 62 años, quien se niega a renunciar a su cargo pese a varias acusaciones, entre ellas la de haber protegido a curas pederastas.
Francisco tropieza con un escándalo que ya estaba en pleno desarrollo el 13 de marzo, cuando el Cónclave lo consagró Papa.
El 15 de diciembre, monseñor González Nieves, quien al parecer cuenta con el apoyo de la mayoría de los obispos puertorriqueños, respondió a la convocatoria imperiosa del Vaticano y se reunió aquí con el prefecto de la Congregación para los Obispos, el canadiense Marc Ouellet, que fue uno de los papables en el Cónclave.
El cardenal Ouellet le refirió los cargos en su contra y, tras una viva discusión en la que el arzobispo de San Juan negó los cargos contra él, le pidió la renuncia a la sede metropolitana y que eligiera otro destino dentro de la Iglesia. La respuesta llegó en febrero con una carta de seis páginas en la que González Nieves se mostró indignado.