1 de julio de 2013 - 21:53

Dilma enviará al Congreso el plebiscito de reforma política

Lo hará hoy para intentar calmar las históricas protestas que sacudieron estos días al país. Convocó a una reunión urgente de Gabinete para definir los detalles del proyecto.

Una vez concluida la Copa Confederaciones con la victoria de Brasil y preparando la visita del Papa en julio a Rio, la presidenta Dilma Rousseff enviará hoy al Congreso un proyecto de plebiscito para calmar históricas protestas, mientras digiere el derrumbe de su popularidad.

En declaraciones a la prensa anoche al margen de una reunión con sus ministros, la mandataria confirmó que hoy enviará el proyecto al Congreso, el único órgano que puede convocar un plebiscito sobre una reforma política.

"Mañana (por hoy) vamos a enviar nuestra sugerencia de un plebiscito con las líneas generales de lo que creemos más importante", anunció la mandataria.

Rousseff confirmó que la propuesta de consulta se basará principalmente en el financiamiento de las campañas políticas y el sistema de votación, pero que es el Congreso el encargado de formular las preguntas.

Una fuente del gobierno ya había adelantado que los dos grandes temas de la consulta serán la financiación de partidos y campañas y, por otro lado, el diseño de un sistema electoral que acerque más a votantes y políticos.

Las protestas por mejores servicios públicos y contra la corrupción amainaron la semana pasada, reduciéndose sustancialmente este lunes. Una de las grandes demandas de los manifestantes ha sido realizar una reforma política.

Las movilizaciones, las mayores en las últimas dos décadas, derrumbaron la popularidad de la presidenta en 27 puntos según una encuesta de la firma Datafolha difundida el sábado.

"Nunca comenté una encuesta, ni que fuera para arriba ni para abajo", declaró Rousseff este lunes. "Es el retrato de un momento que tenemos que respetar", añadió.

Un viejo proyecto

La reforma política, un viejo proyecto del oficialista Partido de los Trabajadores (PT, izquierda) y de otras siglas, es vista como un antídoto a la crisis de representatividad, al rechazo a los políticos y a la corrupción expresado por los manifestantes, quienes denuncian el elevado gasto público para el Mundial 2014 y piden más dinero para educación, transporte y salud.

Rousseff pretende que el plebiscito sea organizado a contrarreloj, para que el Congreso apruebe la reforma antes de octubre, fecha límite para que pueda ser aplicada un año después en las elecciones de 2014, algo que muchos consideran casi imposible. La presidenta cuenta con una aplastante mayoría en el Congreso, pero la base aliada es poco fiel a los designios del gobierno.

La presidenta del Tribunal Superior Electoral de Brasil, Carmen Lucia, dijo el lunes que "la justicia electoral está siempre preparada", dando a entender que podría cumplir con los plazos.

Rousseff dijo que ya entregaron a este organismo un proyecto con plazos y procedimientos.

Escuchar las calles

"Nuestra obligación es escuchar el mensaje (de las calles)", dijo Rousseff más temprano, reiterando que, con el plebiscito, sigue en pie su empeño por ofrecer con gobernadores y alcaldes "soluciones rápidas y concretas para algunos problemas de la economía, el transporte, la salud, la educación y la política".

Mientras tanto, la mandataria digería la dramática caída en su popularidad - de 57 a 30% - en las tres semanas de intensas protestas callejeras, según Datafolha.

Y suerte similar corrieron gobernadores y alcaldes de las grandes metrópolis, Río y San Pablo: la aprobación del gobernador de Sao Paulo, Geraldo Alckmin, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) cayó 14 puntos y quienes consideraban la gestión del alcalde Fernando Haddad buena o muy buena disminuyeron de 34% a 18%, según la misma encuesta.

En Río de Janeiro, el gobernador Sergio Cabral perdió 30 puntos de popularidad y el alcalde, Eduardo Paes, 20. Ambos pertenecen al Partido del Movimiento Democrático (PMDB), de la coalición de gobierno.

Rousseff sigue encabezando las encuestas para las presidenciales de 2014, pero enfrentaría una segunda vuelta. Un 55% de los encuestados con pregunta abierta dijeron no tener candidato. Hasta el popular expresidente Luiz Inacio Lula da Silva perdió entre nueve y diez puntos en la intención de voto, aunque Lula descartó que será candidato en 2014.

El presidente y probable candidato presidencial de la socialdemocracia, Aecio Neves, reconoció la crisis que enfrenta la política: las encuestas muestran "una insatisfacción de los brasileños que, pienso, no sea apenas con la presidenta, sino con la clase política en general, en razón de la ausencia de respuestas efectivas".

Por otra parte, el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, dijo estar "contento" de que las manifestaciones hayan "tenido una pausa" para dar lugar "a un evento extraordinario" en la final del domingo.

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