Por la décima fecha de la Liga Profesional, Independiente Rivadavia recibió a Huracán en el estadio Bautista Gargantini. Una vez más, la Lepra mendocina tuvo el respaldo incondicional de su gente, que colmó las tribunas y transformó La Catedral del Parque en una caldera de aliento, color y pasión.
Como ya es costumbre, la hinchada leprosa no paró de cantar durante los 90 minutos, aún cuando el equipo de Alfredo Berti no logró desplegar su mejor versión ni generar demasiado en ofensiva. En contraste con el fervor de las gradas, el rendimiento en el campo dejó más dudas que certezas.
A pesar del empate sin goles y de una producción futbolística discreta, el ambiente en el Gargantini volvió a ratificar que la Lepra juega siempre con uno más: su gente.
Cuando la pelota no entra, pero canta la tribuna
La Catedral del Parque fue, una vez más, escenario de una fiesta popular. Mientras la pelota se negaba a rodar con sentido y el partido se empantanaba entre imprecisiones, la tribuna popular mantuvo viva la llama leprosa.