Gimnasia y Esgrima lo dio vuelta y Franco puso su sello: "Había que creer que se podía"

En su debut, el Lobo aprovechó sus momentos y pasó del 0-2 a un 3 a 2 épico y bajó al puntero en un cierre inolvidable en el estadio Víctor Legrotaglie. El entrenador destacó la intensidad y mentalidad del equipo.

Fue, sin dudas, el partido más emotivo que ha jugado Gimnasia y Esgrima en lo que va del campeonato desde su regreso a Primera División. No solo por el resultado, sino por la form,: una muestra de carácter, juego y respuesta ante la adversidad en el debut de su nuevo entrenador, Darío Franco, un técnico que llegaba resistido y bajo la lupa de muchos.

Y lo cierto es que el arranque parecía darle la razón a sus detractores. En apenas diez minutos, el Lobo ya caía 2 a 0 y el panorama era desolador. Vélez lo superaba con claridad en el Víctor Legrotaglie, lo dominaba en todos los sectores y daba la sensación de que la historia podía terminar en goleada. La tribuna, impaciente, rugía como nunca y el clima era de incertidumbre total.

Parecía el principio del fin.

Del desconcierto a la reacción

Pero algo cambió. Y no fue solo futbolístico. Fue anímico.

El propio Franco lo explicó después del partido: “Creo que la fortuna también es necesaria, pero el convencimiento de los chicos de que se podía revertir fue clave. El gol sobre el final del primer tiempo nos dio mucha vida. Los últimos minutos fueron muy buenos, con remates, centros y situaciones. El equipo terminó jugando bien y el premio fue ese gol. Lo que hizo el equipo para llegar a ese gol fue muy bueno”.

Y vaya si se acomodó Gimnasia. Lo que siguió fue una reacción que puede quedar en la memoria del hincha: intensidad, decisión y una búsqueda constante que terminó empujando a Vélez contra su propio arco.

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Darío Franco,entrenador de Gimnasia y Esgrima.

Darío Franco,entrenador de Gimnasia y Esgrima.

Nombres propios de la levantada

Hubo nombres propios que explican la levantada. Facundo Lencioni, de flojo primer tiempo, se transformó en una pieza clave en el complemento. También crecieron Ulises Sánchez, Brian Andrada, Ezequiel Muñoz y Módica, pilares de una remontada que tuvo tanto de juego como de convicción.

Desde la línea, Franco vivió el partido con intensidad, contagiando a sus dirigidos. Su figura se fue agigantando a medida que el equipo respondía.

Sobre la actitud del equipo, el DT fue claro: “Dieron ese plus que siempre hay que dar cuando las cosas están mal. El equipo fue al frente, estaba jugado. El primer gol nos revitaliza, nos despierta y ahí nos dimos cuenta de que se podía”, dijo el entrenador.

El gol que cambió todo

Otro de los aspectos clave fue la pelota parada, que terminó siendo determinante en el resultado: “La pelota parada puede abrirte un partido o definirlo, y hoy fue la herramienta que nos permitió ponernos de pie. Quiero destacar la pegada de Facundo (Lencioni), que tiene mucho que ver en los goles, y también a los cabeceadores como Diego y Agustín. Son recursos que tenemos que aprovechar”, indicó el DT.

Incluso llegó a pararse con tres delanteros naturales (Simoni, Sabatini y Módica), aunque en distintas posiciones, empujando al rival contra su arco. “Son tres nueves por características, pero jugaron en otros puestos. Los cambios fueron puesto por puesto y Nacho entró como extremo. Pero sí, son jugadores con vocación ofensiva”, explicó Franco.

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Agustín Módica con su golazo puso el empate en el Lobo, que terminó imponiéndose 3 a 2 a los de Liniers.

Agustín Módica con su golazo puso el empate en el Lobo, que terminó imponiéndose 3 a 2 a los de Liniers.

La clave: mentalidad e intensidad

Para el entrenador, la clave estuvo en la mentalidad: “La intensidad y el convencimiento de los chicos de decir ‘vamos, porque hay posibilidades’. Este rival juega bien, pero había que aprovechar los momentos. El futbolista tiene que irse al vestuario sintiendo que lo dio todo, más allá del resultado”, comentó el alineador del equipo del Parque.

Y esa fue, justamente, la sensación que dejó el equipo.“Los felicité y les agradecí cómo fueron a buscar el resultado, sobre todo en los últimos 25 minutos del primer tiempo. También me gustó la actitud en el segundo tiempo, siempre arriesgando y creyendo que se podía empatar y después ganar”, cerró el DT.

Lo que ocurrió en el Víctor Legrotaglie no fue solo una victoria. Fue una señal. Un equipo que parecía quebrado encontró respuestas, se levantó a tiempo y mostró una identidad que hasta ahora no había logrado sostener.

Una reacción que no solo valió tres puntos, sino que puede significar el punto de partida de algo mucho más importante.

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