El festejo de Stale Solbakken tras clasificar a Noruega a la siguiente fase del Mundial 2026 se transformó en la imagen más compartida del torneo. El entrenador subió a las gradas y le dio un beso a su esposa, Anniken, en un gesto que esconde una historia de muerte clínica y una recuperación médica excepcional.
Para Solbakken, el triunfo 3-2 ante Senegal significó mucho más que un avance deportivo en la Copa del Mundo. Tras el pitido final, el seleccionador escaló hacia las tribunas para encontrar a su familia. Al ser consultado por la espontaneidad del gesto, el entrenador reconoció: "No sabía dónde estaban ubicados, así que tuve que encontrar la manera de subir a las tribunas".
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Stale Solbakken, DT de Noruega.
EFE/ Sebastiao Moreria
Siete minutos de muerte clínica y un túnel azul
El 13 de marzo de 2001, Solbakken se desplomó durante un entrenamiento con el Copenhague de Dinamarca. El exfutbolista detalló las consecuencias de ese episodio: "Mi corazón dejó de latir. Estuve técnicamente muerto durante siete minutos". Respecto a su visión mientras estaba inconsciente, recordó: "Al principio no veía nada, solo una oscuridad total. Luego apareció un azul claro... llamémoslo túnel. Era una luz hermosa".
La intervención del médico Frank Odgaard fue determinante al realizar masajes cardíacos hasta que llegó la ambulancia. El profesional admitió que fue un milagro porque su corazón estuvo detenido. Solbakken permaneció en coma durante casi 30 horas. Mientras tanto, su familia se preparaba para el peor desenlace: "Me contaron que, durante el vuelo, mi madre empezó a organizar mi funeral".
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Stale Solbakken con el plantel de Noruega.
EFE/EPA/GREG M. COOPER
Incluso, tras la recuperación, fue sometido a pruebas extremas para verificar el funcionamiento de su desfibrilador implantado. El técnico explicó que en ese procedimiento "te matan... durante unos segundos o hasta un minuto y luego te devuelven a la vida". El episodio dejó secuelas en su esposa, Anniken, quien entonces tenía solo 23 años y dos hijos pequeños. El técnico admitió: "Mi esposa todavía no puede hablar del tema, a pesar de que han pasado tantos años".
Esta vivencia modificó sus prioridades: "Esa historia me enseñó a ver la vida de otra manera. Ahora entiendo lo que realmente importa". Solbakken asegura que ya no se agobia por cuestiones superficiales y vive la vida con mayor ligereza. El beso viral es el cierre de un ciclo que comenzó con una tragedia y terminó en una histórica clasificación mundialista.