El Papa Francisco nombró una comisión de cinco miembros para que investigue el Instituto para las Obras de Religión (IOR), el Banco Vaticano, cuestionado desde hace décadas por sospechas de que sirve para el lavado de dinero, anunció hoy la Santa Sede.
En sus 71 años de historia, el IOR ha sido vinculado al fraude y al lavado de dinero y está siendo investigado por los jueces italianos. Sin embargo, en los últimos años ha hecho esfuerzos por una mayor transparencia.
La comisión estará compuesta por cuatro prelados -dos de ellos cardenales- y por Mary Ann Glendon, una profesora laica en la Escuela de Leyes de Harward y ex embajadora estadounidense ante la Santa Sede.
El Papa creó el comité porque “quiere conocer mejor la posición legal y las actividades del instituto de modo de que estén en mayor armonía con la misión de la Iglesia Universal y la Sede Apostólica”.
La medida parece confirmar las expectativas de que Francisco quiere reformar de manera radical la Curia romana. Ha nombrado ya además otro comité para que proponga reformas en este sentido, que se debatirán a partir de octubre.
Desde su elección hace tres meses, el Papa ha evitado todas las muestras de pompa y protocolo y ha dicho que instituciones como el IOR son “necesarias sólo hasta cierto punto”, a la vez que se ha manifestado a favor de una “Iglesia pobre, para los pobres”.
Hace dos semanas nombró al monseñor Battista Mario Salvatore Ricca como el nuevo secretario de los encuentros de la comisión cardenalicia de vigilancia del Banco Vaticano, una decisión considerada como su primer intento por aumentar los controles sobre la institución.
El Banco, fundado en 1942 por Pío XII, con activos por 7.100 millones de euros, maneja miles de cuentas de curas y monjas en todo el mundo, desde simples hermanas filipinas que vienen a estudiar a Roma, pasando por obispos y cardenales, hasta poderosas congregaciones religiosas repartidas en todos los rincones del planeta.
Escándalos como la quiebra del banco Ambrosiano de 1982, que involucró a la mafia, la masonería y los servicios secretos estadounidenses, mancharon la credibilidad del Banco del Papa, acusado de lavar el dinero sucio de organizaciones criminales a través de cuentas anónimas.