En nuestra ciudad, hace apenas unos días, surgió una duda acerca de la escritura correcta del vocablo “homenaje” grabado con “g”.
Releía en estos días estos conceptos que, a modo de presentación, figuran en la obra académica El buen uso del español: "La norma, como el aire, se halla presente en todos los instantes de nuestra vida. Es un maestro de ceremonias virtual que va guiando la forma y la enjundia de todas nuestras actividades, de nuestras relaciones, de nuestras aficiones e, incluso, de nuestros sueños. (… ) Comunicarse es adoptar un comportamiento social sujeto no solamente a las reglas del código lingüístico, sino también a pautas sociales que intervienen en todos los aspectos de la comunicación. (… ) La investigación académica abandonó hace ya tiempo la vetusta idea de la norma única. La razón es simple. La percepción de los usos correctos varía de acuerdo con el tiempo, pero también en paralelismo con otros parámetros como la distribución geográfica, los niveles de lengua, las situaciones, los géneros discursivos".
En relación con estas afirmaciones, debemos atender a lo sucedido en nuestra ciudad, hace apenas unos días, cuando surgió una duda acerca de la escritura correcta del vocablo 'homenaje', grabado con 'g', en un lugar público. Primero, se instaló la crítica y, con ella, la duda; afortunadamente, ambas quedaron totalmente aclaradas cuando se averiguó, a través del Diccionario de autoridades, de la Real Academia Española, que el término cuestionado había variado su grafía a lo largo del tiempo; que otrora su escritura había sido, como otros términos con igual terminación, en -age, pero que, por convención, se escribe hoy con -j-, al igual que 'paisaje', 'peaje', 'garaje', 'alunizaje', 'ropaje'… ; pero, como en toda regla, hay excepciones: la palabra 'ambages' es una de ellas. Su significado es "rodeos de palabras, circunloquios, caminos intrincados". Ustedes me podrán decir que es un vocablo poco usual; yo refutaré este argumento diciendo que existen, al menos, dos usos vigentes para el término: el primero es la locución adverbial 'sin ambages', con el valor de "sin vueltas, directamente". Lo escuchamos utilizado preferentemente en plural en ejemplos como "Me dijo la cruel verdad sin ambages". Es de género masculino.
Además, el término designa la modalidad literaria elegida por el escritor argentino César Fernández Moreno, en su obra titulada, precisamente, Ambages. Es el propio autor quien elige esta forma para expresarse: son frases breves, insinuantes que, a veces, nos hacen reír y, otras, nos dejan pensando. Son ambages, por ejemplo: "De cariño y de farmacia, la mujer nunca se sacia"; "Las orejas ponen a la nariz entre paréntesis"; "Los hombres inventaron el despertador; las mujeres, el arrorró"; "Los grillos dirigen el tráfico del campo".
La otra expresión que abre un signo de pregunta a las generaciones más jóvenes es, también, una locución verbal: 'dar/darse de bruces'. No se la encuentra usada en singular, es de género femenino y puede aplicarse para significar "topar de frente": "Salí rápidamente y me di de bruces con ese personaje tan desagradable". También toma el valor de "encontrar inesperadamente": "De pronto, se dio de bruces con un problema de grandes dimensiones". La expresión 'de bruces' es, en cambio, una locución adverbial cuyo significado es "boca abajo, con la cara hacia abajo": "Salió corriendo tan precipitadamente que cayó de bruces". También, aunque quizás menos, puede decirse 'de buces', con el mismo valor significativo, relacionado muy probablemente con 'bozo' y con 'buz' ("labio, reborde exterior de la boca").
Alguien no demasiado joven utiliza, para describir un modo de obrar, la locución 'a hurtadillas'; la mayoría de los interlocutores no entiende el valor significativo de la expresión. El diccionario académico nos dice: "Furtivamente, sin que nadie lo note". Deriva del verbo 'hurtar', que equivale a "robar", y de 'hurtarse', que es definido como "ocultarse, desviarse"; por eso, la locución encierra el sentido de pasar inadvertido, de realizar algo de modo secreto; metafóricamente, accionar 'a hurtadillas' es como hacerlo robando, casi escondido: "Creí adivinar que, a hurtadillas, seguía cada una de mis acciones".
¿Y qué queremos decir al afirmar 'me miró de hito en hito'? En primer lugar, veamos qué es un hito. El término, derivado del latín "fictus" ("clavado"), designa cada poste de piedra fijado para indicar la dirección o la distancia en los caminos y para delimitar terrenos; pero, además, un hito es el blanco o punto al que se dirige la vista o la puntería para acertar un tiro. Advertimos, pues, que también aquí el hablar es metafórico, ya que se trata de fijar la mirada en un objeto, sin distraerla a otra parte, como si lenta y analíticamente se dirigiera la vista a cada uno de los hitos clavados en algún sitio: "Lo miró de hito en hito, inquisitivamente, como si quisiera adivinar sus intenciones".
¿Cuándo decimos que algo salió 'de perlas'? Si usamos la palabra 'perla' en forma aislada, podremos aludir a la concreción nacarada, generalmente de color blanco agrisado, que suele formarse en el interior de la concha de algunos moluscos; pero, también, se le llama 'perla' a una cosa preciosa o exquisita en su clase o a una persona de excelentes prendas. Si algo fue o salió 'de perlas', significará que el resultado fue perfecto, como salido de un molde.
Finalmente, alguien ha preguntado qué valor posee la expresión 'a horcajadas'. Es una locución con valor adverbial, cuyo significado es, dicho de la manera de montar, cabalgar o sentarse, "con una pierna a cada lado de la caballería, persona o cosa sobre la que se está". Esta locución, siempre usada en plural, se relaciona con 'horcajo', horca de madera que se pone al pescuezo de las mulas para el trabajo; se usa 'a horcajadas' no solamente para referirse al modo de montar un animal, sino que, por extensión, se aplica a la manera de sentarse sobre cualquier otro lugar, con una postura similar: "La llevó a horcajadas sobre el asiento de atrás de su moto".