10 de abril de 2013 - 00:02

La Dama de Hierro y las relaciones entre Argentina y Chile

El fallecimiento de Margaret Thatcher vuelve a poner en foco el conflicto de las Malvinas y las relaciones vecinales. Sobre todo porque está fresco el recuerdo de la solidaridad de la Dama de Hierro con el ex dictador chileno, Augusto Pinochet, durante su detención en Londres (1998).

En esa oportunidad, Thatcher reconoció públicamente que Chile había ayudado a las fuerzas británicas durante la guerra del Atlántico Sur, lo cual impulsó a los sectores nacionalistas argentinos a avivar los sentimientos antichilenos.

Se trata de un malentendido, que tiende a intoxicar las relaciones de amistad y confianza entre los pueblos. Y por tal motivo, es importante aclarar lo que ocurrió.

Hasta febrero de 1978, las relaciones entre Argentina y Chile se desenvolvían dentro de los lazos de amistad. En 200 años de historia, hubo roces naturales entre vecinos, pero siempre se solucionaron las diferencias por vías diplomáticas y pacíficas. Los 5.300 km de frontera compartida se delimitaron la mayor parte de las veces, por consenso, y en algunos casos, por arbitrajes.

El Tratado de 1881 y los arbitrajes de la Puna 1899 (arbitrado por EEUU), de la zona sur en 1902 (laudo del rey de Inglaterra Eduardo VII), y de la zona de Palena y California en 1966 (laudo de la reina de Inglaterra Isabel II), permitieron solucionar disputas sobre cientos de miles de km2 de territorio.

Esto fue parte de una política de Estado: Argentina también resolvió por arbitrajes asuntos de límites pendientes con Paraguay (1876) y Brasil (1895). Argentina consolidó su prestigio internacional como país predecible y capaz de respetar el derecho, en vez de usar la fuerza.

En esta línea, como todavía quedaban algunos puntos por definir, se volvió a convocar a los expertos internacionales para resolver la soberanía de las tres islas del Canal de Beagle. La comisión quedó formada por cinco expertos de cinco países distintos. Ese cuerpo, tras un lustro de estudio, falló en favor de Chile. El dictamen fue avalado por la reina Isabel II y publicado el 2 de mayo de 1977.

Todo parecía encaminarse hacia la solución definitiva de este conflicto. Solo faltaba que el gobierno argentino lo aceptara oficialmente, tal como había hecho en los anteriores arbitrajes.

Sin embargo, en febrero de 1978, el gobierno militar rompió esta tradición jurídica de la Argentina. En un insólito giro, resolvió rechazar el resultado del laudo, al cual declaró "nulo". El gobierno argentino sabía que ello significaba romper con la comunidad internacional, alterar los principios fundamentales del derecho de gentes y la moral kantiana.

Pero, como Argentina es tres veces más grande y poderosa que Chile, el gobierno consideró que podía imponerse por la fuerza y obligar a Chile a cederle lo que el derecho le había negado.

Para aumentar la presión, el gobierno militar argentino estrechó lazos diplomáticos, militares y geopolíticos con Perú y Bolivia, a los cuales animó a reactivar sus resentimientos por la derrota de la Guerra del Pacífico.

En este contexto, Chile acorralado, hizo lo que todos los países del mundo hacen en situaciones equivalentes: buscar una alianza por detrás, que alivie la presión de la amenaza directa. Tanteó a Brasil, pero no obtuvo ningún resultado. La tensión dentro de este país, fue en ascenso.

La guerra entre Argentina y Chile parecía imparable. En este contexto de extrema angustia, se produjo la providencial intervención de EEUU y del papa Juan Pablo II. Ambos lograron milagrosamente, detener la guerra.

Poco tiempo después, se produjo el desembarco argentino del 2 de abril en las Malvinas, y las declaraciones grandilocuentes del general Galtieri, en el sentido de que ese era sólo el primer paso en la reivindicación de la soberanía argentina en el Atlántico Sur.

Las palabras de Galtieri causaron alarma en Chile. En este país, se interpretó ese discurso como una amenaza directa: después de consolidarse en las Malvinas, las fuerzas armadas argentinas seguirían el impulso hacia el oeste, y ajustarían sus cuentas con Chile.

La estrategia militar del gobierno argentino, parecía confirmar esa hipótesis. Basta recordar que a las Malvinas no fueron soldados entrenados en el frío de la montaña: el Regimiento de Infantería 16 y el Grupo de Artillería de Montaña 8 de Uspallata, igual que el Regimiento de Infantería 11 de Tupungato, se mantuvieron en la frontera con Chile.

En su lugar, para pelear en los paisajes montañosos y fríos de Malvinas, se enviaron a los muchachos del norte argentino, entrenados en llanuras y planicies cálidas.

Todos los indicadores hacían pensar, en Chile, que era inminente el ataque de Argentina. Y en ese contexto de desesperación, el gobierno de este país inclinó su simpatía por las fuerzas británicas. Fue un acto de desesperación de un país que se sentía amenazado y acorralado.

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