Durante más de un siglo, Cuba produjo los más finos y codiciados cigarros, a tal punto que se les llamaba “habanos”, pero desde que Washington le impuso el embargo comercial en 1962, estos puros han sido un fruto prohibido para los estadounidenses.
Durante más de un siglo, Cuba produjo los más finos y codiciados cigarros, a tal punto que se les llamaba “habanos”, pero desde que Washington le impuso el embargo comercial en 1962, estos puros han sido un fruto prohibido para los estadounidenses.
Tradicionalmente “los estadounidenses siempre han tenido la fantasía de disponer del verdadero cigarro cubano”, dijo Bob Materazzi, propietario del Shelly's Back Room, una oscura pero bulliciosa taberna situada en la intersección de los distritos de negocios, estudios de abogados y oficinas gubernamentales de Washington.
“Pero hay toda una generación que no ha tenido cigarros cubanos y gusta de los dominicanos” y de otros orígenes.
Materazzi piensa que tomará cinco años antes de que los cubanos lleguen al mercado, e incluso entonces estarán en desventaja.
“No tienen control de calidad. Exigen demasiado a sus plantas”, afirma Materazzi, aludiendo a los desafíos que enfrentan los productores cubanos. “Mucha de su producción está perdiendo carácter”, añade.
Otra complicación: puesto que Estados Unidos no reconoce las marcas cubanas, varias compañías gozan de los derechos de firmas extranjeras sobre famosas marcas originales, como Montecristo y Cohiba.