18 de junio de 2013 - 00:05

Una cumbre incómoda

La más incómoda cumbre de los ocho grandes países industriales del mundo está en marcha. Con acusaciones de espionaje mutuo y diferencias sobre Siria con Rusia, se inició ayer el G8 en el espectacular Lough Erne Resort de Irlanda del Norte, organizado por Gran Bretaña.

Además del pedido de explicaciones europeo al presidente Barack Obama por su plan de vigilancia global y el espionaje de Gran Bretaña sobre el G20 del 2009, deberán coincidir sobre impuestos y paraísos fiscales. El paso más difícil será acomodarse a la tensión que el presidente ruso Vladimir Putin generó cuando acusó ayer -delante del primer ministro británico David Cameron a Occidente- de estar armando a "los caníbales" en Siria y encontrar una solución común al conflicto.

Obama aterrizó ayer en Belfast junto a su esposa Michelle y sus dos hijas Malia y Sasha, que llegaron para conocer sus orígenes irlandeses en el Trinity College de Dublin, como todos los norteamericanos que viajan a Irlanda.

Inmediatamente, el presidente y su esposa dieron un discurso en el Waterfront Hall de Belfast, un símbolo de la paz que tanto costó conseguir en el Ulster, después de más de 30 años de guerra civil religiosa y que el ex presidente Bill Clinton negoció. Un proceso que "fue una inspiración alrededor del mundo", según Obama.

Después llamó a poner un fin a la educación segregada entre protestantes y católicos y los ghettos urbanos divididos por la religión. Especialmente llamó a desarmar las famosos "Peace walls" o paredes de la paz en Belfast, unas 30 paredes que dividen a católicos de protestantes, en los barrios de la capital.

Nadie imagina cual de las discusiones será más incómoda y en cual de los temas tendrán mas diferencias en el G8.

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