El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) participó de la reciente edición de arteba, que finalizó el domingo pasado. Y, en ese marco, aquirió la obra "Oh telúrica" (2023), de la artista mendocina Florencia Breccia (Mendoza, 1984). La pieza, la segunda adquisición del museo en la feria, fue adquirida en la Galería Satélite, dentro de Utopía, la sección de la feria dedicada a espacios jóvenes y experimentales.
La incorporación, que fue anunciada por el Malba a través de sus redes sociales, fue posible gracias al aporte de cuatro integrantes del Comité de Adquisiciones Joven del museo: Nicole Moisés, Eleonora Hayzus, Wenceslao Campomar y Camila de Tezanos Pinto. La primera adquisición de esta edición había sido "Paraíso" (1984), de la artista argentina Diana Aisenberg, que ingresó a la colección con el apoyo del Comité de Adquisiciones del Malba.
Cómo es la pieza que adquirió el Malba
Realizada en óleo sobre ruberoid, cuero, goma, hilos y varillas de bronce, "Oh telúrica" propone una exploración de la pintura desde su dimensión espiritual. Según describió el museo en sus redes sociales, la escena emerge de planos oscuros, en parte determinados por el ruberoid, un material negro utilizado en la construcción. Sobre esa superficie aparecen seres antropomorfos de apariencia femenina, cuyas formas se transforman y se funden con el entorno.
Las figuras, de rasgos primarios, evocan el arte rupestre y parecen descender hacia un universo subterráneo. En ese recorrido, la oscuridad se convierte en un espacio de revelación visual, donde la materia y las imágenes adquieren un carácter ritual.
La obra también reúne referencias de la pintura latinoamericana, con la impronta del artista ecuatoriano Oswaldo Guayasamín, y elementos vinculados con la identidad mendocina de Breccia. El paisaje de montaña y la estética del grabado cuyano de los años sesenta forman parte de ese entramado visual, en el que las tradiciones artísticas se combinan con una búsqueda personal.
El título "Oh telúrica" condensa esa relación con lo terrenal desde una perspectiva irónica. Breccia reivindica sus raíces locales sin recurrir a la solemnidad y construye un territorio pictórico en el que conviven el mito, la memoria corporal y la materialidad de los objetos.