Este 1 de julio de 2025 marcó el fin de una era para los lectores de Mafalda: Ediciones de la Flor, la histórica editorial argentina, dejó de publicar la obra de Quino, su autor emblema, por decisión de los cinco herederos del humorista gráfico mendocino.
El anuncio oficial se dio a través de un mensaje de la editorial, en el que lamentaron la ruptura del vínculo que durante 55 años unió al genial historietista con la casa editorial que lo acompañó desde 1970: “Desde mañana, 1 de julio 2025, Ediciones de la Flor dejará de publicar los libros de Quino, el emblemático autor de nuestro sello. Lamentamos que, por decisión de sus sobrinos herederos, no podemos continuar cuidando su obra como lo hemos hecho desde que nos eligió como su casa, hace más de medio siglo. De todas formas, tenemos la certeza de que la historia mantendrá indisolublemente unidos nuestros nombres, como hasta ahora”.
Las repercusiones no tardaron en llegar. En redes sociales, la tristeza y el desconcierto dominaron los mensajes de lectores, editores y artistas. Roberto expresó: “Es una verdadera pena la decisión de la familia ya que la obra del maestro Quino está indisolublemente ligada a Ediciones de la Flor. Son parte del ADN de la patria”. Alejandro reflexionó: “Detrás de cada gran autor, hay un editor que se arriesga”. Débora, con tono afectuoso, recordó: “Probablemente son el primer nombre de una editorial que aprendí: Ediciones de la Flor”. Para María Ana, no hay dudas: “Las ediciones que valen y que Quino eligió son las De la Flor”. Ximena resumió el sentimiento generalizado: “¡Qué tristeza! Quino es Ediciones de la Flor. Gracias por tantos años de compañía, lucidez y felicidad”. Y el colectivo BandaDibujada, señaló: "Qué difícil es separar la imagen de Quino de Ediciones de la Flor, son casi la misma cosa".
En diálogo con diario Clarín, Ana María “Kuki” Miler —quien continúa al frente de la editorial que fundó junto a Daniel Divinsky en 1966— no ocultó su dolor: “Muy duro. Quino era familia para mí y si yo seguía publicando libros era por respetar una promesa que le hice cuando me dijo ‘La Flor va a dejar de publicarme cuando vos lo digas’”. Para Miler, la decisión de los herederos, que resolvieron concentrar la gestión de la obra en el grupo Penguin Random House, implica no sólo una deslealtad sino un duro golpe para la editorial, en un momento crítico para la industria del libro en Argentina.
El vínculo entre Quino y Ediciones de la Flor comenzó a gestarse en la mítica librería de Jorge Álvarez, donde Divinsky y Miler lo conocieron tras la publicación de las primeras cinco recopilaciones de Mafalda. En 1970, tras un conflicto con su editorial anterior, Quino les confió la tarea de editar su obra. Desde entonces, se publicaron alrededor de 60 títulos bajo el sello de De la Flor. Hoy, 56 de ellos permanecen en catálogo.
“[Quino] era muy exigente. Le costaba cambiar lo que había salido de entrada. No quería ninguna modificación en textos ni dibujos. Nunca quiso ponerle color a sus dibujos: él decía que dibujaba en blanco y negro y no usaba color. Me llevó como mínimo 10 años hasta conseguir que aceptara ponerle color a las tapas de los nuevos libros de humor. En síntesis: muy minucioso, exigente y ‘terco’ —esto lo dije delante de él en una reunión con público, y sonriendo con picardía, asintió con la cabeza”, rememoró Miler sobre el minucioso trabajo editorial que realizaban, y que ahora será trasladado al conglomerado al que pertenecen marcas como Lumen, Alfaguara, Grijalbo y muchas más.
Tras la muerte de Quino en 2020, la gestión de su obra quedó en manos de Julieta Colombo, sobrina y figura clave en la organización y conservación de su legado. “Cuando Quino muere, deja en su testamento como legataria de toda su obra (el manejo y el usufructo) de por vida a Julieta Colombo (sobrina de Alicia, su esposa), que llevaba trabajando con Quino muchísimos años y conocía como nadie todo lo realizado, además de manejar los originales y archivos. A los dos años y medio, dolorosa e inesperadamente muere Julieta y todo queda en manos de los sobrinos de Quino, que por ser sus herederos son los propietarios de los derechos. Pero la que realmente sabía qué quería Quino y que permitía o no hacer con su obra en los más variados usos, era Julieta”, explicó Miler.
Aunque reconoce que los sobrinos mantenían un vínculo afectivo con el autor, asegura que nunca intervinieron en el proceso editorial. “Supongo que por lo mismo han tomado decisiones contrarias a las que nuestro admirado y emblemático autor decidió y nunca cambió. Julieta tampoco, porque precisamente por tener las líneas trazadas por Quino directas, concretas, seguidas siempre al pie de la letra, es que él le dejó la responsabilidad a ella de continuar manejando todo”, señaló.
El caso reabre un viejo debate sobre la propiedad legal de las obras frente a la voluntad de los autores. Pero más allá de los derechos y las decisiones empresariales, lo cierto es que Ediciones de la Flor fue mucho más que una casa editorial para Quino: fue su refugio, su espacio de creación y resguardo. Lo que comenzó como una relación profesional, derivó en una amistad profunda entre el autor y sus editores, que lo acompañaron hasta el final.
Divinsky lo definió alguna vez con estas palabras: “Era un humanista preocupado por cuestiones filosóficas, el destino de la Humanidad era el centro de sus preocupaciones”.
Para Miler, además de una relación profesional, hubo una historia personal marcada por la confianza, la lealtad y el afecto. “Tuvimos una amistad muy profunda, muy íntima, que se fue acrecentando y haciendo muy familiar. De toda la gente que ha pasado por aquí, es el autor más genuinamente humilde y modesto. No se la creyó nunca”.