5 de noviembre de 2026 - 14:55

La economista Alejandra Naughton presenta la segunda edición de su novela "Tantos ojos sobre ellas"

La economista y ejecutiva debuta en las letras con una narración ficcional que recorre cuatro décadas en el barrio porteño de Caballito, explorando mandatos femeninos, búsquedas de autonomía personal e inestabilidad económica a través de tres generaciones.

En marzo de 2020, durante el aislamiento impuesto por la pandemia de COVID-19, Mati se instala en la vivienda de su abuela, ubicada en el barrio porteño de Caballito. Entre el tedio y la búsqueda de entretenimiento en el encierro, decide ordenar el escritorio de la casa y encuentra, al fondo de un cajón, una fotografía oculta. La imagen lleva una anotación manuscrita: "Verano de 1981". A partir del desconcierto que producen esos rostros desconocidos, se despliega la trama de Tantos ojos sobre ellas (Metrópolis Libros, 176 páginas), obra con la que la economista y alta ejecutiva corporativa Alejandra Naughton debuta en el campo narrativo de la ficción.

Publicada en la colección Narrativas —con ilustraciones de portada e interiores a cargo de Bianca Montelpare—, la obra alcanza su segunda edición con un tiraje global de 1.000 ejemplares (400 correspondientes a la primera tirada y 600 a la segunda), tras su lanzamiento formal. La estructura del relato sigue a tres mujeres pertenecientes a distintas generaciones, cuyas decisiones existenciales quedan atrapadas en la tensión permanente entre el deseo individual y los dictados de la mirada ajena.

Tantos ojos sobre ellas, novela de Alejandra Naughton

Tantos ojos sobre ellas, novela de Alejandra Naughton

El marco donde transcurre la historia abarca desde 1978 hasta 2020, trazando un recorrido en el que el contexto social y financiero de la Argentina opera como una coordenada determinante para los personajes. La pérdida del poder adquisitivo, la hiperinflación de la década de 1980, el fin de las ilusiones tras la vuelta a la democracia y el colapso del "corralito" en 2002 inciden en las posibilidades reales de proyectos como el acceso a la vivienda propia o la continuidad de los estudios.

Alejandra Naughton posee una vasta trayectoria técnica: egresada de la Universidad de Buenos Aires, cuenta con formación ejecutiva en Harvard y la Universidad de Chicago, fue subgerente general del Banco Central de la República Argentina y se desempeña como directora en instituciones del sector privado como Grupo Supervielle, BYMA y Holcim Argentina. Formada literariamente en espacios de taller desde 2020 con autores como Pedro Mairal, Cecilia Maugeri y Agustina Caride, Naughton canaliza en esta novela su mirada sobre la microeconomía cotidiana de la clase media y la presión de las expectativas sociales.

La escritura como hábitat

—¿Cómo nació tu interés por "formalizar" tu inclinación por la escritura?

—Escribir fue siempre el hábitat en el que más cómoda me siento. Mi padre me había inculcado aquello de "es importante saber redactar", y esas observaciones en mi etapa educativa, y luego en la profesión, me hicieron ganar seguridad, pero centrada en la escritura como forma de documentar decisiones y reseñar para que las cosas que me importaban no se perdieran. Tantos ojos sobre ellas se dio a partir de una consigna de escritura en el primer taller literario que hice en mi vida. Fue durante la pandemia cuando me sumé por invitación de una amiga que armó un grupo de WhatsApp cuyo nombre era: "¿Escribimos?" Hasta se ocupó de buscar el taller; eligió el de Cecilia Maugeri. Terminado el cuatrimestre quedé sola, pero ya no pude dejar de escribir.

La economista y escritora Alejandra Naughton.

La economista y escritora Alejandra Naughton.

—¿Qué cosas pudiste contar desde la ficción que no podías contar como economista?

—La ficción me dio un espacio de libertad nuevo. En la economía, o en el ejercicio de los puestos corporativos que ocupo, estoy obligada a combinar piezas, entender cómo funcionan, cómo hacerlas evolucionar, pero siempre dentro de un campo de acción limitado ya sea por la coyuntura, los recursos disponibles (desde el talento hasta tecnología o tiempo). En cambio, cuando escribo, todo es posible, no hay restricciones. Frente al teclado solo estamos mi imaginación y yo, en la geografía que quiera, combinando los elementos que se me ocurran al servicio de la historia que quiero contar. La ficción me permite construir otro mundo. Un mundo paralelo en el que sucede sólo lo que yo escribo, en el que tomo impulso para volver a empezar.

—El título alude al "deber ser" femenino. ¿Por qué ese eje temático y cómo se construyen los tres personajes a partir de esa condición?

—Mi generación no hablaba de condicionantes por "ser mujer": las cosas eran como eran y cada quien hacía lo que podía desde su lugar. Con los años pude identificar esos matices que nos hacen diferentes y, fundamentalmente, hacen que nuestro desarrollo, crecimiento y posición en la sociedad sea menos potente o llegue más tarde en nuestro ciclo de vida. Y si bien las nuevas generaciones van cambiando con valentía esos estándares, creo que sigue vigente eso de que a "cierta" edad debemos estar en pareja, a "cierta" edad tener hijos. Estos temas venían rondando en mi cabeza, imagino que por haber vivido los dilemas de qué hacer primero: ¿terminar la carrera o casarme?, ¿buscar un hijo o recibirme? Esa consciencia sobre el peso de esa mirada que sostuve sin saberlo (ni sufrirlo), con el tiempo y los espacios de conversación que se fueron abriendo, se revelaron como evidentes y, de ahí el interés por sumarme a la conversación para acelerar el paso y también desmitificar. En ese sentido, la novela describe mi época. Transcurre entre 1978 y 2020, y ese arco me dio espacio para contar distintas maneras de navegar las expectativas, la maternidad, la autonomía personal, cómo se perciben los mandatos y cómo todo termina afectando las decisiones que toman las mujeres de la trama.

—Tu formación y experiencia como economista influyen en la historia.

—Mucho. Creo que se cruzaron mis mundos porque estoy entrenada en leer el impacto del ambiente macroeconómico en las personas, en sus decisiones. Si pongo a un personaje a comprar una casa, inevitablemente me pregunto: ¿de dónde sale la plata?, ¿la tiene?. Pero también, y diría que más importante, la novela habla de diversidad de miradas, disenso, debate, y eso quizá se deba a que soy egresada de la Universidad de Buenos Aires en una época en la que, si no coincidíamos, lejos de enojarnos, ese disenso nos estimulaba a seguir pensando.

—Si tuvieras que resumir la novela en una gran elección de vida, ¿cuál sería?

—La de seguir el instinto. En cada una de las decisiones vitales confluyen mandatos, pero también el deseo. Las elecciones de vida son siempre, en mi opinión, correctas y tomadas con las herramientas que tenemos en el momento en que decidimos: nuestros valores, ambiciones y miedos. Está en nosotros conocernos, saber qué deseamos, sumergirnos a veces en la oscuridad para lograrlo y ser conscientes de que hay un momento liminal ante cada decisión que nos es muy propio y lo define todo, tanto lo que elegimos como todas las posibilidades que quedan atrás. Las tres mujeres de la novela toman decisiones con respecto a la maternidad totalmente distintas pero guiadas por su intuición, aún sin ser conscientes.

LAS MAS LEIDAS