Toda persona es influida e influye en los demás, en su entorno, en su época. Hay algunos que muy visiblemente. Otros que lo hacen y, aun cuando son capaces de cambiar el rumbo de la historia, a veces resultan olvidados: esas son las debilidades de la memoria que la Historia siempre intenta saldar. Pero el trabajo histórico se expresa de muchas maneras, y una de ellas son las novelas, que convierten a esas personas influyentes y a sus vidas en el motivo de una narración que, al encontrar a los lectores, resultan rescatadas de la amnesia.
Esa es la empresa que se ha propuesto Eliana Abdala para su último libro, El silencio de Cacheuta. La autora de La fuerza de los Monterrey (uno de los libros mendocinos más leídos de las últimas décadas), se fijó en la figura de Carlos Fader, empresario que desarrolló la explotación de petróleo en Mendoza y también el desarrollo hidroeléctrico. Fue, además, padre del célebre pintor Fernando Fader: muchos condimentos para que fuese objeto de esta historia que Eliana Abdala pusiera el ojo en él.
La escritora Eliana Abdala y las razones de su nuevo libro
En esta charla, la autora nacida en Rivadavia explica su fascinación por Fader y cómo lo llevó a las páginas de su novela.
—Comencemos por abrir la puerta hacia tu nuevo libro. ¿De qué se trata El silencio de Cacheuta?
—El silencio de Cacheuta es una novela histórica que narra la actuación del ingeniero Carlos Fader en Mendoza. Todo el contexto es la Mendoza de finales del siglo XIX y principios del XX. Sus personajes políticos, empresariales y científicos, así como el sentir del pueblo.
—¿Cuándo conociste la historia de Carlos Fader y qué te hizo pensar que podía convertirse en una novela a través de tu pluma?
—Porque fue un hacedor. De esas personas que empujan la vida y la historia de todos. Que tienen un fin en su vida que los trascienden y que no se dejan vencer por el dolor o los muchos inconvenientes e injusticias que enfrentan. Los imprescindibles. Como todos mis personajes de las distintas novelas y cuentos.
—Te atraen las personalidades sin las cuales al parecer la historia de Mendoza habría sido muy diferente. ¿En este caso lo considerás así?
—Sí. Pero no sólo el ingeniero Carlos Fader. Toda una generación que sentó las bases de un país en el que creyeron y se empeñaron en hacerlo grande como sus modelos europeos o norteamericano. Fue hombre de su tiempo.
La escritora mendocina Eliana Abdala acaba de publicar la novela El silencio de Cacheuta, sobre la vida de Carlos Fader.
La investigación para esta novela
—¿Cómo fue el trabajo de investigación para la novela y a qué fuentes acudiste?
—Llevó tiempo. No encontraba biografías ni tenía relación con sus descendientes. Fueron fundamentales los artículos que escribiera el doctor Díaz Araujo, profesor en la Facultad de Filosofía y Letras, donde cursé: “Los Fader, empresarios del infortunio” y “Fernando Fader: entre el imperialismo y el arte”. En ellos el doctor se extiende con detalles sobre la actuación de la familia Fader, sus problemas y la forma en que se debieron retirar. Con todo detalle contable y completa biografía. También el trabajo del profesor Daniel Grilli, quien con toda generosidad me facilitó sus investigaciones, por ejemplo, “La usina hidroeléctrica de los Fader” en el que estudia detalladamente la construcción de la usina a través de fotografías. Finalmente me relacioné con la profesora Rosa Fader, quien cuidaba la memoria de la familia. Ella apoyó mi proyecto, me ayudó con algunos documentos y cartas, y luego leyó la novela terminada y le gustó. “Es cierta y respetuosa” fue su valoración.
—Las “historias de familia” parecen atraerte particularmente, y la mejor prueba de ello es tu primera novela, La fuerza de los Monterrey, que es una especie de best seller desde hace años en nuestra provincia. ¿Qué te interesa de esa clase de historias y qué creés que has sido capaz de lograr con ellas?
—Sí, y tengo varias novelas más que al momento están agotadas. Morir por Alejandría no es una novela de familia, sino la historia novelada de Hipatia, la famosa científica que vivió en el siglo IV. Pero participa de esas características hacedoras y desafiantes. Tal vez logro que conmueva los espíritus aplacados, los que nunca pueden. Tal vez sea un reconocimiento a los que nos dejan el camino allanado para las generaciones que seguimos. Tal vez los jóvenes puedan pensar que la vida no es fácil para nadie, menos para los que se comprometen con su tiempo, con los suyos y se ponen a trabajar. Allí donde les toque. Yo admiro a esas personas que, además, las he tenido en mi propia familia. Y en esta fortaleza abarco a toda la generación de inmigrantes que, construyendo su propia vida, construyeron un país y le cambiaron la cara a un continente. Y tristezas les sobraban.
—¿Qué te parece el panorama actual de nuestra provincia en cuanto a la novelística y a la narrativa?
—He visto que últimamente se está escribiendo mucho sobre historias de familia. Pero no alguna en particular. Creo que hay mucho estímulo para escribir. Lo difícil siempre será lograr la publicación y mucho más la distribución.
—¿Estás trabajando en otro proyecto de ficción?
—Por el momento no. Estoy interesada en la poesía popular folclórica desde la literatura, que es mi especialidad. He estado investigando la poesía del litoral, puesto que estoy viviendo gran parte del año en Entre Ríos. Y disfrutando de creaciones muy diferentes.