16 de mayo de 2026 - 09:00

Hernán Schillagi: "Hablo de lo que nos marca y no se puede resolver"

Con 17 cuentos ambientados en el este mendocino, el narrador y poeta mendocino construye un libro donde cada historia explora las variables de un estigma.

Hay una imagen que Hernán Schillagi trae desde un libro de poesía que publicó en 2002 y que tardó más de dos décadas en convertirse en libro de cuentos: "donde la palabra / sea una mancha / que estoy obligado a borrar". La idea es simple y perturbadora a la vez. Cuando una letra toca el blanco de una hoja, la mancha. Contar una historia, entonces, es dejar una sucesión de marcas que ningún punto final termina de limpiar.

Esa obsesión es el hilo que une los 17 cuentos de La palabra mancha, editado por Libros de Piedra Infinita, la editorial que Schillagi cofundó hace más de veinte años junto a Fernando G. Toledo.

En esta charla con Los Andes, el autor habla del libro, de la relación entre poesía y narrativa y de su labor como editor.

—¿La palabra mancha es tu primer libro de cuentos?

—Es mi primer libro de cuentos en papel. Tengo uno anterior, del 2011, que se llama El dragón pregunta, pero lo publiqué de manera virtual. Es un libro de relatos cortos. En total son 17. Hay un par de cuentos bastante largos, de diez páginas y los otros son de entre tres y seis páginas. O sea, de una lectura corta, breve pero sustanciosa: no un microcuento, sino planteados con más cuerpo, porque mi idea era que cuando uno termine de leer el libro, además de quedarse con las historias, se quede con los personajes.

—¿Se alternan los cuentos de ciencia ficción, de fantasía y realistas?

—Exacto. Y también hay un par de terror. Pero si los vamos a dividir en dos, los cuentos o son realistas o son de fantasía. Hay un par de cuentos que tienen un planteo de ciencia ficción con algún elemento particular; por ejemplo, hay un niño que sospecha que los padres son extraterrestres. Ese es, para darte un ejemplo, un planteo que va más allá de lo real.

—¿Hay alguna idea o concepto que los unifique?

—Cuando lo empecé a escribir, tenía ya un par de cuentos. Uno de los primeros hablaba de una mujer con una mancha en la cara y que quería ser olvidada, porque toda la vida había sido reconocida solo por eso, como si fuera la carne que estaba detrás de esa mancha. Y ese estigma, esa marca, esa huella, se me quedó pegada para el cuento siguiente. Empecé a escribir con la idea de alguien en quien la mancha se fue transformando: no solamente en algo físico, sino que podía ser un secreto, un pecado, una idea obsesiva que de alguna manera te va marcando. Entonces lo fui volcando en cuentos realistas, cuentos fantásticos, algunos de ciencia ficción y otros de terror. La palabra mancha era la que podía estar, explícitamente o de manera más oculta, más sutil, en cada uno de ellos: podía ser, por ejemplo, un secreto familiar que pesa y deja marcado a alguno de los personajes. Detrás hay una idea que yo había planteado ya en mi primer libro de poesía, del año 2002, que decía "donde la palabra / sea una mancha / que estoy obligado a borrar". La idea es que cuando uno apenas apoya una letra en el blanco de la hoja, la está manchando. Eso lo fui amplificando en cada cuento, que cuentan a veces historias completamente fantásticas, como el caso del niño que cree que los padres vienen de otro planeta o una niña cuya madre está enferma y no le dicen bien qué tiene, y ella no quiere ser manchada con el nombre de huérfana. Cosas así en cada historia, que van dando una vuelta de tuerca sobre una misma idea, a veces dicha directamente y otras como al pasar. Pero cuando uno lee todos los cuentos es como el friso completo: no se arma una novela, pero sí los distintos momentos de una pregunta, que sería: "¿qué es aquello que nos marca y que no podemos resolver?".

—Tenés una trayectoria hecha sobre todo como poeta. ¿De qué manera enlazás esta incursión tuya como narrador?

—La poesía siempre está presente como mi casa, mi lugar. Creo que la poesía se manifiesta en búsqueda de precisión: que la palabra sea esa, la justa y necesaria para expresar una historia.

—¿Y no son terrenos contradictorios poesía y prosa? El cuento como disciplina rigurosa y la poesía, que se parece más a un dejarse llevar por el lenguaje…

—Lo que yo he tratado de hacer es ir y volver de un género al otro. Cuando voy a la narrativa, me quedan las metáforas y las imágenes, pero siempre tengo muy en claro que si el relato solo se queda en la poesía, es un híbrido fallido. El que se arrima a leer un cuento —pienso en Carver, por ejemplo, que hace un efecto de poesía sin ser poético—, en esa brevedad, en esa precisión, en esa palabra que dice aquello que creíamos no saber pero que lo teníamos adentro, me parece que ir así a escribir un cuento es poesía.

—También sos editor. ¿Cómo llevás esa parte?

—La verdad es que en estos últimos tiempos ha habido un resurgir de la editorial que tenemos con Fernando, Libros de Piedra Infinita. En todo este tiempo hemos pasado por todos los formatos que se te ocurran: desde imprimir en nuestras impresoras al principio, en el año 2002, hasta publicar en formato tradicional con imprenta, como corresponde. Empezamos armando los libros artesanalmente entre Fernando G. Toledo, Cecilia Restiffo y yo. También llegamos a una época en que empezamos a editar de manera virtual cuando arrancó el tema de los PDF. En la pandemia fue como una moda. Reeditamos los libros que habíamos publicado y que ya eran inhallables, en versión PDF, como un documento para que quedaran y circularan. Estuvo bueno, fue un momento también. Pero pese a los vaivenes del país nos hemos mantenido desde el año 2002: son 24 años publicando, casi 40 libros, de autores mendocinos, sobre todo. Últimamente estamos publicando ensayos: le publicamos uno a Jaime Correas sobre Roberto Juarroz; ahora va a salir un libro de Marcelo Ortega. También han salido libros de ensayos míos y de Fernando. Y, por supuesto, seguimos publicando poesía: hemos publicado la trilogía de jazz de Rubén Valle, por ejemplo. Acaba de salir de la imprenta su último libro, que se llama Lup, y seguramente lo estaremos presentando en breve.

Un lugar en el mundo

—¿Los cuentos están ambientados en San Martín?

—Sí. Desde hace un tiempo tomé la decisión de hablar de lo que conozco. Me parece que por el momento me interesa ambientar en lugares de la zona este. Hay lugares de San Martín que son muy emblemáticos. Por ejemplo, el barrio San Pedro, que es un laberinto; mucho más laberíntico que el Parque Chas de Buenos Aires, al que Dolina le escribió un cuento espectacular. Ahí ambienté un par de cuentos. Después hay un callejón muy famoso, el cementerio de San Martín, algunos lugares de Palmira, la calle La Posta, que yo ya la había tomado como parte de mi espacio literario en Los cuadernos de Gloria, la novela con la que gané el Premio Vendimia en 2017. Me interesa reflejar esos lugares, pero no por pintoresquismo, sino simplemente por hablar de lo que conozco y para que los lugares, los espacios y los ambientes mendocinos tomen entidad literaria.

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La presentación del libro

Poeta con varios libros publicados y ganador del Premio Vendimia 2017 con la novela Los cuadernos de Gloria, Schillagi presenta ahora su primer libro de cuentos en papel. La presentación oficial será el sábado 16 a las 19 horas en el Museo Las Bóvedas de San Martín, con la participación de Fernando G. Toledo, Cecilia Restiffo y el músico Emanuel Sosa. Una segunda presentación está en conversaciones con la librería García Santos de la ciudad de Mendoza, con fecha tentativa en julio.

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