21 de octubre de 2026 - 11:56

Fernando Lorenzo y David Eisenchlas: dos libros para reivindicar la cultura mendocina reciente

Poesía reunida, de Fernando Lorenzo y Cine argentino de David Eisenchlas son volúmenes publicados por Ediciones Culturales. Verdaderos hitos de figuras intelectuales trascendentes que vuelven para dialogar con el presente.

Periodista y profesor universitario

A menudo, la polémica sobre la publicación de libros, sus criterios y oportunidad, suele ser un prejuicio o un reclamo recurrente, incluso dentro de quienes fomentan la difusión cultural. Las ediciones antojadizas, la pulsión por plasmar obras que tal vez merezcan seguir siendo manuscritos o la simple veleidad de escritores y advenedizos suele confundir a las agujas en los múltiples pajares del universo editorial.

Afortunadamente, Ediciones Culturales de Mendoza (ECM), el sello del estado provincial creado por ley en 1992 parece haber recobrado no sólo fuerza creativa sino también rumbo certero. Pero fundamentalmente, la decisión de salir del bucle espasmódico de llevar al papel sus propios compromisos como es la edición de los ganadores de los Premios Vendimia.

Así queda demostrado tras la finalización de la reciente Feria del Libro, donde ECM renovó su catálogo con más de 20 títulos de diversas colecciones orientados a diversos públicos donde se destacan autores como el poeta Alfredo Bufano, el historiador Gustavo Capone, humorista gráfico Chanti, o el escritor e investigador Fabián Sevilla, entre otros.

Poesía reunida, de Fernando Lorenzo y Cine argentino, de David Eisenchlas: dos notables volúmenes publicados por Ediciones Culturales de Mendoza.

Poesía reunida, de Fernando Lorenzo y Cine argentino, de David Eisenchlas: dos notables volúmenes publicados por Ediciones Culturales de Mendoza.

Sin embargo, dos títulos emergen claramente con la potencia no sólo de su contenido, sino también por la reivindicación histórica que supone su edición. Se trata, sin dudas, de dos hitos para Mendoza y podemos arriesgar —sin temor a la exageración— que se inscriben también en insoslayables puntos de referencia para la cultura nacional.

Estamos hablando de Poesía reunida de Fernando Lorenzo, exhaustiva recopilación de la obra poética de una de las mayores voces que ha dado esta región, y —casualmente— un contemporáneo suyo como lo fue David Eisenchlas con su profundo ensayo Cine argentino, desde sus orígenes a 1940.

Fernando Lorenzo: poeta imprescindible

Nacido en Mendoza en 1923, Fernando Lorenzo fue poeta, narrador, dramaturgo, actor, director teatral y docente. Discípulo de la gran maestra rusa Galina Tolmacheva, tuvo además una profunda amistad con el pintor Carlos Alonso (de hecho, un exquisito retrato suyo ilustra el volumen que nos ocupa). Su producción se distribuye en el tiempo en los diversos géneros en los que supo abrevar con maestría y sensibilidad; incluso más allá de la poesía como son la novela Arriba pasa el viento (distinguida por el Fondo Nacional de las Artes en 1956) y los cuentos Sucesos en la tierra (1968).

Portada de Poesía reunida, de Fernando Lorenzo. Edición de Jaime Correas y Fernando G. Toledo. Ediciones Culturales de Mendoza. El retrato de tapa es una obra de Carlos Alonso.

Portada de Poesía reunida, de Fernando Lorenzo. Edición de Jaime Correas y Fernando G. Toledo. Ediciones Culturales de Mendoza. El retrato de tapa es una obra de Carlos Alonso.

Pese a ello, ya sea por las imposibilidades de la época, como de los avatares a los que a veces se enfrentan espíritus tan mansamente eclécticos como el de Lorenzo, siempre después de su muerte en 1997, sobrevoló la intención de aglutinar su obra dispersa para hacerla completa. Una tarea en cierto punto titánica que entusiasmó a dos obsesivos periodistas, escritores y editores como Jaime Correas y Fernando G. Toledo, quienes asumieron el desafío de la recopilación de lo editado y lo inédito.

Poesía reunida incluye los ya conocidos y admirados Tránsito (1948), Segundo diluvio (1954), una colaboración con el genial plástico Marcelo Santángelo (editada por Gildo D’Acurzio en 1959) y Anverso/Reverso en conjunto con Carlos Levy (1989). Pero también los hasta ahora desconocidos y facilitados por su hijo Ramiro (con quien Fernando escribió las cantatas Latinoamericana e Hijos del mar). Textos desconocidos y guardados con celo familiar que datan de 1942 hasta 1944, uno de ellos sin título, otro denominado Presencia de espíritu, así como un importante grupo de poemas que aparecieron en pequeñas antologías, diarios o revistas literarias de circulación restringida.

Mención especial para la reproducción facsimilar de las tapas originales, ilustraciones y grabados, tarea de diseño a cargo de Romina Arrarás.

Un detallado registro biográfico da cuenta del recorrido existencial de Lorenzo, necesario para quienes precisen fijar fechas y datos fehacientes de su vida. Para quienes nos contentamos con su lírica y su prosa, bien valga su propia descripción, también incluida en el libro: “Creo que ser poeta es provocar demasiados efectos para una causa que apenas se comprende en la desarticulada vida actual”. En síntesis, Poesía reunida es —parafraseando al mismo Fernando— una potente contribución para que las cenizas del olvido se resistan “a la indiferencia”.

David Eisenchlas y el celuloide intelectual

Por su parte, Cine argentino es la obra póstuma y también inédita hasta estos días del crítico, ensayista, periodista y difusor de la cultura cinematográfica David Eisenchlas. Un notable intelectual nacido en Buenos Aires, pero radicado en Mendoza en 1957, donde distribuyó su talento entre su labor extensionista en la Universidad Nacional de Cuyo y periódicos de la época como Tiempo de Cuyo, Diario Mendoza, el mítico El Diario fundado por Jacobo Timerman en 1969, y la revista Claves. Además, incursionó en la ficción literaria.

Cine argentino. Desde sus orígenes a 1940, de David Eisenchlas. Editado por Ediciones Culturales de Mendoza.

Cine argentino. Desde sus orígenes a 1940, de David Eisenchlas. Editado por Ediciones Culturales de Mendoza.

Básicamente, David —de clásica formación marxista— entendía al cine “como una expresión profundamente ligada a los procesos históricos, políticos y sociales” según refleja el perfil introductorio del libro.

Un texto concebido como una gran reconstrucción del cine nacional que quedó trunco por un tumor cerebral que le ocasionó diversas intervenciones quirúrgicas e internaciones, en las que apenas recuperado, seguía con la culminación de su tarea hasta 1975 en que falleció.

Y aquí aparece otra faceta épica de este libro que mientras se gestaba en aquel tiempo ya despertaba admiración entre sus conocidos. Fue dictado desde su lecho a su esposa, Soledad Naman, una mujer imprescindible tanto en su concreción como en la preservación de este material que ahora ilumina gracias a la generosidad de sus hijas Natacha y Paula. De hecho, el original tipeado tiene una dedicatoria conmovedora, que dice simplemente “por Soledad”.

Otra vez el instinto cuasi sabueso de Jaime Correas fue capaz de identificar este eslabón perdido del que ya pocos teníamos referencia e insistir en su publicación. Así Paula tomó en sus manos su revisión y puesta a punto, para como describe en el prólogo (y luego de 50 años de silencio) tener “el honor de poner la palabra FIN, reconociendo que al hacerlo estaba dando continuidad a su comienzo, presente a su historia”.

De esta manera Cine argentino, desde sus orígenes a 1940. Ensayo interpretativo de su cronología y corrientes, tal su título completo, deja de ser un mito cultural para transformarse en una agudísima historia desde el nacimiento del cine mudo y los inicios del sonoro hasta la previa de la denominada Edad de Oro que significa la década del ‘50 en el país. Un trabajo que quedó trunco por su fallecimiento a los 44 años. Pero que, sin embargo (paradoja trágica si las hay), le permitió esquivar a los obedientes indebidos que lo fueron a buscar para secuestrarlo el 11 de abril de 1976, en plena dictadura. Como relató Rodolfo Braceli, “no pudo ser otro desaparecido más porque se murió a tiempo. Lo salvó la muerte. Qué manera de joderlos”.

Más allá de la mención y clasificación de directores y actores, hay en su trabajo contextualización estética y valoraciones técnicas que denotan no sólo su amplio conocimiento sino también su capacidad interpretativa desde múltiples variables, fruto de su frondosa erudición y su aguda inteligencia.

Eisenchlas colocado al mismo nivel que el uruguayo Homero Alsina Thevenet, referencia indiscutida de la reflexión cinematográfica en Hispanoamérica, encontró en Mendoza la posibilidad de desarrollo profesional que su pronta muerte le negó. Sin embargo, su legado aquí fue desde la creación de cine clubes (como ya lo había hecho en Buenos Aires con Salvador Sammaritano), hasta organizador de ciclos de directores emblemáticos como John Houston, Ingmar Bergman, Orson Welles, Charles Chaplin, la nouvelle vague francesa o el neorrealismo italiano.

Como se advierte, un fuera de serie de esos capaces de contagiar la pasión por ver cine, entender, disfrutar y debatir. “El arte —decía, e incluía al cine— es una actividad que, utilizando recursos propios, expresa con verdad y belleza la esencia del ser humano y su entorno social en una época determinada, a la vez que contribuye a construir esa verdad y esa belleza”. Verdad y belleza ahora al alcance de todos en formato papel.

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