Para Elides Asensio Pannocchia esta pasión por el séptimo arte viene de familia: su abuelo había sido boletero de un cine y en tiempos de alumna universitaria se pasó fines de semana enteros viendo películas en 16 mm en el Club y Hogar Universitario ubicado en la esquina de Rivadavia y 9 de Julio. “Como muchos estudiantes, me encantaba asistir a las funciones que presentaba David Eisenchlas. Recuerdo haber visto allí entre otros, films emblemáticos como 'Hiroshima, mon amour', de Resnais”, recuerda.
Un amigo personal de Eisenchlas, Jorge Muñoz, agrega: "Me acuerdo que él presentó la filmografía completa de Ingmar Bergman y de Satyajit Ray y creó un ciclo llamado 'films malditos', en el Teatro Independencia". El arquitecto Muñoz y actual Jefe del Área de Cine y Video del Ministerio de Cultura, también reseñó los años oscuros, signados por la dirigencia del infame Néstor Paulino Tato, director del Ente de Calificación Cinematográfica del Incaa, entre 1974 y 1980. "Tato fue el máximo exponente de la censura, a quien se le atribuye la prohibición de más de 700 títulos", expresó. La figura de Tato fue tan influyente y tristemente célebre que Charly García por aquellos años le dedicó la canción "Las increíbles aventuras del señor tijeras".
De todas maneras cada provincia tuvo su Tato personal. En Mendoza se ocupó del tema en los años 70 un señor con apellido italiano que junto a dos damas de al menos dos apellidos, decidían desde su despacho en la Municipalidad de la Capital, qué afiches de cine estaban autorizados o no a exhibirse en la vía pública, defendiendo siempre "las buenas costumbres".
Jorge también nos aclaró que "Mendoza era cabeza de distribución de Cuyo de las grandes majors. Había oficinas céntricas de Universal, Fox, Warner". Recordó además el iconográfico cine bar "La Bolsa", ubicado en la esquina de Necochea y 9 de Julio, que lo educó con su impresionante programación de 720 cintas por año, hasta su cierre en 1966. "A pesar de la mala fama que tenía esa sala, allí vi las películas que reseñaban las revistas más importantes de la época como 'Tiempo de Cine' y 'Nuestro Cine'".
No obstante, la personalidad emblemática en Mendoza en materia de combinar debate y cinematografía fue sin duda el periodista y crítico porteño David Eisenchlas (1931-1975), quien a los 23 años había sido socio en 1954 del famoso Cineclub Buenos Aires, junto con Salvador Sammaritano. Fue subdelegado de la FACC (Federación Argentina de Cineclubes) en 1956 y un año después se mudó a Mendoza y fundó aquí, con Raúl Marcheski, el Cineclub Mendoza, al tiempo que ocupó el cargo del "área cine" del gobierno provincial y fue nombrado jefe de la sección Arte y Espectáculos del diario Tiempo de Cuyo hasta 1968.
A lo largo de los 70 dirigió el despacho de cine de Extensión Universitaria de la UNCuyo y colaboró como especialista en el diario Mendoza, la revista Clave, además de colaborar en las radios más importantes de la provincia y Canal 7. También publicó en medios nacionales como el diario La Opinión.
En 1990, tras la incorporación de un proyector de 35mm y un decreto firmado por el intendente Víctor Fayad, el microcine municipal lleva su nombre.
“Entre mediados de los 60 y mediados de los 70 hubo una auténtica efervescencia cinematográfica en el país" recordó la productora y cineasta Cristina Raschia. De su archivo personal, ella nos brindó registros de otros movimientos cineclubistas de aquellos años en Mendoza, como el ubicado en el Cine Selectro, a finales de los 70, programado por Jorge Giúdice, Mario Franco y Jorge Muñoz; el mismo Cineclub Mendoza, creado por Raschia en 1983, con funciones en el Automóvil Club y luego traslado al microcine municipal; el Cineclub "Al Margen", regenteado por Néstor Colombo y Fernando Amicarelli en 1982; el trabajo del profesor Alberto Cirigliano en el Goethe Institut y del surrealista Marcelo Santángelo en su ciclo "Cine y Arte", entre otros tantos más.