21 de septiembre de 2026 - 10:04

Falleció Carlos Alonso: el artista mendocino que pintó la violencia, el exilio y la memoria

Carlos Alonso, uno de los grandes artistas argentinos del último siglo, murió a los 97 años en Unquillo (Córdoba). Su trayectoria, el dolor de la Dictadura y su legado en Mendoza.

Carlos Alonso, uno de los principales artistas argentinos del siglo XX, murió a los 97 años en su casa de Unquillo, Córdoba. La noticia fue comunicada este lunes 21 de septiembre por su familia, y cierra la trayectoria de un pintor, dibujante y grabador cuya obra estuvo atravesada por la realidad social argentina, la violencia política, el exilio y la memoria de la dictadura.

Nacido en Tunuyán el 4 de febrero de 1929, Alonso mantuvo a lo largo de casi ocho décadas una relación intensa con la historia de nuestro país. Su producción abordó la pobreza, la violencia, el poder y los conflictos sociales, pero también desarrolló una profunda relación con la tradición pictórica y con grandes obras de la literatura universal.

Su historia personal quedó ligada de manera especialmente dolorosa a la última dictadura. En 1976, después del golpe de Estado y tras recibir amenazas vinculadas con una exposición, se exilió en Italia junto con su esposa y su hijo. En 1977, su hija Paloma, de 21 años, fue secuestrada y desaparecida. La ausencia de su hija modificó profundamente su producción artística y se convirtió en uno de los núcleos de su obra posterior.

“Lección de anatomía” (1970). Acrílico sobre tela, 210 x 200 cm (Foto: Magdalena Audap- Soubie)

“Lección de anatomía” (1970). Acrílico sobre tela, 210 x 200 cm (Foto: Magdalena Audap- Soubie)

Durante los primeros años después de la desaparición, Alonso mantuvo la expectativa de que Paloma pudiera regresar. Con el tiempo, la pintura se convirtió también en una forma de conservar su memoria. “La pintura siempre fue el campo donde se debatía mi situación”, había explicado el artista. Después de la desaparición de su hija permaneció varios años sin pintar hasta retomar su actividad.

La trayectoria de Carlos Alonso

Alonso comenzó su formación artística en 1944, cuando ingresó a la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo. Allí tuvo entre sus maestros a Sergio Sergi, Lorenzo Domínguez, Francisco Bernareggi y Ramón Gómez Cornet, entre otros.

En 1950 viajó a Tucumán para continuar sus estudios en el entorno de Lino Enea Spilimbergo. Tres años después realizó una exposición en Buenos Aires que le permitió viajar a Europa. Allí tomó contacto directo con la obra de maestros como Diego Velázquez y Vincent van Gogh, referencias que reaparecerían de distintas maneras en su producción.

En 1957 obtuvo el primer premio de un concurso para ilustrar la segunda parte de "Don Quijote de la Mancha", de Miguel de Cervantes. También ilustró "Martín Fierro", de José Hernández, y en 1963 trabajó sobre "El matadero", de Esteban Echeverría.

Siguiendo el paso de otros famosos pintores e ilustradores, convirtió en uno de sus grandes proyectos "La Divina Comedia". En 1968 viajó a Florencia para estudiar el universo de Dante y desarrollar una serie que terminaría reuniendo más de 250 dibujos y collages. Muchas de estas ilustraciones están en la colección permanente del Museo Carlos Alonso- Mansió Stoppel.

La política entra en la pintura

A fines de los años 60, su obra comenzó a asumir de manera cada vez más explícita una dimensión política. La serie "Lección de anatomía", inspirada en Rembrandt, incorporó entre sus temas la ejecución del Che Guevara y abrió una etapa en la que el cuerpo, la violencia y el poder ocuparon un lugar central.

Algo similar ocurrió con sus trabajos sobre la relación entre el hombre y el ganado. La serie comenzó con collages realizados en 1965, mientras preparaba ilustraciones para "El matadero". La figura de la carne, el cuerpo sometido y la violencia reaparecerían durante la década siguiente hasta desembocar en "El ganado y lo perdido", exposición presentada en abril de 1976, apenas un mes después del golpe de Estado.

Ese mismo año Alonso abandonó el país. El exilio y, al año siguiente, la desaparición de Paloma profundizaron una obra en la que la experiencia individual y la historia colectiva terminaron estrechamente vinculadas.

Al regreso del exilio, Alonso se instaló en Unquillo, donde permaneció el resto de su vida.

Al regreso del exilio, Alonso se instaló en Unquillo, donde permaneció el resto de su vida.

Después de pasar por Italia y España, Alonso regresó a la Argentina en 1980 y se instaló en Unquillo, Córdoba, donde permaneció durante el resto de su vida. La localidad serrana terminó convirtiéndose también en parte de su universo pictórico. Allí encontró condiciones de luz y paisaje que alimentaron una faceta menos conocida de su producción.

A lo largo de su carrera recibió, entre otras distinciones, el Premio Konex de Platino en 1982 y 1992 y el Premio Orozco-Rivera-Siqueiros en la Primera Bienal de La Habana, en 1984.

El legado mendocino

Para Mendoza, la muerte de Alonso tiene además una dimensión particular. El artista nacido en Tunuyán es una de las figuras centrales de nuestra tradición visual de la provincia y su nombre permanece asociado al museo que funciona en la histórica Mansión Stoppel, en avenida Emilio Civit 348 de Ciudad de Mendoza.

El Museo Carlos Alonso-Mansión Stoppel fue inaugurado en 2018 como espacio dedicado a las artes visuales y conserva una colección vinculada con la obra del artista, particularmente con su trabajo como ilustrador.

De esta manera, en un lapso de pocos meses, la provincia vive la pérdida de sus dos mayores artistas: Julio Le Parc falleció el 30 de mayo de este año, también a los 97 años.

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