Desde el 19 de septiembre y durante todo un mes, la obra de la artista plástica mendocina Vivian Levinson podrá verse y admirarse en un ámbito que, en principio, podría resultar extraño: el Instituto Balseiro. Pero la extrañeza no es tal: el prestigioso centro formativo especializado en física, matemática e ingenierías, ubicado en Bariloche, pero perteneciente a la UNCuyo, posee también el espacio cultural Las Golondrinas, que propugna la convivencia de las artes y las ciencias.
Tras presentarse a la convocatoria para exponer allí, la obra de esta artista fue seleccionada para su exposición en ese lugar que está a cargo de la Fundación Balseiro.
No parece casualidad que justamente la obra de esta artista sea la seleccionada para una convocatoria de estas características. Su interés por las expresiones visuales que despiertan la biología, especialmente molecular, han quedado patentes con su producción reciente, y Las formas que me habitan (la muestra que llevará al Balseiro) es buena prueba de ello. Esa serie de obras fue expuesta por primera vez en 2024 en el Museo Carlos Alonso y ahora trascenderá las fronteras de la provincia para instalarse en la turística localidad de Río Negro.
A pocos días de esa inauguración, y mientras aún está fresca la alegría por la noticia de su selección, Vivian Levinson dialogó con Los Andes sobre esta muestra.
Célula, obra de la artista plástica mendocina Vivian Levinson.
Cómo es la muestra que Vivian Levinson expondrá en la Fundación Balseiro
—¿Qué representa haber sido seleccionada para esta prestigiosa convocatoria de la Fundación Balseiro y cómo llegaron a tu obra?
—Impulsada por la Fundación Balseiro llamaron a postularse para exponer en el espacio Cultural Las Golondrinas, estaba dirigido a proyectos que articulen arte, ciencia y comunidad. Postulé mi proyecto Las formas que me habitan y fue seleccionado por el jurado. Exponer mi obra allí constituye un acontecimiento de gran relevancia. Este instituto, reconocido internacionalmente por su excelencia en la formación de físicos e ingenieros, es un espacio donde la ciencia y la innovación se encuentran en constante diálogo. En ese contexto, la presencia de la obra artística adquiere un valor especial: se convierte en un puente entre dos mundos que, aunque distintos en sus métodos, comparten la misma búsqueda de conocimiento y de sentido.
—Imagino que, además de darte visibilidad, te incentiva a seguir explorando ese camino…
—En el plano personal, esta exposición representa un reconocimiento y una oportunidad de proyección. Mostrar mi obra en un espacio de tanto prestigio significa visibilidad y validación, consolidando mi trayectoria y abriendo nuevas posibilidades de diálogo con públicos diversos. Es también una invitación a seguir explorando la relación entre arte y ciencia, a buscar nuevas formas de expresión que enriquezcan tanto la sensibilidad artística como el pensamiento crítico. Radica en que se convierte en un puente entre mundos: el de la ciencia y el del arte. Es un gesto que enriquece a la comunidad académica, fortalece mi proyección como artista. Mi obra, en este contexto, no es solo un objeto estético, sino un símbolo de diálogo, creatividad y encuentro interdisciplinario.
—¿En qué consiste la serie Las formas que me habitan?
—Desde hace un tiempo vengo explorando la biología humana como un paisaje poético y visual. Partiendo de las imágenes del interior del cuerpo humano, desentrañando las formas que me habitan a nivel celular. Me interesa esta dimensión invisible pero crucial, que destaca tanto la complejidad como a la interconexión de la vida. Este enfoque de “des-ocultamiento” me permite reflexionar sobre la esencia de la existencia, sino también a cuestionar nuestras percepciones de la realidad. Es un tributo al cuerpo humano como microcosmos, uniendo arte y ciencia para revelar la armonía intrínseca de lo visible y lo invisible.
La artista plástica mendocina Lilian Levinson.
Artes, ciencias y realidad: las preocupaciones estéticas de Vivian Levinson
—Para algunos, las ciencias y las artes no son fáciles de combinar…
—El arte, al igual que la ciencia, nace de la curiosidad y del deseo de comprender la realidad. Mientras los investigadores del Balseiro se sumergen en fórmulas, experimentos y teorías para desentrañar los misterios del universo, el artista recurre a formas, colores y símbolos para expresar lo intangible y lo humano. Mi obra, al ser expuesta en este espacio, se inscribe en esa conversación silenciosa entre disciplinas, recordando que la creatividad no es patrimonio exclusivo de un campo, sino una fuerza transversal que impulsa tanto la investigación científica como la expresión estética. La importancia de esta exposición radica también en el público que la recibe. Los estudiantes, docentes e investigadores que transitan diariamente por los pasillos acostumbradas a pensar en términos científicos y técnicos. Al encontrarse con una obra artística, se les ofrece otra perspectiva, capaz de inspirar, emocionar y despertar preguntas que trascienden lo estrictamente académico.
—Este cruce de arte, ciencia y tecnología, ¿es una preocupación conceptual o temática en tus obras?
—Sí, es una preocupación conceptual muy presente en mi obra. Me interesa especialmente descubrir y hacer visible la profunda similitud que encuentro entre el cuerpo humano y la naturaleza. Cuando observo una neurona, una red neuronal, una ramificación celular o una estructura del organismo, encuentro formas que también aparecen en un árbol, en las raíces, en los ríos o en otras estructuras naturales. Esa correspondencia me lleva a pensar que no somos algo separado de la naturaleza, sino parte de un mismo sistema de vida. En mi pintura busco justamente poner en diálogo esas dos dimensiones: lo microscópico y lo macroscópico, lo corporal y lo natural, lo científico y lo sensible. La ciencia me aporta conocimiento y nuevas formas de mirar, pero es a través del arte que transformo esas observaciones en imágenes, metáforas y preguntas. Me interesa que el espectador pueda reconocer en una estructura del cuerpo algo de la naturaleza y, al mismo tiempo, descubrir que la naturaleza también puede ser leída como un organismo vivo.
El punto como centro de la producción visual
—¿Cómo caracterizarías tu propio arte?
—Caracterizaría mi obra como una pintura contemporánea en la que se construye a partir de un lenguaje muy personal, donde el punto, la luz, la textura y la materia tienen un papel central. Mi relación con el punto surge de distintas experiencias de mi trayectoria, en Mendoza. Di clases a personas ciegas y conocí el lenguaje Braille, me atrapó la posibilidad de construir una imagen a partir de una sucesión de puntos. Mi trabajo en cajas lumínicas para la Fiesta de la Vendimia me llevó a encontrar nuevamente el punto, esta vez como fuente de luz. También la observación de los cielos mendocinos ha sido una fuente permanente de inspiración. A partir de estas experiencias fui desarrollando una manera propia de trabajar, que se amplía también hacia la investigación de diferentes materialidades. Exploro materiales y técnicas para construir obras y piezas textiles de carácter orgánico, buscando que la materia tenga presencia y participe activamente en la construcción de la imagen. Mi obra se mueve entre la pintura, la experimentación material y lo textil, manteniendo siempre una búsqueda abierta y en transformación, no busco una representación literal. Me interesa que esas formas adquieran nuevos sentidos dentro de la propia obra.
—¿Notás que tu obra se encolumna en alguna tendencia?
—En cuanto a las tendencias, siento afinidad con aquellas búsquedas del arte contemporáneo que privilegian la experimentación, la investigación y la transformación de lenguajes.