24 de mayo de 2026 - 00:00

Entrevista Central con Suzette Kaiser Lenoir: "Hablar con personas es lo único que vale la pena"

Con 83 años, Suzette Kaiser Lenoir, figura clave de la cultura mendocina, reflexiona sobre el arte, la moda y la importancia de vincular personas.

Durante décadas, Suzette Kaiser Lenoir fue una presencia inevitable en la vida cultural mendocina. Su nombre aparecía una y otra vez en galerías, conciertos, mesas de artistas y reuniones donde siempre terminaba pasando algo interesante. Mucho antes de las redes sociales, Suzette ya hacía eso que hoy llaman “generar vínculos”: conectar personas, recomendar talentos y abrir puertas casi sin proponérselo.

Francesa de nacimiento y mendocina por elección, llegó al mundo del arte junto a su marido, Alberto “Cloy” Patiño Correa, uno de los impulsores del arte contemporáneo en una Mendoza todavía aferrada al paisaje clásico y la pintura tradicional. Desde entonces, su vida quedó atravesada por galerías, libros, música, teatro y largas conversaciones que, con el tiempo, la convirtieron en una figura muy querida dentro del ambiente cultural local.

Suzette Kaiser Lenoir
Suzette Kaiser Lenoir

Suzette Kaiser Lenoir

Entrar en la intimidad de su casa es como estar en el ala principal de algún museo: las obras de artistas importantísimos de la cultura mendocina, nacional e internacional tachonan las paredes hasta el techo. “Hace un tiempo se me ocurrió pintar y cambiar obras. Fue un trabajo enorme y tuve que contratar a alguien que me hiciera la curaduría”, mencionó al pasar, mientras servía un café con masitas para compartir durante la entrevista de Los Andes.

Aunque muchos la recuerdan por su histórica boutique de ropa importada, Suzette siempre entendió la estética desde un lugar mucho más amplio que la moda. Durante años viajó sola a París y Nueva York para recorrer museos, exposiciones, conciertos y casas de diseño, en una época donde viajar todavía conservaba algo de aventura y descubrimiento.

A los 83 años, conserva intacta una curiosidad difícil de encontrar. Sigue leyendo compulsivamente, viajando siempre que puede con una mochila y poco equipaje, y hablando con el mismo entusiasmo de una ópera en Nueva York que de un artista mendocino emergente. Tal vez ahí esté el secreto de su magnetismo: en esa rara capacidad de interesarse genuinamente por los demás. Con esa misma intensidad, una mirada aguda acerca de la actualidad y un sentido del humor finísimamente irónico, habló con Los Andes de su vida, de lo que se perdió en la cultura y de lo que sigue siendo importante en la vida.

Suzette_Kaiser_11.jpg
La casa de Suzette es una galería de arte.

La casa de Suzette es una galería de arte.

—Sos una persona muy reconocida dentro del ámbito de la cultura y la moda mendocina y eso es interesante porque, en realidad, no sos artista, ni diseñadora ¿Qué sentís que cambió en Mendoza, en la sociedad y en la cultura desde que empezaste a moverte en esos ámbitos hasta hoy?

—Yo me casé con un hombre que en ese momento estaba revolucionando el mundo del arte en Mendoza, que fue Clotilde Patiño Correa. Él era abogado, pero estaba loco por el arte y decidió crear galerías. Entonces decidió no exponer pintura tradicional o convencional. Hasta los años 60, Mendoza tenía artistas que pintaban paisaje: montaña, viñas, sauces, escenas de campo, todo muy ligado a la escuela impresionista francesa. Son grandes nombres que quedaron en Mendoza.

Pero mi marido decidió darle un corte a eso y empezar con artistas de quiebre, pintura abstracta y toda la revolución de los años 60 en el arte argentino. Y realmente era difícil. Sigue siendo difícil. El mercado del arte es extremadamente complicado en Argentina y en Mendoza, porque no existía la cultura de tener una obra en la casa. Tal vez ahora sí un poco más, pero antes te regalaban una acuarela de florcitas para tu casamiento y listo. La gente que tenía dinero en esa época era descendiente de españoles o italianos que habían venido “a hacer la América”. ¿Cuál era la lógica? Comprar tierra, plantar, cultivar, tener una bodega. Todo productivo. El arte no entraba dentro de esa cultura. Entonces fue un esfuerzo tremendo lograr vender, traer artistas importantes y generar mercado.

—Claro. La gente iba a las galerías, miraba, y se volvía a su casa.

—Exactamente. Había público para ver muestras, pero no compradores. No existía esa cultura. Ahora sí veo jóvenes comprando obras de artistas emergentes y eso me alegra mucho. Pero sigue siendo muy difícil. Y no hablo solamente de pintura: también música, literatura, teatro, ballet. Todo cuesta muchísimo y muchas veces necesita apoyo estatal.

Suzette Kaiser Lenoir
Suzette Kaiser Lenoir

Suzette Kaiser Lenoir

—Vos viajaste varias veces a París o Nueva York. ¿Por qué creés que en Mendoza el arte sigue siendo tan difícil? ¿Es económico o cultural?

—Es cultural. Un poco económico también, pero principalmente cultural.

—Tenés fama de conectar gente. De ser un nexo entre artistas, músicos, intelectuales.

—Sí, me encanta. Y pensar que yo era recontra tímida… Hasta que un día decidí ir de frente. Fui a un concierto, quise conocer al director de orquesta porque me había encantado cómo dirigió. Fui y le dije: “Hola, me llamo Suzette, me encantó lo que hizo. Véngase a tomar un café a mi casa”. Y así empezó. Uno traía a otro y terminé siendo una especie de centro de redes de gente vinculada al arte.

Me interesa mucho escuchar a las personas. Saber qué piensan, con qué luchan, qué los hace felices. Soy muy preguntona y además nunca le pedí nada a nadie. Tengo 83 años y pienso: no debo tener enemigos. Nunca trabajé para el Estado, todo lo hice ad honorem y jamás le pedí favores a nadie. Si un radical quería apoyar un teatro, lo ayudaba. Si un peronista quería hacer un concurso de poesía, también. Nunca hubo una cuestión política de por medio.

Suzette Kaiser Lenoir
La casa de Suzette es una galería de arte.

La casa de Suzette es una galería de arte.

—Dijiste que eras tímida. ¿Sentís que rompiste ese cascarón?

—Sí, lo rompí. Porque cuando me acerco a alguien es porque me interesa genuinamente. Voy de frente.

—¿Recordás alguna situación donde hayas conectado personas y de ahí haya salido algo importante?

—Muchas veces. Me acuerdo de una comida acá en casa. Venía un director de orquesta que conocía mucho y justo estaba otro director invitado. Entonces pensé: “¿A quién más invito?”. Sumé a un pianista joven, a gente del arte. Hicimos una comida sencilla, zapallitos rellenos, una carne al horno, y se armó algo increíble. Ese chico joven terminó tuteándose con directores importantísimos. Después me dijo: “Están todos los tanques acá”. Eso me encanta. Que los importantes conozcan a los emergentes en un clima distendido.

Suzette Kaiser Lenoir
La casa de Suzette es una galería de arte.

La casa de Suzette es una galería de arte.

—¿Cómo era moverse como mujer en ambientes empresariales y culturales hace 30 o 40 años?

—No me costó tanto, pero porque yo era pésima para los negocios. Mi función era más social. Mi marido me mandaba a Buenos Aires a ver galerías importantes y yo terminaba conociendo artistas, invitándolos a casa. Pero como empresaria, un desastre.

—¿Entonces por qué te dedicaste a la moda?

—El negocio de ropa apareció porque necesitaba independencia económica. Y fue una casualidad absoluta, porque yo de moda no sabía nada. No sé coser un botón. Lo que sí tenía era un ojo formado por tantos años rodeada de arte. Yo veía a una persona y sabía qué le iba a quedar bien. Entraba una mujer diciendo “quiero un vestido amarillo” y yo le terminaba trayendo uno violeta porque intuía qué era lo que funcionaba para ella. Compraba siempre en París, directamente a diseñadores. Fui de las primeras importadoras registradas de ropa y siempre trabajé totalmente en blanco.

Suzette Kaiser Lenoir
La casa de Suzette es una galería de arte.

La casa de Suzette es una galería de arte.

—¿Ese buen ojo para la moda venía del arte?

—Sí, seguramente. Yo nunca estudié arte, pero aprendí a mirar. Cuando veo un cuadro que me gusta, por ejemplo, trato de olvidarme de lo que representa y observo si está equilibrado, si pesa hacia algún lado. Y todo lo que compré fue porque me gustaba. Nunca pensé en inversión. Jamás vendí nada.

—Hace un rato, fuera de esta entrevista, hablabas de contemplar más las obras que tenés en tu casa.

—Sí. Estuve enferma hace poco y tuve mucho tiempo para quedarme quieta mirando cuadros en mi casa. Y me di cuenta de lo injustos que somos los consumidores de cultura. Uno lee una novela en dos días y el autor pasó seis años escribiéndola. Miramos un cuadro dos segundos y seguimos. Pensaba eso también viendo series. Todo el trabajo que hay detrás y uno lo consume rapidísimo.

Suzette Kaiser Lenoir
Suzette Kaiser Lenoir

Suzette Kaiser Lenoir

—¿Hay artistas mendocinos que no tuvieron el reconocimiento que merecían?

—Muchísimos. El reconocimiento es muy efímero. Hay artistas que eran importantísimos en los años 60 y hoy nadie sabe quiénes son. Y fueron gente que rompió estructuras, hizo escuela, marcó épocas. Por ejemplo, Bruno Venier. O Sergio Sergi, que fue un maestro maravilloso. Yo no sé cuánta gente joven hoy sabe quién fue. Europa tiene museos y memoria cultural más consolidada. Nosotros somos un país joven y cuesta sostener esa memoria. Por suerte el Museo Fader está recuperando mucho de eso.

—Después de la pandemia quedó una enorme desconexión con el hábito de leer o de detenerse a mirar. Todo pasa por las pantallas.

—Los chicos ya no hablan. No se comunican. Tengo nietos en París y nietos en Mendoza. Los de París tuvieron una educación muchísimo más ligada al arte y la cultura. Acá un nieto mío tuvo que hacer un trabajo sobre un pintor mendocino y me preguntó si yo conocía a Sarelli. Tengo un cuadro suyo desde que era estudiante. Pero no preguntan. No se detienen. Creo que es generacional.

—¿Qué recuerdos tenés de la Mendoza bohemia de los años 60 y 70?

—Era una época muy intensa. Alrededor de las galerías de mi marido se armaba muchísimo movimiento. Había pintores, poetas, actores, dramaturgos. Todo el mundo era pobre, pero había pasión y discusión. Había polémica, búsqueda, ganas de cambiar cosas. Hoy siento que los grupos están más aislados. No sé si existe esa conexión entre teatro, pintura, música, literatura. Debería existir más. Yo lo único que hago ahora es seguir juntando gente en mi casa. Servir una milanesa y escuchar qué está haciendo cada uno.

Suzette Kaiser Lenoir
La casa de Suzette es una galería de arte.

La casa de Suzette es una galería de arte.

—Vos estudiaste Literatura siendo ya una mujer adulta. ¿Cómo fue eso?

—Mi padre vino a Argentina en el 38 de Francia e inmediatamente fue contratado. Él se recibió en La Sorbona de doctorado en literatura y se quedó sin trabajo porque era de familia judía. A los 4 meses de estar acá se funda la Universidad Nacional de Cuyo y lo contratan. Mi padre es profesor fundador y tenía la mayor cantidad de cátedras en San Luis entonces vivíamos allá. Cuando yo cumplo 13 años, soy la mayor de de tres hermanas, se le ocurrió que tenía que irme a vivir a un lugar más grande con mayor posibilidad cultural. Y me mandan a Mendoza. Viví primero con una compañerita de curso, después en pensiones, hoteles. Después entré al Colegio Universitario Cetral, que quedaba en la calle de Rivadavia y 9 de julio. Hacía miles de cosas para no aburrirme: colegio, alemán, francés, ballet de la universidad, después ballet contemporáneo y los conciertos los viernes. Me tuve que acostumbrar a vivir sola desde los 13 años, no fue una época feliz porque no encajaba, no tenía familia, era un sapo de otro pozo. Terminé la secundaria, empecé literatura pero una revolución me cerró la universidad en el año 66, creo. Ahí conocí a Patiño Correa y me casé. Yo tenía 21 años y él 33.

Me dediqué a ser ama de casa, aunque no tenía la menor idea, no sabía ni hervir un huevo porque nunca tuve educación doméstica. Me encantó ser ama de casa, tuve mis hijos, aprendí a hacer salsa, dulces, después vino lo de la galería de arte. Pero cuando cumplí 40 quería estudiar otra vez, fui a la facultad, hubo una amnistía para estudiantes que hubieran tenido problemas políticos, una maravilla con la democracia de Alfónsín, fue una fiesta. Y a los 40 años empezó un renacimiento. Yo ahí cambié. Fue la época más feliz de mi vida.

Suzette Kaiser Lenoir
Suzette Kaiser Lenoir

Suzette Kaiser Lenoir

- ¿Ejerciste la docencia?

-Sí, me dediqué con pasión y di varios años clase por todos lados: en la Enet de San José, la De Paolis, la Silvestre, el Colegio Nacional, era todo un desafío, pero estaba tan entusiasmada... Fui muy feliz hasta que ya no me dieron licencia para viajar, y yo quería viajar.

—¿Ahí apareció la etapa de la moda?

—Sí. La ropa terminó siendo una excusa perfecta para viajar. Me iba todo el tiempo a París o Nueva York a ver exposiciones, conciertos, óperas. Me veía temporadas enteras en el Metropolitan. Y después me colaba en los camarines de los artistas. Tenía una habilidad increíble para meterme en todos lados. Los acomodadores ya me conocían (se rie). He conocido artistas enormes así, de puro atrevimiento.

Suzette Kaiser Lenoir
La casa de Suzette es una galería de arte.

La casa de Suzette es una galería de arte.

—Hablando de moda ¿qué lugar ocupa hoy la elegancia en la sociedad?

—Para mí ya no existe más. Hoy todo pasa por la comodidad. Las mujeres andan de jogging, calzas y zapatillas. Los hombres ya ni usan traje. La ropa además está hecha para durar poco. Se usa dos veces y se tira. Ya no existe esa idea del buen vestir. Y tampoco interesa demasiado. Es otra época.

—Después de tantos años, viajes y experiencias, ¿qué sentís que sigue valiendo realmente la pena conservar?

—La comunicación interpersonal. Hablar con la gente, con cualquiera, con un presidente o con el chico que junta hojas en la calle. Todo el mundo tiene algo interesante para contar. Si te abrís un poquito, siempre encontrás puntos en común: miedos, alegrías, frustraciones, sueños. Eso vale la pena. Preguntarle al otro quién es, qué le gusta, qué no pudo hacer. Porque si no preguntás, te perdés una riqueza enorme. Los chicos ya no hablan. El teléfono les consumió la vida. Nos la consumió a todos.

Suzette Kaiser Lenoir
La casa de Suzette es una galería de arte.

La casa de Suzette es una galería de arte.

Ping Pong de preguntas y respuestas

-¿Una obra de arte que nunca te cansás de mirar?

-Alguna de Peter Brueghel, donde hay tanto que mirar.

-¿Un artista con el que te hubiera gustado cenar?

-Con un artista que hubiera vivido mucho y hubiera sobrevivido a eso.

-¿Qué te parece más elegante: una persona culta o una persona amable?

- “Elegante” es un adjetivo obsoleto. Elegante es un papel higiénico, y un cantante tatuado y novio de Wanda Nara. La amabilidad es una cualidad que aprecio cada vez mas. Para la vida es mejor ser amable que culto. El culto siempre tiene problemas existenciales. El amable siempre recibirá una sonrisa.

-¿Qué es lo primero que mirás cuando conocés a alguien?

-La actitud.

-¿Qué disfrutás más: una gran conversación o una gran obra de arte?

-Una buena conversación, que es única e irrepetible. La obra de arte puedes disfrutarla cuantas veces quieras, la conversación es aqui y ahora, irrepetible

-¿Qué cosa simple todavía te hace feliz?

-Una buena cama calentita y abrazadora

-¿Un libro que todo el mundo debería leer?

-una historia entretenida. Y después, leer otro libro.

-¿Qué te sigue dando curiosidad a los 83 años?

-Las personas, de a una, el individuo

Suzette Kaiser Lenoir
Suzette Kaiser Lenoir

Suzette Kaiser Lenoir

La boutique donde desfilaban mujeres reales

Mucho antes de que se hablara de diversidad corporal, Suzette Kaiser Lenoir ya hacía desfiles en Mendoza con mujeres comunes: amigas, clientas, señoras de distintas edades y cuerpos. Nunca trabajó con modelos profesionales. Su histórica boutique de calle Coronel Rodríguez, abierta durante 24 años, fue mucho más que un local de ropa importada desde París y Nueva York. Allí mezcló moda, arte y vida social en una Mendoza todavía ajena a ese tipo de propuestas. Organizaba desfiles en bodegas, perfumerías y espacios culturales, escribía sus propias gacetillas y convertía cada evento en una experiencia estética. La moda, para ella, nunca fue frivolidad.

LAS MAS LEIDAS