La polémica por el traslado del sable corvo de San Martín desde el Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo en Palermo (Ciudad de Buenos Aires) sigue dando pie a discusiones. Este traslado se hizo efectivo el sábado gracias a un decreto del presidente Javier Milei y todavía es motivo de disputa por tratarse, en este caso, del que está considerado como uno de los bienes patrimoniales más importantes de nuestra historia.
Para charlar del tema, en Aconcagua Radio dialogaron con el historiador mendocino Marcelo Calabria, experto en temas sanmartinianos, quien dijo que él mismo había recomendado que la reliquia quedara en el Museo Histórico Nacional porque ese es el lugar al que fue legado.
—¿Qué tan importante es el sable corvo para la historia?
—El sable corvo de San Martín es quizás uno de los bienes patrimoniales más importantes de la Argentina. Tiene mucho simbolismo y lamentablemente estuvo en estas semanas en medio de una polémica porque fue trasladado, por decisión presidencial (por decreto) del Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo. El lugar natural es el museo, pero, bueno, lamentablemente a veces estas decisiones están cargadas de tinte político, de algún manejo rimbombante, como pasó, y el sable ha vuelto a Granaderos. Digo que ha vuelto porque estuvo durante muchos años ahí, pero el lugar natural, sin dudas, y legal, al cual incluso cuando volvió el sable al país fue destinado, es el Museo Histórico Nacional, donde estaba bien ubicado a nuestro juicio.
—Una pregunta que muchos se pueden hacer es “¿de quién es ese sable?”. Ese sable es del Estado argentino, ¿no?
—Exactamente, porque los herederos de Juan Manuel de Rosas, que es a quien legó San Martín el sable por testamento, lo donaron al Estado argentino, ante un pedido del creador del Museo Histórico Nacional (Adolfo Carranza), en 1896. Un nieto de Rosas fue el encargado de traerlo al país en 1897 y entregado al presidente del país por entonces, José Félix Uriburu. Él destinó el sable al museo. Pero el sable pertenece al pueblo argentino.
—Si pensamos en el recorrido, estuvo en el Museo Histórico Nacional, luego (en la época de la dictadura) fue al Regimiento de Granaderos a Caballo y después vuelve al Museo Histórico, para otra vez volver al Regimiento.
—Ha tenido un largo derrotero. En los años 60 fue sustraído por la Juventud Peronista, en un acto simbólico, en dos oportunidades (1963 y 1965), y por eso en 1967, durante el gobierno de Onganía, se decide ponerlo en custodia en el Regimiento de Granaderos a Caballo para evitar que fuera sustraído. Ahí estuvo hasta 2015, donde también por un decreto presidencial, fue destinado al Museo Histórico Nacional, donde permaneció hasta ahora en lo que se llamaba Salón del Sable, acompañado por otros sables importantes de nuestra historia. Y ahora pasó de nuevo a Granaderos.
—Entre los argumentos de quienes querían que se quedara en el Museo está la mayor accesibilidad, que se lo podía visitar más. Del otro lado, arguyen que este cambio es para darle más seguridad…
—Yo creo que todos los argumentos son atendibles. Yo, particularmente, como muchos otros académicos sanmartinianos, opinábamos que debía quedarse en el Museo Histórico Nacional, porque es al lugar al que fue legado. Eso hay que tenerlo presente. También porque es cierto que ese museo es accesible y reúne la mayor cantidad de bienes de San Martín. Además, hay obras pictóricas importantes, es un lugar importante. Pero es cierto también que en el Regimiento de Granaderos está custodiado permanentemente y que ese cuartel histórico tiene un museo sanmartiniano también. Pero, bueno, esto de cambiar de lugar, ha pasado con otras cosas también. Los bienes simbólicos a veces, en todas partes del mundo, quedan sujetos a vaivenes políticos, porque tienen una carga para el pueblo.
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