4 de abril de 2026 - 00:00

Caminito que el tiempo ha borrado: reseña del último poemario de María Banura Badui de Zogbi

Titulado con un verso del famoso tango, el libro de esta autora que fue gran animadora del ambiente literario en los 70 y 80, le permite repasar tiempos de su vida de niñez.

Caminito que el tiempo ha borrado es el último poemario publicado por María Banura Badui de Zogbi (1941), poeta y profesora universitaria, especializada en literatura española del Siglo de Oro y también en literatura argentina, de destacada trayectoria en los diversos ámbitos en los que desarrolló su actividad.

En los años 60, mientras cursaba sus estudios universitarios, fue de los fundadores y animadores del grupo literario ICTHIOS, agrupación reconocida principalmente durante las décadas de 1970 y 1980 por su labor de promoción de la poesía y la literatura local. El grupo organizaba concursos literarios y otorgaba premios, y fueron destacados los certámenes de Poemas Ilustrados y el Premio Nacional Vendimia. El grupo tuvo gran relevancia cultural en su momento, ya que fue un espacio de reunión y difusión para artistas y poetas mendocinos.

En ese marco, María Banura desarrolló una labor creativa que comprende los siguientes títulos: Cántico (1968, poesía); Mendoza, invitación al asombro (1996); La paz y la simiente (1996) y Caminito que el tiempo ha borrado (2021). Trabajos suyos figuran además en Antología Poética I de Oscar Abel Ligaluppi (La Plata, 1981); en Prosa y verso 1983, SADE Mendoza. Ha publicado además artículos, notas y reseñas en distintas publicaciones académicas. Es autora de libretos vendimiales. En 1993 obtuvo el Primer Premio en poesía del Concurso Vendimia de la Región Cuyana, y el Primer Premio en el Concurso del FNA, el mismo año.

El escenario es la niñez

En su último libro, la poeta retorna al escenario entrañable de su niñez y emprende la escritura como un modo de dejar testimonio, como lo manifiesta en la introducción: "Después de ver nacer a mis diez nietos, y de comenzar a comprender la distancia abismal que separaría su modo de estar en el mundo de los días en que transcurrió mi infancia, me dispuse a escribir (…)" (2021, p. 3). A continuación, apunta: "Nací en Palmira, por esos años un pueblo atravesado por las vías del tren, y destacado provincialmente por su importan ferroviaria" (2021, p. 3). Por ello, dice: "Mi pueblo fue de trenes / Las vías presidieron las vidas de las gentes" (2021, p. 9). Esta postal de una Mendoza ya prácticamente desaparecida, de "álamos, plátanos, paraísos / [que] bordeaban las acequias rumorosas" (2021, p. 11) permite instalar en todo el volumen el tradicional motivo del fugit irreparabile tempus, el viaje sin retorno en que todos —los hombres y las cosas— estamos irremediablemente embarcados.

Van desfilando así por el poemario múltiples presencias queridas y añoradas: en primer lugar, el hogar familiar, al que "cercaban los jazmines" (2021, p. 15), con su "patio de las macetas" (2021, p. 19) y su parral cuya sombra "era un encaje fino / ribeteado de soles / en la hora de la siesta" (2021, p. 21); los diversos tiempos que iban punteando una existencia sencilla y feliz: la siesta, los domingos de misa, las noches serenas y los juegos en las calles, momentos todos vividos junto con los hermanos, "tres abrazos sumados" (2021, p. 17); la familia "grande", integrada por tíos y primos; los vecinos, "gente sincera, trabajadora, honesta. / Humildes habitantes de la calma de un pueblo / que gozó todavía del sol de las veredas" (2021, p. 49). Y, por supuesto, la madre que "se recorta en perfiles / en todos los relatos / que evocan nuestra infancia" (2021, p. 16).

El tono sencillo de estos poemas refuerza su sugerencia de ingenuidad infantil, acorde a los temas tratados, gracias a los dibujos que ilustran los poemas, obra de los pequeños nietos de la autora.

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