8 de junio de 2013 - 21:21

Creen que el falso monje mató al menos a 8 mujeres

A las dos víctimas comprobadas, se sumarían otras 6, de quienes se hallaron pistas en PCs y fotos del monasterio del asesino serial. Las descuartizaba y conservaba “fetiches”.

El asesino en serie y descuartizador, Juan Carlos Aguilar, podría haber dado muerte a 6 mujeres antes de asesinar a otras 2, y descuartizar a una de ellas, la semana pasada en Bilbao.

Estiman, además, que Aguilar habría descuartizado sus cadáveres. Así lo informa con gran despliegue en su primera página de ayer el diario El Mundo, dando como fuente a la policía autónoma vasca.

Los investigadores encontraron en el gimnasio propiedad del falso “primer maestro occidental de shaolin” (kung fu), los restos genéticos, la cabeza y bolsas con huesos de la colombiana Jenny Sofía Rebollo de 47.

En el mismo lugar, Aguilar había torturado con gran ferocidad a la nigeriana Maureen Ada Otuya, 29 años, que fue hallada muy mal herida cuando la policía vasca allanó el denominado Monasterio Budista Océano de la Tranquilidad y también Zen4, que estaba decorado como un templo oriental.

Tenía una sucursal también en la capital vizcaína. Después, Otuya falleció en el Hospital de Basurto por los gravísimas lesiones que recibió del criminal.

Los investigadores incautaron unas 500 fotografías, videos y notas guardados en distintos soportes informáticos. Sospechaban, y tenían razón, que Aguilar podía haber asesinado o agredido con gran violencia a otras víctimas.

En algunas de las fotos aparecen otras mujeres “en circunstancias similares a las que retrató a Jenny Rebollo. En una cámara tenía 74 imágenes en 2 de las cuales aparece la víctima colombiana primero viva y después muerta.

Se está tratando de identificar a media docena más de mujeres que podrían haber sido torturadas y asesinadas por Aguilar. En especial se trabaja sobre una joven que aparece tumbada en una cama en 25 imágenes fechadas en enero de 2010. En algunas de ellas parece estar inconsciente o muerta.

En otra foto aparece una mujer con los ojos vendados y el cadáver de Rebollo al fondo. Esta persona ya declaró ante la policía y el juez.

El descuartizador elegía sus víctimas entre mujeres extranjeras lo que hace más difícil su identificación. Podría pasar, explican fuentes de la investigación, que no tengan la documentación en regla y que si desaparecen nadie las reclame.

A Jenny Rebollo, señala El Mundo, se la puede identificar porque había sido fichada en 2003 por la policía. Aguilar trató de hacer desaparecer de su cadáver señas claves como marcas de nacimiento, tatuaje y huellas dactilares.

El Jefe de Policía de Euskai, Gervasio Gavirondo, sospechaba que podría haber más de 2 víctimas.

“Se lo veía con ciertas habilidades para alguien que usa la violencia por primera vez. Nosotros trabajamos desgraciadamente con la hipótesis que puede haber otras víctimas”.

Señala El Mundo que el jefe de Policía mencionó a los “fetiches” de Jenny Rebollo que se han encontrado en poder del asesino. Por lo que se piensa que quizás guardaría también ese tipo de trofeos de otras víctimas.

También se sospecha que se deshizo de esos cadáveres de la misma manera que con el de la colombiana Jenny Rebollo, a la que descuartizó.

En el interrogatorio, tanto policial como judicial, Aguilar dijo que había sufrido “un ataque de ira” y sugirió que su reacción tuvo que ver con un tumor cerebral que padece hace dos años.

La policía investigó este tema y no encontró ni el lugar ni los profesionales que tendrían que estar tratando al asesino en serie.

“Es otra mentira de este mitómano homicida. Repetía lo del tumor cerebral ante sus alumnos en el gimnasio y sus conocidos para justificar la creciente violencia de su conducta”, confió un investigador.

De todas maneras el juez no le creyó en ningún momento y le decretó prisión preventiva y no el traslado a un hospital psiquiátrico. El fiscal superior del País vasco tampoco cayó en el discurso del asesino, lo declaró imputable y pidió un conjunto de 50 años de prisión por sus dos crímenes en Bilbao.

Antes de estas noticias difundidas ayer, la policía comenzó a indagar sobre la muerte en 1997, hasta ahora presuntamente accidental, del hermano mayor de Juan Carlos Aguilar.

Esta persona lo interesó en las artes marciales y ejerció una gran influencia sobre el agresor hasta que lo aplastó un montacargas en el gimnasio propiedad del asesino en serie, decorado como un templo oriental denominado Monasterio Budista Océano de la Tranquilidad y también Zen4.

“Allí se produjeron las agresiones contra las dos víctimas, nigeriana y colombiana. En el mismo lugar se registran hechos trágicos vinculados a Aguilar Gómez. Es imprescindible investigar a fondo”, dijo uno de los investigadores.

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